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El mapa de Linz a través de 10 personajes famosos

Paloma Gil
marzo 2012

Conozcamos Linz a través de los ojos de 10 personajes famosos que dibujaron la historia de la ciudad o se vieron afectados por ella de algún modo. Curioso no encontrar ni una mujer entre sus filas.

Conozcamos Linz a través de los ojos de 10 personajes famosos que dibujaron la historia de la ciudad o se vieron afectados por ella de algún modo. Curioso no encontrar ni una mujer entre sus filas.

San Florián

El primero debe ser un santo. San Florián, patrón de Linz, de Polonia, de los deshollinadores y de los bomberos. ¿Por qué? Porque según la leyenda, cuando era un niño, observó cómo se quemaba la casa de sus padres y corrió con un balde de agua y consiguió apagar el incendio en un periquete. Ahí su milagro.

Tiempo después, en tiempos de Diocleciano, vivió cerca de Linz, comandando una armada imperial en Baviera. De hecho, era el encargado de la seguridad y de la brigada de bomberos. Un tiempo en el que romanos y cristianos no comulgaban con la misma fé y los primeros perseguían a los segundos para alimentar sus fieras en el circo. Los romanos enviaron al cónsul Aquilinus para arreciar las persecuciones, pero Florián intercedió por sus correligionarios y el cónsul lo apresó, lo torturó y lo lanzó al río Enns con una piedra al cuello.

El cuerpo salió a flote y fue custodiado por un águila hasta llegar a un recodo del río, donde quedó a la espera de que Valeria, una fiel devota a quien se apareció en sueños para encomendarle que lo enterrara de forma cristiana.

Desde entonces era común escuchar a los habitantes de Linz rezarle al santo: “Oh San Florián, salva mi casa, quema alguna otra”. Su tumba, se convirtió con el tiempo en el monasterio de San Florián. De hecho la tumba barroca erigida por Carlo Carlone y Jakob Prandtauer pertenece a los más grandiosos monumentos de la arquitectura austriaca. Y que se encuentra en el pueblo del mismo nombre a 15km. de la ciudad.

Emperador Federico III

El segundo, sin lugar a dudas es el emperador Federico III un emperador que se enamoró de la ciudad de tal manera, que decidió hacer las maletas y marcharse a vivir allí. De hecho, se llevó consigo a la Corte y la capitalidad de la ciudad. Claro, el hombre había nacido en Innsbruck y nada le unía a una Viena asediada por Matías Corvino. El hombre vivió hasta los 77 años, toda una proeza para su tiempo, si además tenemos en cuenta que perdió una pierna. De hecho se cuenta, que murió empachado por comer melones… algo tendrá que ver en tanta salud la ciudad de Linz.

Sus pasos los podemos seguir a través del castillo, que mandó construir en 1477 y que actualmente aloja el Shlossmuseum, una de las mejores colecciones de arte, historia y armas de todo el país.

Johann Adam Pruner

Fue un importante distribuidor y empresario austríaco, que llegó a ser alcalde municipal, para después convertirse en el alcalde de Linz. Hermano de Johann Michael Pruner, maestro de obras de la ciudad. Obras suyas son: la pequeña iglesia Barmherzige-Brüder, la de la Misericordia, construida entre 1713 y 1716, con una fachada cóncava y una planta central muy interesantes; o la Priesterseminarkirche, entre otras. Se estableció en Linz en 1705 y allí proyectó y construyó diversos edificios caracterizados por las líneas curvas y quebradas. Residencias privadas, iglesias… edificios que lo convirtieron en el principal arquitecto del barroco tardío de la Alta Austria.

Johannes Kepler

Una figura clave en la revolución científica, un reputado astrónomo y matemático alemán, conocido por sus leyes sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor del sol. Fue, durante un tiempo el matemático imperial de Rodolfo II, en Praga. En 1613, se mudó y contrajo matrimonio en Linz con Susanne Reuttinger y pasó un tiempo en la ciudad. Un tiempo tan bien aprovechado que la universidad actual lleva su nombre, la JKU.

Napoleón Bonaparte

Otro que se enamoró de la ciudad fue el impresentable de Napoleón a quien le doy la ventolera de invadir y ocupar la ciudad nada menos que tres veces. Y su osadía obligó a la ciudad a construir 32 torres fortificadas que rodearan la urbe. Hoy por hoy, sólo podemos observar 11 de ellas. La gran ironía del asunto apunta a que Bonaparte murió antes de que las torres estuvieran terminadas y por tanto… no sirvieron para su objetivo.

Wolfgang Amadeus Mozart

En los trayectos entre Viena y Salzburgo, por río, era preciso detenerse en Linz para cambiar de barco, ya que no cabía, literalmente, por debajo del puente.

De modo que Mozart, solía pasar algunos días en la ciudad, con un conde amigo suyo. La historia es que Wolfgang pensó en hacer una escapada a Salzburgo para intentar mejorar las tensas relaciones entre su padre y su esposa Constanza. Pero ante la tozudez del padre, la pareja emprendió el camino de vuelta y el 30 de octubre estaban en Linz.

Allí, su amigo organizó un concierto público en su honor, en el teatro de la ciudad. El 4 de noviembre. Pero como el músico estaba de vacaciones, no había llevado consigo ninguna partitura de sus obras… así que, como escribió a su padre en una carta: “estaba obligado a componer una sinfonía a todo trapo” y dicho y hecho, en 3 días y 3 noches, había compuesto su sinfonía número 36: La Sinfonía de Linz.

Y no sólo podemos disfrutar de una hermosa pieza musical, sino que además podemos echar un ojo al lugar en el que Mozart se alojaba cuando visitaba Linz, la casa de su amigo el conde, que actualmente es conocida en la ciudad como La casa de Mozart.

Ludwig von Beethoven

Amigo de Napoleón fue Johann, el hermano de Ludwig Beethoven. Quien compró una farmacia en plena plaza mayor y se hizo rico vendiendo allí material médico a los soldados del francés. A pesar de ser considerado un traidor por sus vecinos. Hay una anécdota acerca del carácter de ambos hermanos, se cuenta que en una ocasión Johann escribió a Ludwig firmando: “de tu hermano Johann, poseedor de tierras”, a lo que el oro contestó: “de tu hermano Ludwig, poseedor de un cerebro”. Cosas de familia.

En una ocasión, Ludwig fue a visitar a su hermano a Linz, para conocer de paso a la que sería su cuñada Therese Obermeyer (a quien detestaba). Al no conseguir su objetivo de separar a la pareja, se centró únicamente en terminar su famosa Octava sinfonía.

Anton Bruckner

Brucknr mostró un talent musical fuera de lo común desde muy joven. A los 13 años perdió a su padre y su madre decidió internarlo en el monasterio de San Florián para que no perdiera la oportunidad de cultivar su don, ocupándose de la familia, como en principio era su obligación. Una obligación que quiso asumir más adelante contribuyendo económicamente con todo lo que pudo. En 1840 ingresó en la Escuela Normal de Maestros de Linz. Se hizo cargo del coro del monasterio de San Florián en 1845 y empezó a componer piezas especialmente para ellos. También se ocupó del órgano del monasterio desde 1848. Y en 1856 se instaló en Linz, como organista de la catedral, de la vieja, claro.

Tanto la vieja catedral como el monasterio de San Florián, el mismo en el que está la tumba del santo, son lugares que merece la pena visitar para conocer más ampliamente a este compositor tan extraordinario.

Adolf Hitler

El mismísimo Führer nació en Braunau am Inn, una pequeña aldea cerquita de Linz. Su padre era agente de aduanas y su madre, su tercera esposa y además era su prima. Sí, su prima. Él fue el tercer hijo de los cinco que tuvo la pareja. Además, el padre de Hitler fue un hijo ilegítimo que tardó 39 años en ser reconocido por su padre… una familia peculiar para la época.

Pasó su adolescencia en los suburbios de Linz, donde estudió hasta los 17 años, cuando decidió marcharse a Viena.

Años después, recordaría Linz como el lugar en el que había pasado los mejores años de su vida, con su único amigo, August Kubizek. Y ya convertido en el gran dictador del Tercer Reich, decidió regresar a Linz para declarar, desde el balcón de la Plaza Mayor, la anexión oficial de Austria. Después premió a su ciudad de origen con un fabuloso programa cultural de embellecimiento, del que aún podemos observar algunos vestigios: el hermoso puente de los Nibelungos, que une ambas orillas del Danubio, la iglesia de las Ursulinas y los leones de piedra que flanquean la entrada de la nueva estación de ferrocarril.

Adolf Eichmann

Otro personaje interesante, es el hijo mayor de una familia de cinco hermanos que se instaló en Linz porque fue la ciudad en la que su padre, alemán, encontró trabajo en una de las fábricas de la ciudad. Su madre, al parecer murió siendo él muy pequeño y su padre volvió a casarse con una mujer que al niño, le desagradaba inmensamente: Matilda. El ambiente en su casa se volvió insoportable. El muchacho conoció a uno de los hijos de la familia Khan, Salomon, y escapaba de su particular infierno, yendo a pasar allí su tiempo siempre que podía. Con ellos aprendió a hablar yidish y hebreo. Es interesante recalcar que Adolf había nacido en Alemania y en Austria era considerado un extranjero… por lo que no conseguía trabajo, no así sus hermanos que sí habían nacido en Linz. Como no encontraba trabajo, su padre consiguió que lo admitieran en el partido Nazi de Linz y desde ese momento su carrera despegó. Fanático seguidor de la doctrina de Hitler, no sabemos en qué momento olvidó a su mejor amigo judío para convertirse en uno de los mayores artífices del holocausto.

Tras la guerra huyó a Argentina donde planeaba terminar sus días, cuando fue interceptado por el Mossad. Pero esa es otra historia. Si queréis podéis pasear frente a la casa en la que aún vive su familia, muy cerca de la Plaza Mayor de Linz.

CÓMO LLEGAR

En tren: la mejor opción, al menos, la que nosotros aconsejamos, es el tren. La red de ÖBB austriaca es cómoda, sencilla y muy rápida. Desde Salzburgo, Viena, Passau, Praga e incluso Graz, hay conexiones diarias y regulares que conectan con Linz de una forma muy agradable.
Por carretera: desde Viena o desde Salzburgo se puede ir por la utopista A1, mientras que desde Praga o Freistadt, por la autopista A7 y por la A1 (hasta alcanzar la A1), si salimos desde Regensburg o Passau. También se puede optar por la carretera B127, que transcurre junto al Danubio. Es muy sencillo, ya que las carreteras son muy buenas y siempre están muy bien indicadas.

En barco: desde Passau, Viena o Krems, surcando el precioso Danubio.

En avión: el aeropuerto está a sólo 15km de la ciudad, pero al no ser una ciudad muy concurrida por aire, los billetes suelen ser caros y los horarios incómodos.

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