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Qué ver en la Isla de Creta

Qué ver en Creta

Lugares que ver en Creta, la isla más grande de Grecia y el lugar de nacimiento de Doménikos Theotokópoulos, el Greco. Consejos para visitar y viajar a Creta.

Creta es la isla más grande de Grecia: 8.000 kilómetros cuadrados de pura cultura, naturaleza y fantasía. Además, la isla es cuna de leyendas clásicas y tradiciones tremendamente interesantes. De hecho, no sólo es el lugar de inicio de la biografía de El Greco, sino del mismísimo dios Zeus. Personajes ilustres donde los haya.

Restos arqueológicos en Creta

Lo primero que ver en Creta es el contraste entre el cielo y el mar azules con el blanco de sus monasterios o de la arena de sus playas. Creta es tierra, es sol, son olivos, verduras frescas, mar, el raki (destilados de uvas), su cocina, su música y esa gente tan maravillosa que lo hace todo divertido. Incluso es posible encontrar montañas en la isla, donde la Levká Ori se alza majestuosa con su elegante color blanco.

Templo de Knossos
Templo de Knossos en la Isla de Creta | Foto: ONT Grecia

Uno de los lugares interesantes en Creta son sus restos arqueológicos, con las muestras de la antigua civilización Minoica, entre las que se cuentan Festos, Gortina y, mi favorito, el palacio de Knossos, sobre el que se especula que pudiera ser, en realidad, una gran tumba.  Pero esta no es la única muestra de un pasado apasionado y apasionante, porque la posición estratégica de Creta le ha convertido siempre en la más bonita de la fiesta y por ende, la más deseada.

¿Quién construyó el laberinto de Creta?

La fortaleza veneciana de Rethymnon, las antiguas mezquitas y los monasterios de Arkadi o Preveli son otros puntos interesantes que ver en tu viaje a Creta. Numerosas joyas nos esperan desperdigadas por la isla en algunas de sus ciudades, como Agios Nikolaos, la capital, aunque en realidad es un pueblecito costero en el Golfo de Mirabelo. O como Herakleion o Iraklio, que es la capital económica y cultural de la isla, la más moderna, pero en la que encontraréis vestigios de su pasado veneciano, romano, sarraceno o incluso turco. Chania es la segunda ciudad más grande de Creta, con un puerto flanqueado de edificios venecianos preciosos y algunas otras construcciones turcas otomanas. Por último, destaca Rethymnon, la más afectada por la civilización minoica y por los mejores años del dominio veneciano.

Puerto veneciano en Heraklion, Creta | Foto: ONT Grecia
Puerto veneciano en Heraklion, Creta | Foto: ONT Grecia

Naturaleza en la isla de Creta

Creta es una isla famosa por su belleza natural. Destaco la garganta de Samaria, porque es la más conocida, pero no la más bonita. Actualmente es un parque nacional que atraviesa las montañas blancas desde la meseta de Omalos hasta el mar. Un paraíso para el senderismo.

Al sur de Creta hay pequeños y encantadores pueblecitos de pescadores que ver. A algunos de ellos sólo se puede acceder por mar, con eso lo digo todo. Como a Loutro, donde el tiempo y el ritmo de vida son otros, no hay coches, no hay grandes hoteles, ni masas, prácticamente no hay turistas. Es un rincón que el tiempo no hay tocado. Ni la globalización tampoco.

Chania, en la Isla de Creta | Foto: ONT Grecia
Chania, en la Isla de Creta | Foto: ONT Grecia

Pero sin duda, lo más atractivo de viajar a Creta es su cultura, sus tradiciones, sus costumbres. Es una isla muy tradicional. Los cretenses son unas personas amistosas, abiertas, simpáticas y muy cariñosas. Por otro lado, tienen un carácter indómito, muy auténtico, pero a veces son muy testarudos y muy orgullosos. Buena gente, en una palabra.

Y no olvidemos la música. La lyra es su instrumento “nacional” o en este caso, local. Es un tesoro y si nos movemos bien, es posible encontrar alguna taberna con música en vivo… o con algún lugareño inspirado que nos deleite con sus canciones.

Por último, lo más importante, la gastronomía. La hora de comer es siempre sagrada. El ingrediente estrella es el aceite de oliva y con él se preparan platos cuyo elemento común es la frescura. Carne a la brasa, estofado de cordero o de cabra, pescado fresco (que no es nada barato a excepción de las sardinas), ensaladas y muchos platos preparados con verduras… Un festival continuo para el paladar. Sin olvidar acompañarlo bien de un buen vino cretense, hechos con uvas autóctonas y sorprendentemente buenos, tanto el tinto como el blanco.

Viñedos en la Isla de Creta
Viñedos en la Isla de Creta | Foto: ONT Grecia

El Greco vivió en Creta

La isla de Creta no solo fue la cuna de Doménikos Theotokópoulos, más conocido como El Greco o El griego, que es lo que su apodo quiere decir. Creta es el lugar donde creció, se formó y se convirtió en un hombre, puesto que el Greco vivió allí hasta los 26 años.

Theotokópoulos nació en 1541 en Candía, la ciudad que ahora se llama Herakleion, y que sigue siendo la capital cultural y artística de Creta. Aunque se crio en Fódele, un pueblecito a las afueras de la ciudad y, actualmente, bastante turístico.

Cuando Doménikos nació, la isla estaba en poder de la República veneciana, lo que influyó mucho en su educación. Hijo y hermano de comerciantes, la vida del Greco en la isla era tranquila, porque lo cierto es que así era la vida en Creta y así es.

Su casa era una típica casita de piedra en tonos rojizos (donde actualmente reside su museo), en Fódele. Este pueblo es muy pintoresco, rodeado de campos de naranjos, a unos 3 km de la costa. Tiene una iglesia bizantina del siglo XI y una plaza central con varias tabernas y, a día de hoy, un busto de El Greco en su centro.

Iglesia en Fodele, Isla de Creta
Iglesia en Fodele, Isla de Creta | Foto: ONT Grecia

Sin embargo hay que reconocer que la ubicación original de Fódele no es la que conocemos hoy. Porque hasta el siglo XIX, el muncipio estaba mucho más escondido entre los montes. Sin embargo, a raíz de la destrucción que llevaron a cabo los turcos como represalia por las innumerables insurrecciones de los cretenses, se reconstruyó Fódele en un lugar más llano y, ya de paso, mejor comunicado.

Por supuesto, aún se puede ver algo de la parte antigua del pueblo. Para ello hay que seguir el sendero que se adentra en el bosque y allí están los restos, entre los que se encuentra la llamada “Casa del Greco”, la iglesia bizantina de la Panayía (de la virgen) y poquito más. Lo maravilloso de esta iglesia es que es el templo donde fue bautizado Doménikos y cuyas pinturas vio por primera vez en su vida. Se trata de una iglesia del siglo XI, levantada sobre los restos de una basílica anterior, del siglo VIII y que estaba rodeada por un muro exterior que la protegía. Hoy sólo se conserva la base y algunas pilastras sueltas a la entrada.

La infancia del Greco transcurrió en un ambiente idílico. Naturaleza, un pueblecito de interior, bastante tranquilo, un inspirador río y uno de los paisajes más bellos del mundo a su disposición. Sin embargo no se dejó influenciar por el Naturalismo del Renacimiento y comenzó con sencillos retratos postbizantinos. A los 22 años ya era reconocido oficialmente como maestro pintor. Iconos basados y copiados de modelos establecidos y, sobre todo, dorado, mucho dorado.

Candia se le quedaba pequeña y el maestro Theotokópoulos necesitaba más. De modo que hizo sus maletas y se fue a probar suerte en otras ciudades, donde aprendería y crecería como artista hasta límites que ni él mismo podía sospechar.

Una visita a Fódele, tras los pasos del Greco

Conocer el pueblo del Greco es cosa sencilla, pero no te dejes engañar, porque Fódele da para mucho y esconde algunas pequeñas perlas que no podemos pasar por algo.

Comencemos la ruta entrando en el pueblo y doblando a la derecha en el primer puente. Seguimos el río y llegaremos  a la Iglesia de la Virgen y después al Museo de El Greco. Después de hacerse la consabida foto bajo el árbol plátano que lleva la placa conmemorativa de El Greco, en la plaza central del pueblo, se nos aconseja seguir el margen del río hasta la “lavandería municipal”… de principios de siglo.

Casa del Greco en Fódele
Casa del Greco en Fódele, Isla de Creta | Foto: ONT Grecia

Después podemos seguir por el segundo puente, hacia la derecha y continuar a través de las estrechas callejuelas del pueblo, que son muy pintorescas, hasta llegar a la iglesia central de Fódele, dedicada al Arcángel San Miguel. Cerca hay otra iglesia, que es más antigua y está dedicada a San Jorge, que es el patrono del pueblo. Por supuesto, cuando decimos antigua, tratándose del nuevo Fódele, hablamos del siglo XIX.

Posteriormente podemos abandonar el pueblo y seguir una calle flanqueada por naranjos y mandarinos, limoneros y plátanos, madroños, robles, olivos silvestres, algarrobos y muchas hierbas aromáticas… que la hacen inconfundible,  para llegar al monasterio de San Pantaleón.

Finalmente, y para los más aventureros, es posible hacer una excursión a los cerros de Kuledes y, en los meses de lluvia, las cataratas de la región, que son muy bonitas.

El tema del alojamiento es sencillo, pero no hay hoteles, sólo habitaciones para alquilar. Eso sí, limpias y ordenadas, nada de cuchitriles. Y en cuanto a la comida, hay muchos bares y tabernas donde tomar algo típico: “las picadas”, la carne local o el delicioso raki (aguardiente de uvas, parecido al orujo). Además todo es bastante barato.

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