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Qué ver en La Rioja en tres días

La Rioja, tierra de agua

Castillo de Davalillo, muy cerca de Briones | Foto: David Fernández
Beatriz de Lucas Luengo
agosto 2015

Pequeña pero armoniosa, intensa como la Sierra de los Cameros y su queso de cabra, La Rioja ha construido un mundo de experiencias alrededor de lo que le da la tierra: alimento y cultura, Historia y peregrinaciones. Un puzzle de matices que se puede ensamblar con ayuda de quienes allí viven, sus primeros y más fieles amantes.

Después de unas cuantas curvas, redonditas y dulces, como con forma de uva, la carretera se desenrosca en una larga recta, escoltada por viñedos y campos verdes, auténticos mares de sarmiento y espigas. El viento de la primavera impulsa las ruedas, que giran imparables, a un lado el Monasterio de Cañas, invisible pese a la señalización, de frente, allende las colinas, Berceo, con la estatua de su poeta, referente del Mester de Clerecía, y sus casas de piedra recia. La inercia arrastra las risas, el siseo de los radios y el olor de la tierra y las flores de Ezcaray y el Valle del Oja y lo encarama todo a lo alto de cada una de las torres que rompen la voluptuosidad del paisaje con sus perfiles espigados y rectos, dentro del barroquismo de cada una, la de Santo Domingo la Calzada, la primera de todas, ejemplo del resto y techo de La Rioja, según Viajesdeprimera.com. Sus 70 metros exentos otean un horizonte básicamente jacobeo y a sus pies, pero bajo techo catedralicio, descansa Domingo, involuntario fundador de la ciudad, hacedor del milagro del gallo y la gallina pero también ingeniero, arquitecto y hospedero por y para los peregrinos que se perdían por estos andurriales, y por los que abandonó incluso su vocación ermitaña.

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Joyas de arriba y abajo

Millán también iba para anacoreta y acabó siendo Santo e inspirador de, siglos más tarde, un cenobio, que terminó convertido en monasterio, el de Suso, que, al quedarse pequeño, dio pie a otro más accesible y grande, Yuso, tremendo sopapo artístico y cultural, por dimensiones y tesoros, entre dos laderas tajadas por el río Cárdenas. El de arriba, Sursum, es un tetris de vidas espirituales y corrientes artísticas. Bajo su piel de piedra sencilla, casi empotrada en la ladera, se encuentran las cuevas eremíticas iniciales y las huellas del primer cenobio y del monasterio posterior, salpimentado todo de rastros visigóticos, mozárabes y prerrománicos. El de abajo, Deorsum, con cimientos legendarios a cargo de un par de bueyes y repleto de cuadros de Juan de Rizzi, el mejor pintor claustral de España para algunos, un monje “un poco revoltoso” para el Padre Untoria, su responsable de turismo, quien explica así que anduviera brincando de un monasterio a otro durante tantos años. Aunque sus joyas, al margen de las arquetas de marfil y oro, es de papel: su Biblioteca, que se abre en contadas ocasiones, y su Archivo, limbos temporales sin luz eléctrica, cuevas de Alí Babá de palabras y texturas, de formas, colores y pensamientos, incunables y raros, apenas informatizados.

El castellano, sin una sola cuna

Patrimonio de la Humanidad ambos, habría que matizar, para no hacer tabla rasa con las complejidades históricas, su consideración de cuna del castellano. Porque en sus scriptorium aparecen “los primeros textos escritos en lengua materna”, el romance, no el español ni el castellano, con sus variantes territoriales pero tan parecidas que permitían que “los hablantes de las diferentes zonas ibéricas se entendieran sin aparentes problemas”. Lo explica Francisco Javier García Turza, profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de La Rioja y uno de los grandes expertos en el tema. “Huyamos”, añade, “de decir que aquí ni en otro lugar nace nada” porque “el proceso constructivo de las glosas es general y no se produce de forma exclusiva en La Rioja”, aunque “el Monasterio de San Millán de la Cogolla se ha ganado “plenamente” el ser “un referente de los orígenes de la lengua española” porque aquí “no sólo se encuentran los textos considerados como más antiguos si no que, al día de la fecha, se escribieron los de mayor trascendencia y en un número superior.”

Al pan, pan y a La Rioja, ríos

Lo que nadie duda es que aquí nace, cada año, uno de los vinos más famosos del mundo. Y el Barrio de la Estación de Haro, una de sus puntas de lanza, concentra el mayor número de bodegas centenarias del mundo, capaces todavía de dar lecciones de innovación y sinergias a sus bisnietos. Pero primero fueron las patatas, las alcachofas, los espárragos o la hogaza, con cuya expresión en vasco, ‘erria’ o ‘eguia’, ‘tierra de pan’, se ha relacionado el origen del nombre  de La Rioja, aunque uno de los últimos estudios concluye que tiene que ver con el vocablo romance “rialia” que hace referencia a la gran cantidad de riachuelos y arroyos que la surcan. ¿No es el agua, en definitiva, el origen de todo?

Leyendas y certezas que se pueden debatir en armonioso paseo por la Calle Laurel de Logroño,  hito legendario de peregrinos jacobeos, con su Redonda y sus Gemelas, los calados de Barriocepo y la pugna escultórica entre el caballo de Santiago de la iglesia homónima y el de Espartero, en El Espolón; el alimento y el vino al servicio de las personas. Y no al revés, como parecen obligar las tendencias televisivas.

Sin órdagos, La Rioja reparte su sempiterna pero versátil baraja según la época del año. Porque el paisaje jugoso de la primavera es un viaje distinto al crujiente del otoño. Que aquí caben todas las vidas posibles si uno sabe encontrar la felicidad en lo sencillo.

Qué visitar en un viaje o una escapada por La Rioja

Monasterios de Suso y Yuso, Patrimonio de la Humanidad. No sólo por su consideración de una de las cunas del romance, preludio del castellano actual, si no por el conjunto histórico artístico que conservan sus muros, especialmente en el Monasterio de Yuso. Además, la zona es perfecta para el senderismo, el cicloturismo y otras actividades en la naturaleza.

Catedral de Santo Domingo de la Calzada. El diseño de la Catedral se modificó para que pudiera albergar el sepulcro original de Santo Domingo de la Calzada, encima del cual se ha construido un bonito mausoleo. Además, la Catedral de Santo Domingo de la Calzada es el único templo católico con permiso para guardar animales vivos en su interior, un gallo y una gallina, en referencia al milagro que dicen que propició el Santo y por el que salvó de la muerte a un joven acusado injustamente de haber cometido un robo. También merecen una referencia explícita su campanario, exento y considerado la torre más alta de La Rioja, y su retablo mayor, de estilo barroco, emplazado en un lateral de la Catedral después de que se descubrieran los antecedentes románicos del templo y se decidiera enseñar todo su patrimonio.

En Haro: enoturismo en Bodegas Bilbaínas, una de las bodegas centenarias del Barrio de La Estación. En septiembre, se celebra la Cata del Barrio de la Estación, primicia mundial en la que abrirán las bodegas centenarias al público.

Visita a la quesería Lácteos Martínez: muy recomendable también, aunque haya que madrugar un poco, la visita guiada a la quesería Lácteos Martínez, una de las tres que todavía producen el Queso de los Cameros (con Denominación de Origen Protegida) típico de la Sierra homónima de La Rioja.

En la Sonsierra Riojana: San Vicente de la Sonsierra; lagares rupestres; Briones; Santa María de la Piscina.

En Logroño: Concatedral, Museo de La Rioja y Centro Cultural del Rioja; El Cubo de Revellín; la calle Barriocepo, que forma parte del itinerario del Camino de Santiago por la ciudad; las iglesias de Santiago y San Bartolomé y el Puente de Hierro.

Dónde dormir en La Rioja:

Hotel Palacio Azcárate, en Ezcaray. Muy bien situado para explorar el Valle del Oja. Sus habitaciones son amplias y luminosas, con productos de vinoterapia entre las amenities, y el trato muy agradable. El desayuno se distingue por los productos caseros y locales.

Hospedería La Calera, del portal Escapada Rural, en San Millán de la Cogolla. Coqueto y cálido, las habitaciones tienen mucho encanto, igual que las zonas comunes. El desayuno es sencillo pero recomendable. Es la base de operaciones perfecta para conocer los Monasterios de Suso y Yuso y disfrutar de muchas actividades en la naturaleza riojana. Muy recomendable para parejas, sobre todo si pueden viajar entre semana o fuera de temporada porque también es ideal para familias con niños y puede que cada tipo de viajero vaya buscando un ambiente diferente.

Hotel-spa Finca Los Arandinos (4*). En Entrena, cerca de Logroño. Es un hotel de diseño, integrado en la bodega, de manera que el huésped puede sentirse partícipe en todo momento del proceso de elaboración del vino. Hay dos tipos de habitaciones, las diseñadas por David Delfín y las que ha creado Javier Arizcuren. Dispone de spa y restaurante abierto también para quienes no se hospeden en el hotel.

Parador Santo Domingo de la Calzada (4*). Una de las referencias clásicas de la red de Paradores, que no puede faltar en el cuaderno de bitácora de quienes viajen por sus establecimientos. Situado frente a la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, su decoración y su ambiente son muy tradicionales.

Agradecimientos: Francisco Javier García Turza y Universidad de La Rioja.

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