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La Real Colegiata de San Isidoro de León

Fachada de la Colegiata de San Isidoro | Foto: David Fernández
David Fernández
junio 2015

La Real Colegiata de San Isidoro de León contiene los mejores frescos románicos de la península ibérica y el que dicen es el Santo Grial.

La Real Colegiata de San Isidoro de León fue la sede del poder leonés en la Alta Edad Media, cuando el reino era el más poderoso de la península ibérica. Hasta el siglo XII, este recinto, que cuenta con una basílica en la que se exponen las reliquias del santo sevillano, fue palacio real de la monarquía leonesa y, por ello, guardó muchos de sus tesoros.

Para el visitante ocasional o el turista, la Colegiata de San Isidoro es un gran desconocido, aunque es un punto esencial que ver en León. El edificio conserva en su interior algunos secretos de la realeza leonesa desde tiempos de Fernando I (1016-1065), el rey más poderoso de la cristiandad en el siglo XI. El objeto más conocido de este tesoro es el cáliz de doña Urraca, del que Margarita Torres, profesora de Historia Medieval en la Universidad de León, asegura en el libro Los Reyes del Grial que se trata de la copa venerada en Jerusalén en el año 400 como el recipiente usado por Cristo en su última cena.

Entrevista con Marga Torres sobre el Grial de León

Qué ver en León en dos días

Qué ver en la Real Colegiata de San Isidoro

Los reyes medievales de la época no se andaban con chiquitas y, si tenían que pasar por encima de sus familiares para asegurarse el trono y el poder, no dudaban en hacerlo. Fernando I era hijo del rey Sancho Garcés III de Pamplona, que le nombró conde de Castilla. Todavía no existía el reino de Castilla como tal, sino que era un condado bajo domino navarro. Fernando se casa con Sancha, hermana de Bermudo III, rey de León, y a los pocos años se rebela contra este monarca, matándole en la batalla de Tamarón. Como Bermudo no tiene hijos, Sancha hereda el reino leonés, que finalmente reclama y gobierna su marido Fernando.

Aunque la Basílica de San Isidoro ya existía como iglesia desde finales del siglo X, Fernando I y Sancha le dan un impulso definitivo, edificando el templo actual. Y no es cualquier cosa, ya que San Isidoro es uno de los ejemplos más ricos en España de arte románico que se ha conservado en condiciones. Junto a la basílica se erigió el palacio real. Antes que a San Isidoro, el templo estaba consagrado a San Pelayo, pero la victoria de Fernando I en la batalla de Sevilla contra al-Mu’tadid permitió traer los restos del santo sevillano a León.

Piezas árabes del tesoro de San Isidoro de León | Foto: David Fernández
Piezas árabes del tesoro de San Isidoro de León | Foto: David Fernández

A base de batallas perdidas y regalos, los musulmanes fueron nutriendo buena parte del tesoro que ver en San Isidoro. Sedas árabes, arquetas con marfiles tallados, tributos de los reyes infieles a Fernando I, cajitas que se usurpaban como botín de guerra en las diferentes batallas de conquista. No todo el tesoro se encuentra expuesto y el mismo no se halla al completo en San Isidoro, ya que buena parte se trasladó al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Por ejemplo, la cruz de Fernando y doña Sancha, una obra de arte tallada en marfil, con finos detalles, y que fue la primera de la península en incorporar la imagen de Cristo.

Sin embargo, hay que destacar tres elementos que son únicos en España y dan cuenta de la importancia de Fernando I y del reino que gestionaba. El primero es el Arca de los Marfiles de San Juan y San Pelayo, un arcón diseñado en 1059 y destinado a albergar las reliquias de ambos santos. Está construido en madera y tiene incrustadas en sus paredes 25 placas de marfil realizadas en el taller leonés, con representaciones de los apóstoles. El otro elemento importante es el Arca de las Reliquias de San Isidoro, de la que se tiene constancia desde 1063, hecha de madera, pero recubierta con plata repujada y un bordado interior andalusí.

Arqueta para las reliquias de San Isidoro | Foto: David Fernández
Arqueta para las reliquias de San Isidoro | Foto: David Fernández

Por último, la Arqueta de los esmaltes de Limoges, ya del siglo XII y quizá producto de un peregrinaje. Está realizada en cobre esmaltado al fuego y con diversas partes en relieve. El interior y la estructura es de madera, pero la misma se encuentra recubierta por planchas de esmalte con dibujos bellísimos sobre los Evangelios. Y un detalle curioso: el idolillo escandinavo, una caja de pequeño tamaño realizada en asta de reno y que algunos expertos datan en el siglo X como la mejor muestra de arte vikingo en España.

Pinturas románicas de San Isidoro de León

Acercarse a San Isidoro es obligatorio en una visita a León, porque nos permite desentrañar pasajes oscurecidos por la historiografía oficial. La Real Colegiata y los elementos de su museo nos dan las claves para comprender la formación de los primigenios reinos cristianos peninsulares que, a base de guerras entre ellos, enlaces matrimoniales y luchas contra los musulmanes, fueron conformando la España moderna.

Cáliz de doña Urraca en la Colegiata de San Isidoro de León | Foto: David Fernández
Cáliz de doña Urraca en la Colegiata de San Isidoro de León | Foto: David Fernández

Y una de las reliquias que estos reyes poseían era el cáliz de doña Urraca. Los profesores Margarita Torres y José Miguel Ortega han realizado una exhaustiva investigación sobre esta copa que arroja una conclusión excepcional: se trata del cáliz que se veneraba en Jerusalén en el año 400 como el recipiente que usó Cristo en su Última Cena. Margarita Torres lo explica en esta entrevista. Ojo: en ningún momento Torres dice que esa sea la copa en la que bebió Jesús, sino que es la que se veneraba en Jerusalén en el año 400 como tal. Para demostrarlo, Torres y Ortega se han basado en documentos encontrados en El Cairo (Egipto), en los que se relata el viaje del cáliz desde Jerusalén hasta el país de los faraones y de éste a la taifa de Denia. El emir de este reino mediterráneo de la Península se lo regaló a Fernando I.

Pero es que, para afianzar más esa cuestión, la sorpresa se encontraba en la bóveda del panteón real, construido en el siglo XI y que era la zona norte de la basílica. Se reconvirtió en lugar de enterramiento y en él se dio sepultura a 33 familiares de la estirpe real leonesa. Entre ellos once monarcas y doce reinas, aunque no se encuentran todos los que son y, cuando los franceses invadieron la Península en 1808, saquearon algunas de las tumbas.

Pinturas románicas en la bóveda de San Isidoro | Foto: David Fernández
Pinturas románicas en la bóveda de San Isidoro | Foto: David Fernández

El techo se compone de varias bóvedas y en él se halla una de las joyas de la pintura románica, única en toda España: frescos en los que se representan escenas religiosas, pero también de la vida cotidiana en el campo leonés. Entre esas escenas se encuentra la de la última cena de Jesús y, en ella, un personaje acerca a Cristo un cáliz similar al de doña Urraca. Una copa que es parecida a la que se guarda en la estancia superior y cuyo viaje desde Egipto a León queda avalado con los documentos estudiados por Torres y Ortega.

El panteón todavía es único por otra cuestión más: las bóvedas se asientan sobre 21 capiteles tallados con diferentes figuras. Los capiteles son la parte superior de las columnas que aguantan la bóveda y su talla durante el románico nos ha dejado grandes obras de arte. En los mismos se representan figuras demoníacas, motivos vegetales o al mismo Jesús en diversos pasajes bíblicos. Son los primeros del arte románico en España que reproducen imágenes de los textos sagrados.

Panteón real de San Isidoro | Foto: David Fernández
Panteón real de San Isidoro | Foto: David Fernández

Las primeras Cortes de León

Como eje de San Isidoro, el claustro daba acceso al panteón y a las estancias del palacio real. Aunque hoy no se conserva el patio del siglo XII, ya que fue restaurado y reconstruido en el XVI, nos podemos hacer una idea del mismo. En este lugar, en el año de 1188, el rey leonés Alfonso IX convocó las que se han considerado primeras Cortes de León. Se trató de una reunión de nobles, clérigos y burgueses representantes de las principales ciudades del reino de León. Alfonso llamó a estas Cortes como forma de asentar su poder, discutido por su madrastra, dando voz a los estamentos más importantes de su reino.

Aunque muchas personas han querido ver en estas Cortes un precedente a los parlamentos con representación popular, la realidad es otra. Diferentes historiadores explican que no se trataron de unas Cortes al estilo de las que se desarrollan en la actualidad en un Parlamento democrático. La política se hacía de una manera muy diferente: el rey reinaba y gobernaba, aconsejado por sus nobles y teniendo en cuenta las peticiones de sus ciudadanos. Ni se elegía libremente ni había votaciones de los temas tratados. Los Decreta, el documento que regula derechos muy avanzados, tampoco salieron de estas Cortes como un texto unitario, sino que se fueron decantando a lo largo de los años. A pesar de ello, su importancia es capital por reunir por primera vez en la historia a gentes comunes con nobleza y clero. En cuanto a los Decreta, la UNESCO los ha reconocido como “Memoria del Mundo” y ha dado a León el título de “Cuna del Parlamentarismo”.

Códices en la biblioteca de San Isidoro | Foto: David Fernández
Códices en la biblioteca de San Isidoro | Foto: David Fernández

La biblioteca de San Isidoro de León

A buen seguro estos Decreta, junto con otros documentos de importancia capital, se fueron depositando en la biblioteca de San Isidoro. Aunque es del siglo XVI, en la misma se conservan 2.000 volúmenes escritos entre el siglo X y el XVIII. Y los que se han perdido cuando las tropas napoleónicas entraron al asalto en el templo.

De entre todos los volúmenes destaca la Biblia mozárabe, una obra de arte escrita e iluminada en el año 960 por los monjes Floriano y Sancho y que aún conserva los colores de las miniaturas, muy gráficas. Esta biblia no se hizo en San Isidoro, sino en el monasterio de Valeránica, cerca del pueblo de Tordomar, en Burgos. La que sí se confeccionó en San Isidoro fue la Biblia románica de 1162, obra de seis monjes y que copiaba a la anterior, aunque con las modificaciones artísticas lógicas por el paso del tiempo, por ejemplo las ilustraciones románicas y la letra protogótica.

Libros de leyes, filosofía, vidas de santos, documentos de los diferentes reyes leoneses… Todo un rico patrimonio documental que da forma a la memoria del reino leonés y de su importancia para la conformación política de la península ibérica y de la posterior España.

El Hotel Real Colegiata de San Isidoro

Dos son las propuestas más interesantes para pasar nuestras jornadas en León y estar a un tiro de piedra de todo lo que merece ser conocido.

Para los que quieran dormir en la propia Colegiata, la recomendación debe ser el Hotel Real Colegiata de San Isidoro. El alojamiento se encuentra en el recinto de la propia Colegiata y sus habitaciones se han construido en las celdas de los monjes agustinos que lo habitaron. Está totalmente reformado y cuenta con servicios de alta calidad. Desde 85 euros la noche

Por otro lado, el Hotel Eurostars León, muy cerca del centro histórico de la ciudad, con una atención muy amable, habitaciones confortables y muy espaciosas y un desayuno tipo buffet que nos dará energías para todo el día.

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