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El empleo en la era digital, José Joaquín Flechoso y otros

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21 octubre 2020, 8:00 CEST

En el libro ‘El empleo en la era digital’ se da una imagen de qué futuro espera a los trabajadores con la irrupción de los robots y la inteligencia artificial.

El empleo en la era digital

El futuro laboral que pinta el libro El empleo en la era digital (Editorial Almuzara, 2020) no es nada apetecible a tenor de los hechos que se suceden día a día. En esta obra colectiva (lleva la firma de José Joaquín Flechoso, Sebastián Reyna o Javier Placer, entre otros) se hace un análisis del impacto que tendrá la robotización sobre el trabajo, el paro y la necesaria cualificación de los empleados. El libro no toma partido por ninguna opción, sino que se limita a dibujar el escenario que ya tenemos montado y los posibles pasos que se darán en cuestión de meses y años.

Organismos internacionales, como el Foro Económico Mundial, prevén que la mitad de las empresas habrán automatizado sus procesos de trabajo en 2022, lo que implicará despidos de los empleados adscritos a esos trabajos. Las compañías también usarán más servicios externos y contratarán perfiles profesionales “flexibles”, es decir, personal remoto sin oficinas y en gran parte trabajadores autónomos. La previsión es que se pierdan 75 millones de puestos de trabajo, pero que se demanden 133 millones para trabajos especializados como analistas de datos, desarrolladores de software, especialistas en inteligencia artificial y en machine learning o vendedores, entre otros.

El problema, y a la vez la clave, es la falta de formación de los trabajadores actuales para desempeñar estas competencias. Pero aquí también reside la solución y los autores del trabajo abogan por un verdadero sistema de formación profesional enfocada a la tecnología, así como un esquema de formación para los trabajadores en activo. Aunque la denominada brecha digital (el porcentaje de personas que no tienen contacto con la tecnología) ha descendido en los últimos diez años, aún sigue existiendo. Sobre todo en los trabajadores de mayor edad. Acerca de este colectivo, los autores también piden un sistema de pupilaje inverso en el que los trabajadores más jóvenes enseñen a los mayores a usar tecnologías en el puesto de trabajo, mientras que los de edad más avanzada enseñen otras competencias a los más jóvenes.

Algunas de las cuestiones que se abordan en El empleo en la era digital ya están aquí, como el papel de los falsos autónomos. Hace pocos días, el Tribunal Supremo español ha dictaminado que los repartidores de empresas como Glovo, Amazon, Uber o Deliveroo no son autónomos, sino personal laboral que está contratado en fraude de ley, lo que ahorra millones en cotizaciones sociales a estas empresas. Pero es que, además, estos trabajadores independientes engrosan las listas de empleados pobres, es decir, personas que tienen un trabajo, pero cuyos salarios no les dan para vivir y no gozan de los derechos laborales y sociales de los contratados. Durante años, las empresas tecnológicas han roto una de las claves del pacto social, que se fundamenta en la capacidad de contar con empleos que aporten una relativa seguridad en salario, vacaciones, acceso a prestaciones sociales en caso de accidente, etcétera.

Algunas de las recomendaciones que se hacen en el libro para generar una economía del conocimiento justa con los trabajadores y las empresas son adecuadas. El problema es que los legisladores van más despacio que la realidad económica y están presionados por las grandes multinacionales tecnológicas para legislar a su favor. Multinacionales en las que muchos de ellos acaban consiguiendo puestos bien remunerados y de alta responsabilidad. Una prueba es que Europa no tenga un sistema fiscal homogéneo tras 20 años de unión monetaria. A los propietarios e inversores de Google o Amazon les sale más rentable tener sus actividades fiscales centralizadas en Irlanda, donde tributan a tipos mínimos, que en España o Alemania.

El libro aborda aspectos importantes de ciberética, es decir, el uso de las tecnologías por los humanos, el trasvase y almacenamiento de datos personales y otras cuestiones que son de importancia vital. Aunque este capítulo se deja para el final, la realidad es que todo el debate científico-técnico debería empezar por una discusión ética que ponga los límites de lo que está bien en el uso de la tecnología. Nos ahorraríamos muchos disgustos.

El panorama puede ser mejor, pero la evolución de los hechos no augura nada bueno. ¿Queremos sociedades hipertecnologizadas? ¿La economía se debe fundamentar sólo en trabajos tecnológicos? ¿Cuál es el papel de las Humanidades en este escenario? Muchos de los problemas que hoy vivimos están provocados por el destierro de las Humanidades del mundo laboral y económico. Las escuelas ya no enseñan a pensar y se pretende que formen en manejar máquinas, programar o vender. ¿Quiénes serán los robots: las maquinas o los humanos a los que se arrancará una de sus principales cualidades, la del pensamiento crítico? Todas estas cuestiones, y muchas más, son las que nos deberíamos estar planteado para salir bien parados de la crisis moral, ética, económica y social que ha aflorado con el Covid-19. Mientras tanto lea El empleo en la era digital para saber qué pasará dentro de un par de años con su trabajo.

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