Breve historia del origen del turismo en España

Repaso a los primeros veinte años de historia del turismo en España con una explicación de su origen y de cómo fueron los inicios de la actividad turística.
Breve historia del origen del turismo en España
Panfleto de Aguas de Panticosa | Fuente: Biblioteca Nacional de España

La historia del turismo en España se remonta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando se dieron las primeras manifestaciones de un negocio que pretendía atraer visitantes al país mediterráneo. Antes de esas fechas, algunos viajeros habían recalado en España, por ejemplo Washington Irving, que escribió su famoso libro Cuentos de la Alhambra, donde dibujó una España romántica de riscos accidentados y bandoleros tras cada piedra.

Sin embargo, como en casi cualquier cuestión, la realidad era más apasionante. Para realizar esta breve historia sobre el origen del turismo en España hemos seguido el libro Historia del turismo en España en el siglo XX (Editorial Síntesis, 2007), de Ana Moreno Garrido, profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Si España ha llegado a ser una de las tres principales potencias en la recepción de turistas (más de 80 millones anuales antes de la pandemia de coronavirus) es porque hubo unos pioneros a principios de la centuria pasada.

Origen del turismo en España

En los inicios del turismo en España, la actividad privada fue la precursora para atraer a los visitantes al país europeo. Los gobiernos de principios de siglo XX no tenían entre sus objetivos la búsqueda de turistas. Los primeros empresarios privados emularon el modelo francés que se sostenía sobre tres pilares: sindicatos de iniciativa turística, clubes de montaña y excursionistas y sociedades deportivas de velocipedistas y automovilistas.

Estos pioneros comenzaron su andadura en el negocio turístico con el cierre de acuerdos y la asociación con otros empresarios en ferias y congresos. Lo que sí se vio desde el principio fue el potencial del turismo como imán de divisas a España, un país que en el arranque del siglo arrastraba un atraso en su economía, sustentada en el campo y con una escasa innovación e inversión. La peseta (la moneda nacional de España antes de la introducción del euro) era una divisa débil frente a la de otros países europeos con una economía más dinámica e internacionalizada.

La llegada de turistas a España sirvió como impulso para incentivar otras industrias y modernizar las infraestructuras. El turista no sólo visitaba espacios, sino que tenía que alojarse en posadas, hostales y hoteles, que hubieron de construirse. También consumía servicios y productos: ropa, complementos, maletas, baúles de equipaje y un largo etcétera. Cuando hablamos de turistas nos referimos a las clases adineradas, a la burguesía de finales del siglo XIX y principios del XX, que eran quienes tenían capacidad económica para viajar. El turismo de masas como lo conocemos hoy es un fenómeno con menos de 20 años de vida. Parece que todos hemos podido viajar toda la vida en avión y con billetes a precios de risa, pero esto es algo muy reciente.

Cuándo se inició el turismo en España

La profesora Moreno habla en su libro de varias motivaciones que se hallaron en el origen del turismo en España. La primera fue la terapéutica, pues muchos visitantes acudían a España buscando balnearios. Las ciudades de principios del siglo XX no tenían nada que ver con las actuales. Las grandes urbes eran lugares insalubres, con amplias bolsas de pobreza provocada por el éxodo de ciudadanos del campo a la ciudad para trabajar en las industrias que se estaban desarrollando. Por eso, uno de los primeros objetivos que perseguían los turistas adinerados eran los balnearios y aguas termales, donde además se facilitaban servicios terapéuticos.

En España, Carlos III, un rey con mentalidad ilustrada, pasó su tiempo en algunos balnearios y desarrolló el primer proyecto de este tipo de instalación en La Isabela (Guadalajara). A lo largo del siglo XIX esta industria se fue desarrollando y a mediados de ese siglo se movían unos 80.000 bañistas en España. Nunca se alcanzaron las cotas de otros destinos europeos, como Vichy o Baden-Baden, pero fue una actividad turística importante. Además, España, por su especial orografía compuesta por varios sistemas montañosos, era (y sigue siendo) un destino con mucho potencial para este tipo de turismo. De la rentabilidad de las instalaciones termales da cuenta la profesora Moreno al indicar en su estudio que en 1876 el gasto de los clientes españoles en balnearios ascendió a 7 millones de pesetas.

La segunda motivación para vacacionar en España fue el veraneo en las costas. En los inicios del turismo en España, esta actividad también tuvo una finalidad terapéutica por los efectos curativos del agua de mar, muy rica en sales y otros minerales. A finales del siglo XIX, las leyes de puertos y obras públicas hacían muy complicado enajenar terreno marítimo para construir establecimientos para bañistas. Sin embargo, con el paso del tiempo se instalaron casetas móviles, privadas y públicas, y posteriormente llegaron los balnearios litorales. El baño en la playa no tenía nada que ver con lo que es hoy. Se hacía por tiempos limitados, máximo 15 minutos, con trajes de baño completos de lana, con segregación de sexos y había que pasar previamente por el balneario, abonando las correspondientes tarifas. Bañarse en el mar tampoco era para pobres.

Revista mondariz en 1928 | Fuente: Biblioteca Nacional de España

El veraneo también fue una actividad de la aristocracia, que eligió localidades como San Sebastián para llevarlo a cabo. Ello produjo que en las ciudades de vacaciones se mejorasen las infraestructuras, se construyesen avenidas y se adecuasen para el nuevo tipo de residente estacional que recibían en la época estival. Y ello conllevó otra reacción en cadena: la construcción de los primeros hoteles de calidad en estas capitales y el desarrollo de los transportes para llegar hasta ellas. El ferrocarril, tras los vaivenes y escándalos financieros de finales del siglo XIX, recibió una fuerte inversión. Lo mismo sucedió con las carreteras, que se mejoraron para hacer más accesibles estos destinos de veraneo. De nuevo, el turismo, su faceta de negocio, sirvieron como empuje para mejorar otros aspectos económicos de España.

El tercer elemento que influyó en los orígenes del turismo en España fueron las excursiones de recreo. En este grupo se hallan las salidas a la montaña, que ya desde finales del siglo XIX se venían produciendo en España. En Europa se habían creado diversos clubes de montaña cuyos integrantes viajaron a la península ibérica para disfrutar de sus elevaciones. En España el fenómeno también encontró su sitio, sobre todo a partir del nuevo siglo. El excursionismo y la práctica de deporte al aire libre fueron otras de las iniciativas que calaron en este periodo a caballo entre dos siglos.

Los primeros alojamientos del turismo español

Antes del surgimiento del turismo moderno, en España ya existían posadas y hostales para los pocos viajeros que visitaban el país. Pero estos establecimientos no cumplían con las mínimas comodidades que demandaba el nuevo turista. Aunque desde la primera década del siglo XX se construyeron los primeros hoteles de lujo, la realidad es que hasta los años 30 del pasado siglo no se pensó en desarrollar la planta hotelera de España de forma moderna. Tampoco hay datos sólidos sobre el número de alojamientos en España a principios de la centuria pasada, pues hasta la tercera década no se editó una guía de hoteles. No obstante, la profesora Moreno cita en su estudio otra guía de 1918 que contabilizó 622 hoteles. En 1907 se celebró la primera Asamblea Nacional de Fondistas en Madrid, gracias a la que se creó la primera asociación hotelera al año siguiente. Como primer grupo de presión del sector turístico, los hoteleros se centraron en pedir a las empresas de ferrocarril (las aerolíneas del momento) la venta de billetes diarios de ida y vuelta para los turistas o tarifas especiales para el transporte de productos hosteleros. Por su lado, al Gobierno le reclamaron políticas para incrementar el flujo de turistas.

A principios de siglo XX se creó la primera red de hoteles de lujo en España. Para ello se imitó el modelo europeo, fundamentalmente el creado por César Ritz, con lo que se consiguió asemejar la hotelería española de lujo a la que ya operaba en Europa. Y ello permitió que los viajeros europeos llegasen a ciudades como Madrid y Barcelona, pues sabían que en ellas encontrarían el lujo y confort al que estaban acostumbrados en otras capitales del continente. San Sebastián y Santander, como lugares de veraneo, fueron las otras dos ciudades que se beneficiaron de los primeros hoteles de lujo.

Fachada del Hotel Ritz ed Madrid | Foto: Hotel Ritz
Fachada del Hotel Ritz ed Madrid | Foto: Hotel Ritz

Desde 1903, España contaba con el que se consideraba mejor hotel del país, el Grand Hotel de Palma, construido con estilo modernista en el casco antiguo de la capital isleña. Este alojamiento ya disponía de 150 camas, luz eléctrica e incluso baño privado en algunas de sus habitaciones (lo habitual era el baño compartido). Mallorca era una isla conocida en Europa, refugio de muchos viajeros que buscaban su buen clima casi todo el año y eso hacía que este hotel apareciese en las principales guías de viaje europeas. Algeciras o Tenerife también tenían sus hoteles, pensados para los turistas extranjeros que solicitaban el buen clima de estas regiones.

A partir de 1910 se inauguran en Madrid los dos primeros hoteles de lujo: el Ritz y el Palace, lo que también supone un acicate para la remodelación urbanística de la capital de España. En los inicios del siglo pasado, Madrid era un pueblo grande, lleno de iglesias, casas de pocas plantas y con algunos edificios neoclásicos, heredados de la etapa de la Ilustración y el siglo anterior. El rey Alfonso XIII estuvo detrás de estos proyectos hoteleros, como impulsor y también como enlace entre diferentes empresarios para que invirtiesen en los mismos. El Palace fue el primer hotel de España con aires de renovación total de la hotelería: contaba con 800 habitaciones con teléfono y baño privado. Además, el Palace se construyó enfrente de su competidor, el Ritz. A estos se fueron sumando otros alojamientos de lujo en las capitales más visitadas: Santander, con el Hotel Real (donde intervino el banquero Botín); el María Cristina de San Sebastián; y el Ritz de Barcelona, que empezó a operar en 1920.

Pioneros en los orígenes del turismo en España

En los inicios del turismo en España, el país salía de una conmoción nacional con la pérdida de sus últimas colonias del ultramar: Cuba y Filipinas. Tras la crisis de 1898 se inició el movimiento regeneracionista. Su intención era acabar con la España decimonónica y llevar al país mediterráneo al nuevo siglo a través de la cultura, el intelecto, la regeneración política y la ciencia. Por ello, desde principios de siglo se crearon los primeros escritos propagandísticos sobre las virtudes del turismo y se convocaron los primeros congresos relacionados con esta actividad económica. Desde el punto de vista político se sucedieron diferentes iniciativas en el Congreso y el Senado para regular la actividad hotelera o desplegar una red de alojamientos. También se fundaron las primeras asociaciones, como las de velocipedistas, personas que competían recorriendo en bici las carreteras españolas (la mayoría verdaderos caminos de tierra, pues el asfaltado no llegó hasta años después).

Un actor importante en los orígenes del turismo en España fueron las agencias de viajes. En 1899 se abrió una delegación de Viajes Cook en la Puerta del Sol (después sería Thomas Cook, ya desaparecida) y algunos años después se inauguraría una oficina de la Compañía Internacional de Coches-Cama. Estas empresas ayudaron a traer visitantes a España y junto a ellas empezaron a surgir otras agencias de viajes con inversores nacionales. Estos negocios nacieron como agencias de aduanas, consignatarios marítimos y agencias de transporte y evolucionaron al modelo actual. Y su propuesta de valor era similar a la de hoy: hacer más cómoda la gestión del viaje ocupándose de todo (reservas de billetes, estancias, etcétera). En España hubo algunos pioneros como la Agencia Foyé de Barcelona, Viajes Bakumar o la agencia Exprinter, que nació del periódico La Correspondencia de España. Sin embargo, a la historia (y hasta nuestros días) llegó Viajes Marsans, creada por la banca Marsanrof, y desaparecida hace unos años tras el saqueo a la que fue sometida por sus últimos gestores.

Inicios de la política turística

Queda una última parte que abordar en el inicio del turismo en España: el papel de la Administración. Como indicamos arriba, en los comienzos de la actividad turística en el país europeo, el Gobierno español no fue muy activo. Esta era una consecuencia del papel mínimo que la teoría política otorgaba al Estado antes de los años 50 de la centuria pasada, pues esta escasa intervención estatal era una máxima del liberalismo. Existía alguna regulación hotelera y los municipios con mayor afluencia de visitantes publicaron órdenes y ordenanzas para regular en lo posible estas llegadas de visitantes y los servicios que se prestaban.

La primera aparición pública importante en la historia del turismo español es la creación de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Artística en 1911. El presidente del Gobierno Canalejas puso en marcha este organismo como respuesta a las exigencias del sector privado de que la Administración se implicase más. Y el primer comisario fue otra figura destacada en los inicios del turismo en España: Benigno de la Vega-Inclán, marqués de la Vega-Inclán, que ocupó el cargo hasta 1928.

El presupuesto de la Comisaría, que se especializó en el turismo cultural, fue escaso, unas 75.000 pesetas anuales, y el comisario estaba prácticamente solo en sus gestiones. De La Vega-Inclán no cobraba un sueldo y sufragó de su bolsillo muchas de las actuaciones de la Comisaría. Su figura recibió, y sigue recibiendo, críticas por la gestión que realizó. Hubo una primera etapa de la Comisaría, hasta 1920, en la que se impulsaron las principales acciones de renovación de patrimonio y de publicación de propaganda promocional. Pero después, la inacción fue casi total.

Parador de Gredos en el momento de su construcción | Foto: Flickr Museo del Romanticismo
Parador de Gredos en el momento de su construcción | Foto: Flickr Museo del Romanticismo

En cualquier caso, De la Vega-Inclán legó al turismo español la puesta en marcha de la Casa-Museo del pintor El Greco en Toledo, así como la adecuación de la judería toledana donde se encuentra y el acondicionamiento de la Sinagoga del Tránsito. Hoy, el Museo de El Greco en Toledo es uno de los principales atractivos culturales de España. Su concepción fue la primera que se hizo con una mentalidad moderna, pensando en la escenografía, la exposición de piezas y el marketing. Otros hitos de la Vega-Inclán fueron la compra de la Casa de Cervantes en Valladolid, que se adecuó para el tercer centenario de su muerte (en 1916), diversas actuaciones en la Alhambra y el Generalife de Granada y la inauguración del Museo Romántico (hoy del Romanticismo) en Madrid.

Terminamos este rápido repaso a los orígenes de la historia del turismo en España con otro de los legados que la Comisaría Regia y Benigno de la Vega-Inclán dieron a España: la red de Paradores de Turismo. El primer alojamiento de este tipo se abrió en Gredos en 1928. Para poner en marcha la red, el comisario de turismo tomó como modelo los hoteles rurales californianos, que se adaptaban a los estilos regionales de cada comarca. La idea de los primeros Paradores fue atraer a un viajero en automóvil que deseaba llegar a zonas remotas, generalmente en la naturaleza. De esa idea a los Paradores de hoy existe toda una historia de más de 90 años, que también es la historia del turismo en España.

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