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Nueva Zelanda, la de la gran nube blanca

Lake matheson. Foto de: RAPHAEL ELTROP

Nueva Zelanda cuenta con historia, escenarios impresionantes y paradisíacos. Sin embargo, descubrir Nueva Zelanda permite confrontar al viajero con una cultura y una forma muy especial de ver la vida.

Interminables colinas verdes, selvas vírgenes y playas infinitas. Escenarios impresionantes y paradisíacos que nos han dado a conocer películas como “El señor de los anillos” o “El piano”. Sin embargo, descubrir Nueva Zelanda no sólo permite disfrutar de la naturaleza casi en estado puro, sino que también confronta al viajero con una cultura, una historia y una forma muy especial de ver la vida.

Un paraíso entre el océano Pacífico y la Antártida

Nueva Zelanda, rodeada por la inmensidad del Océano Pacífico y último retazo de tierra antes de alcanzar la helada Antártida, se compone de más de 700 islas entre las que destacan principalmente dos: la isla norte, donde se encuentran las ciudades más importantes, entre ellas Auckland y la capital del país, Wellington; y la isla sur, la más grande, pero menos habitada.

La flora y la fauna son, en su gran mayoría, exclusivas de Nueva Zelanda. Esto se debe a que el territorio neozelandés ha estado aislado y carente de presencia humana durante más de 85 millones de años, tras su separación del gran continente Gondwana. Los primeros humanos, los maoríes, procedentes de las islas de la Polinesia, llegaron a Nueva Zelanda en el siglo XIII, lo que convierte a este territorio en uno de los últimos lugares del mundo en ser habitado. Éstos dieron al nuevo territorio descubierto el nombre de Aotearoa, que significa “la tierra de la gran nube blanca”.

En la actualidad viven en Nueva Zelanda cerca de 4 millones de personas (¡y más de 50 millones de ovejas!). Dos tercios de la población habitan en la isla norte, y de ellos, la mitad en la ciudad de Auckland y sus alrededores.

Nueva Zelanda es especial

En Nueva Zelanda hace frío en el sur y calor en el norte, en Navidad es verano y en Agosto es invierno, y los europeos buscan en vano entre la inmensidad de las estrelladas noches las osas mayor y menor. A lo largo de una superficie algo mayor que la mitad de España, al viajero se le ofrece la posibilidad de descubrir playas doradas de arena fina, glaciares helados, desiertos volcánicos, escarpados fiordos, lagos alpinos o selvas de helechos, que pueden alcanzar hasta 15 metros de altura. Y a pesar de ello, en todo el territorio no existen prácticamente especies venenosas: no hay serpientes, ni escorpiones, ni cocodrilos, ni pirañas…

Los neozelandeses, que se denominan a sí mismos “kiwis”, adoran pasar su tiempo libre en la naturaleza. El nombre procede de una especie de ave no alada, típica de Nueva Zelanda, que se ha convertido en un símbolo del país y que se encuentra en peligro de extinción. Todo “kiwi” que se precie tiene en su posesión una autocaravana y, al menos, un pequeño barco a motor. Los fines de semana, la familia al completo conduce hasta la costa o alguno de los enormes lagos de las zonas centrales de las islas, donde acampan, pescan o hacen senderismo. La mayoría de los neozelandeses son gente optimista, abierta y hospitalaria.

Las ciudades más importantes

Con más de un millón de habitantes, Auckland, tanto en el aspecto cultural como económico, es la ciudad más importante y conocida de Nueva Zelanda. En la “ciudad de los veleros” abundan las posibilidades de practicar todo tipo de deportes de agua. En el puerto Princes, es posible alquilar yates o kajaks, tomar parte en excursiones a las islas del golfo de Hauraki. El edificio más emblemático de la ciudad es, sin duda, la Skytower, cuyos 328 metros la convierten en la torre más alta de todo el Hemisferio Sur. Los más atrevidos pueden hacer bungy jumping y demostrar su falta de vértigo saltando desde una plataforma a 192 metros del suelo.

Caminar por las calles de Auckland supone un subir y bajar continuo. Desde lo alto de la Skytower llama la atención la perfecta conicidad de los más de 60 montículos sobre los que está construida la ciudad, que no son otra cosa más que volcanes inactivos. A pocos metros de distancia de la Skytower, en pleno centro, se encuentra la Queenstreet, la calle comercial más bulliciosa de Auckland.

La capital, Wellington, aprisionada entre las montañas y el mar, es el centro político, administrativo y estudiantil de Nueva Zelanda. Y, cada vez más, un baluarte cultural, con una pulsante vida nocturna y una oferta amplísima de actividades artísticas, musicales y teatrales. Desde el puerto de Wellington parte el ferry que comunica la isla norte con la isla sur. A pesar de que la ciudad yace justo en la zona de choque de dos placas tectónicas, con la consecuente y constante amenaza de terremotos, y de las fuertes y frecuentes tempestades procedentes del mar de Tasmania.

Las mejores vistas panorámicas de la ciudad, sobretodo al atardecer, se encuentran desde el monte Victoria o desde la estación Kelburn, a la que se llega tomando el “Cable Car”, un pequeño tranvía que es una de las atracciones turísticas más populares. En Wellington se encuentra el museo más visitado de Nueva Zelanda: el Te Papa Tongarewa. Este ofrece informaciones detalladas sobre la naturaleza y la cultura del país. Y lo mejor de todo: ¡la entrada es gratuita! La vida nocturna bulle en el barrio multicultural alrededor de la Cuba Street y el Courtenay Quarter.

Naturaleza en estado puro

Olvidarse de la civilización es fácil en Nueva Zelanda. Una de las regiones deshabitadas más grandes del país son los fiordos, en la isla sur. Una de las grandes atracciones es la ruta de Milford Sound: cuatro días de senderismo con una distancia total a recorrer de 55km. Para evitar aglomeraciones de caminantes en las cabañas en las que se puede pasar la noche, sólo se permite el paso de 30 personas al día, lo cual significa que hay que reservar con mucha antelación. Todos los bosques son todavía vírgenes y cuando llueve, lo cual suele pasar a menudo y en abundancia, el agua se abre camino por todas partes pendiente abajo.

El parque nacional de Abel Tasman es el paraíso para aquellos que adoran la costa: desde Wainui Inlet hasta Kaiteriteri se extienden inmensas playas de arena dorada, en pintorescas bahías, separadas las unas de las otras por salientes o escollos rocosos. Aquí también se ofrece la posibilidad de hacer un recorrido a pie de 4 días, entre bosques y playas, o bien se puede optar por uno de los numerosos taxis de agua.

En el mundo solo hay 3 glaciares que desemboquen en una selva, y dos de ellos se encuentran en Nueva Zelanda (el tercero está en Sudamérica). Desgraciadamente, tanto el glaciar de Franz-Josef como el de Fox, han ido perdiendo extensión en los últimos años, pero el sonido del agua deslizándose entre las grietas y el hielo rompiéndose siguen maravillando al visitante. Para percibir en toda su plenitud la magnificencia de estas lenguas de hielo en movimiento, no hay nada mejor que tomar parte en una excursión en helicóptero.

 

A TENER EN CUENTA
  • Visado. Para viajes con una duración inferior a 3 meses, únicamente es necesario un pasaporte con más de seis meses de validez a partir del día de comienzo del viaje.
  • Control biológico. Para proteger a la flora y la fauna autóctona, se intenta impedir la introducción en el país de especies extrañas o plagas. Antes de pasar por la aduana, es necesario entregar un formulario donde el viajero asegura que no lleva ningún tipo de plantas (incluida fruta o verdura) ni de animales consigo. Especial atención ponen los neozelandeses al calzado o material de senderismo.
  • Vacunas. Para Nueva Zelanda no es necesaria ningún tipo de vacuna.
  • Moneda. La moneda de uso corriente es el Dollar neozelandés (NZD). El cambio actual es aproximadamente 1€ = 2 NZD.
  • Clima. En Nueva Zelanda las temperaturas se mantienen relativamente constantes la mayor parte del año. La media oscila entre 24ºC y 15ºC, aunque en las zonas centrales así como en las montañas, en invierno (junio-septiembre) el termómetro cae a menudo por debajo de los 0ºC. La mejor época del año para viajar es entre octubre y marzo. Desde mediados de Diciembre hasta principios de Febrero tienen lugar las vacaciones de verano. Durante estos días se recomienda reservar alojamiento con antelación.
  • Normas de tráfico. Puesto que Nueva Zelanda es una antigua colonia inglesa, se conduce por la izquierda. La velocidad máxima permitida es de 100 km/h por carretera o autopista y de 50 km/h en ciudad.

 

CÓMO LLEGAR

Debido a la enorme distancia entre España y Nueva Zelanda, no es posible volar de forma directa. Varias compañías aéreas ofrecen el mayor número de vuelos con paradas en Estados Unidos (San Francisco o Los Angeles) o Asia (Singapur, Hong Kong o Dubai). La mayoría aterrizan en Auckland, aunque también existe la posibilidad de tomar vuelos a Wellington o Christchurch.Reservando los billetes con antelación, es posible conseguir precios de menos de 1.000 euros por persona, aunque las tarifas normales oscilan entre 1.250 euros y 2.000 euros, según la época del año.

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Una respuesta a “Nueva Zelanda, la de la gran nube blanca”

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