La violación de los derechos de varias mujeres en un vuelo de Qatar Airways que partÃa de Doha y tenÃa como destino Australia es una evidencia más del papel que el género femenino juega en la mayorÃa de sociedades musulmanas. Tras hallar un recién nacido en una papelera del aeropuerto de Doha, las autoridades de Qatar no tuvieron mejor idea que practicar exámenes ginecológicos no consentidos a las mujeres del vuelo de Qatar Airways con el fin de encontrar a la madre. Entre las viajeras que se sometieron a estos exámenes se encontraban ciudadanas australianas. La ciudadanÃa no nos hace diferentes, pero sà muestra que a los regÃmenes autocráticos del Golfo Pérsico les importa poco el respeto de los derechos civiles internacionales incluso de los extranjeros presentes en su propio territorio.
El incidente de Qatar debe servir para recordar dos cosas. La primera es que, a pesar de las operaciones de blanqueo que diariamente se llevan a cabo por empresas de relaciones públicas, la mayorÃa de los paÃses arábigos son autocráticos y dictatoriales. No son democracias, sino estados rentistas que viven de la exportación de petróleo o gas, con cuyos ingresos financian sus sociedades civiles (sólo 1 de cada 9 habitantes de Qatar son qatarÃes y todos trabajan en empresas públicas). Ello permite a la familia Al Thani, que se ha repartido el poder de forma histórica, mantener su estatus privilegiado y acallar a la mÃnima oposición. Lógicamente, eso tiene un precio: imponer un sistema de creencias, con ayuda de la religión, en el que los derechos civiles y las libertades ni están ni se las espera. La mujer, por supuesto, es constantemente ocultada, ninguneada y vejada, como atestiguan los diferentes informes de AmnistÃa Internacional.
En segundo lugar, la pasividad de los estados democráticos en la denuncia de estas prácticas consigue que paÃses como Qatar perciban que su actitud no tiene consecuencias importantes. No esperamos que las autoridades de Qatar defiendan los derechos violados de sus ciudadanas. Pero es que la respuesta de Australia ha sido bastante tibia. Qatar, junto con otros destinos como Emiratos Ãrabes Unidos, se ha convertido en un hub aéreo por el que pasan muchas de las conexiones entre paÃses asiáticos y Europa. El mes pasado fueron ciudadanas australianas, pero el que viene pueden ser españolas, francesas, alemanas, polacas o portuguesas. La cuestión es que no se debe dejar el manos de paÃses dictatoriales, donde los más mÃnimos derechos civiles no están reconocidos, el control del flujo de pasajeros y el de la seguridad personal de los mismos. Seguir manteniendo esta dinámica significa apoyar unas prácticas que contravienen los más elementales derechos de la persona, el Derecho Internacional y los valores éticos aceptados en las sociedades occidentales.
Por último, también merece una reflexión el papel de Qatar Airways, la aerolÃnea que permitió que se realizasen exámenes ginecológicos no consentidos a sus pasajeras. Se trata de una de las grandes compañÃas aéreas del Golfo Pérsico que en los últimos 10 años ha extendido su negocio y radio de acción a todo el mundo. Fundamentalmente, Qatar Airways ha contribuido, junto con otras aerolÃneas de la región, en la estrategia de posicionar la penÃnsula arábiga como un concentrador de vuelos y conexiones Europa-Asia. Este trabajo se ha realizado con la connivencia de la Unión Europea, en cuyos paÃses Qatar ha realizado inversiones con su fondo soberano, que tiene 328.000 millones de dólares en activos. Qatar Airways está controlada por la familia real qatarà Al Thani, que rige los destinos del paÃs desde hace años. Por ello, no se podÃa esperar que ni la tripulación ni la propia compañÃa se opusiese al trato que recibieron las pasajeras sin su consentimiento. Conviene recordar que, cuando viajamos con Qatar Airways estamos apoyando a un estado que viola derechos fundamentales.
