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Flavigny, el pueblo donde se rodó Chocolat

Anís de Flavigny, el pueblo donde se rodó Chocolat
Paloma Gil
julio 2019

Chocolat es una película que habla sobre el valor de afrontar los cambios. El chocolate sirve de excusa para conocer Flavigny, el pueblo donde se rodó.

Francia no es por casualidad el país líder del turismo mundial. Saben hacerlo bien y están preparados. Por eso, David Gropman, el encargado del diseño de producción de Chocolat, después de viajar por toda Europa, encontró en la región de Borgoña su pequeño Lansquenet. Se trata de Flavigny, un pueblecito medieval del siglo X muy cercano a Dijon. El escenario perfecto para esta fábula cómica que dice mucho de la sociedad reprimida de principios y mediados del siglo XX.

Chocolat, la película y los personajes

La película narra la historia de una mujer soltera, Vianne Rocher (Juliete Binoche) que llega a Lansquenet con su hija pequeña. Heredera de los grandes secretos que rodean al chocolate abre una bombonería. Pero no es bien acogida en un pequeño pueblecito de interior, anclado en los años 50, cuyos habitantes, moralistas y reprimidos, viven de las apariencias y rechazan todo aquello que, por nuevo o desconocido, se introduce en sus vidas. Poco a poco, cada uno de los vecinos de Lansquenet se irán acercando a la tienda y sus vidas cambiarán radicalmente con sólo probar uno de los grandes placeres de la vida: el mágico chocolate.

Jhonny Deep y Juliette Binoche en Chocolat
Jhonny Deep y Juliette Binoche en Chocolat

Entremezclada con la trama principal, aparece una pequeña historia de amor entre Vianne y Roux (Johnny Deep), una mezcla entre pirata de río y hippy gitano, sin definir muy bien, pero igualmente rechazado y odiado por la gente del pueblo. Y el relato continua entremezclando tipos y caracteres cuya pintura resulta exquisita, hasta el momento en que el viento del norte, al más puro estilo Mary Poopins, anuncia a Vianne el momento de partir en busca de nuevas oportunidades. Pero también Vianne sufrirá un profundo proceso de cambio a lo largo de la historia y tendrá que doblegarse y aprender que la vida es eso: un cambio constante.

Dirigida por Lasse Hallström, la película cuenta con un elenco de actores que la convierte en sí misma en un delicioso bombón: Juliette Binoche, Judi Dench, Alfred Molina, Lena Olin, Johnny Depp, Carrie-Anne Moss, Peter Stormare y Victoire Thivisol.

Lansquenet está en Francia

Lansquenet (el pueblo en la ficción) encontró su lugar en un pequeño municipio medieval de Francia: Flavigny-sur-Ozerain. Aunque para la película también se rodaron algunas escenas en el castillo de Beynac, que se encuentra en la comuna francesa de Beynac et Cazenac, en Borgoña, en el Perigord negro de Francia.

Flavigny-sur-Ozerain, donde se rodó Chocolat
Flavigny-sur-Ozerain, donde se rodó Chocolat

El castillo es una construcción medieval, austera, sujeta como por alfileres sobre la cumbre de un acantilado, a 150 metros de altura. A la orilla derecha del río Dordoña parece dominar la comarca entera… Desde el siglo XII, numerosos condes han pasado como señores por este castillo, entre ellos el famoso Ricardo Corazón de León, conde de Beynac. Además, en esta fortificación se han rodado otras muchas películas, como Juana de Arco (Luc Besson), Los Visitantes y Pasillos del tiempo (Jean Marie Piré) o La hija de d´Artagnan (Bertrand Tavernier).

Pero el verdadero corazón donde se rodó Chocolat, simulando Lansquenet, fue Flavigny. Un hallazgo del diseñador de producción, David Gropman, mientras buscaba un lugar real, que pareciese sacado de un cuento. Un lugar mágico, con toda esa carga histórica que tiene Flavigny. Y ahora es cuando vienen las coincidencias entre realidad y ficción. Porque en Flavingy se fabrican unos dulces de anís famosísimos en Francia… como los bombones de Vianne. Además, este pueblecito francés donde se rodó la película se presenta como un lugar intemporal en el que la historia encaja a la perfección, es decir, la armonía del entorno, la relación entre edificios, todos ellos del mismo estilo y material, no como esos pueblos en lo que cada uno construye a su antojo deteriorando la apariencia de un municipio para convertirlo en una incipiente pequeña ciudad, vacía de todo significado y aislada de todo sentido artístico, es decir: fea.

Vista aérea de Flavigny, el pueblo donde se rodó Chcolat
Vista aérea de Flavigny, el pueblo donde se rodó Chcolat

Un ejemplo de esa intemporalidad es el hecho de que por Flavingy no se ven carteles publicitarios pegados en las paredes, no hay edificios de gran altura que desentonen ni grandes supermercados junto a la carretera, sino ganado pastando, gente que pasea, pájaros y la naturaleza.

Además de Flavigny, Chocolat tuvo otros escenarios de rodaje, como West Country, los condados del oeste de Inglaterra de Cornwall, Devon y Somerset. Se usaron algunas localizaciones de Bruton, por ejemplo para el jardín de Armande, o del señorío de Brympton D’Eversy, para la casa de Reynaud, el conde; y Fonthill Biship para las escenas fluviales.

Las escenas de interior se rodaron prácticamente todas en los estudios Shepperton de Twickenham, en Inglaterra. Allí, David Gropman, reconstruyó con todo lujo de detalles cada pliegue y cada hendidura de cada fachada de Flavigny, hasta tal punto, que los propios actores aseguraron que era como estar realmente en Francia.

Guindilla en el chocolate caliente

Los escenarios principales donde se rodó Chocolat son a la vez alegorías de la propia historia. Por ejemplo, la bombonería está llena de elementos que narran, de por sí, la historia de Vianne. La bombonería es como un viaje o, mejor dicho, como un resumen de los viajes que ella y su hija han realizado durante sus vidas y una metáfora del viaje interior que emprenderán los vecinos de Lansquenet.

Juliette Binoche y Jhonny Deep en el rodaje de Chocolat
Juliette Binoche y Jhonny Deep en el rodaje de Chocolat

El ayuntamiento, que parece parte de los museos Vaticanos, es austero, pero lleno de lujo, el rojo y el dorado predominan en un ambiente inquietante. Es el lugar que mejor representa el tiempo estancado desde hace décadas y, como contrapunto, el pájaro fugado de la jaula: la condesa, que se ha ido a Venecia y que, probablemente, jamás regrese a esa casa.

El bar, en el que vive la amiga de Vianne, Josephine, con su horrible marido, Serge. Eso parece una celda de cárcel, pero de las cárceles de las películas de miedo. Todo sucio y oscuro. Es un escenario que ahoga y que te introduce en la vida de Josephine, al lado de semejante animal. Porque el rasgo más destacado de Serge no es que sea un maltratador borracho y salvaje, sino que es el hecho de que no sepa coger ni siquiera una cuchara para comer con un mínimo de educación. Así, no es extraño que todas sus ideas sean propias de un animal.

Juliette Binoche y Jhonny Deep en una escena de Chocolat
Juliette Binoche y Jhonny Deep en una escena de Chocolat

Por eso, cuando Josephine se queda con el bar y lo arregla, también es una alegoría sobre el cambio que ha habido dentro de ella misma. Y convierte el bar en un lugar alegre, lleno de luz y, sobre todo, limpio.

Por último, el río. En Flavigny hay tres pequeños ríos que fluyen colina abajo, pero el río en sí es la eterna idea que refleja el devenir de la vida. Es decir, por un lado es el que hace fluir los sentimientos de todos y sacarlos a la luz, de tal manera que permitan que sus vidas sigan su curso y no se estanquen para siempre en el pasado, como si se tratase de uno de los muebles del ayuntamiento. El río está en movimiento como debería ocurrir con las vidas de todos.

Chocolat y la intolerancia

La película narra fundamentalmente la historia de varios personajes y su cambio radical desde la aparición de un nuevo elemento en su vida: Vianne. Estos personajes tienen que enfrentarse a lo desconocido y, por principio, lo rechazan. Algo parecido sucedió durante el rodaje, con una comunidad monacal de la ciudad. Se cuenta que los monjes estuvieron en desacuerdo con la idea de que la película priorizase la búsqueda del placer mundano y no la del divino. Pero tanto el alcalde, como el capellán de Flavigny, hicieron exactamente lo contrario que el conde de la película: convencieron a todo el pueblo de lo beneficioso que sería que Chocolat se rodase allí.

Jhonny Deep caracterizado para Chocolat
Jhonny Deep caracterizado para Chocolat

Para dar ese ambiente tan característico a Lansquenet, Gropman y Halleström se basaron en muchas de las fotografías que Doisneau y Ronas habían tomado el los años 50 sobre la vida cotidiana en la Francia de entonces. Por ejemplo a la hora de reproducir el festival del chocolate. Cuando se renovó la plaza de Flavigny para convertirla en la de Lansquenet se hizo una fiesta a la que se invitó a los vecinos del pueblo. Para la gente aquello fue toda una novedad y, según cuenta Gropman, por las mañanas solían pasear por el plató y grabar en vídeo en lo que se había convertido su pueblecito. Además, un día, en mayo, hicieron caer una gran nevada, para rodar algunas escenas, lo que provocó que todos salieran a la calle a contemplar el milagro.

El libro Chocolat

La película está basada en la novela de Joanne Harris, que también se llama Chocolat. Y guarda una línea común muy parecida, sin embargo, hay algunos cambios que merece la pena resaltar. Por ejemplo, el hecho de que en la novela sea el capellán del pueblo el que lidera la lucha contra Vianne, en lugar de ser el conde Reynaud el que lo hace. De tal manera que el conflicto pase de ser entre la Iglesia y el chocolate, a ser algo mucho más universal entre los principios establecidos y el cambio, entre la tradición y la evolución.

El personaje: Vianne

La desconocida que llegó con el viento y causa tanto miedo a aquellos que están encerrados en la comodidad de lo que ya conocen, aunque esto les haga inmensamente infelices. Es un personaje que despierta en los demás la fe en sí mismos. Su magia proviene de la convicción de que la gente puede cambiar y ser feliz. Su magia, como lo definió la propia Juliette, consiste en liberar a las personas y hacer que crean en lo que son. Y luchen por ello, abandonando el rol que la sociedad les ha impuesto mucho antes de que nazcan. Deben confiar en sí mismos para poder confiar en los demás.

La libertad y la alegría de Vianne atrae a la gente, pero a la vez les asusta. Ella vende pequeños sueños y a través de sus dulces opera el cambio, haciendo que las vidas de sus clientes se transformen, siempre para mejor. Pero a la vez, ella misma también está abierta al cambio. Toda una lección de psicología al más puro estilo de la magia.

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