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¿Quién fue Maximiliano I de México?

El segundo emperador del México independiente provenía de Austria y fue una marioneta de intereses europeos en Norteamérica.

Maximiliano I de Mexico, por Albert Gräfle | Fuente: Museo Nacional de Historia de México

Durante tres años del siglo XIX, México tuvo un emperador europeo: Maximiliano I, archiduque de Austria y hermano del emperador Francisco José. Pero, ¿qué pintaba un noble austriaco en un país tan lejano, geográfica y culturalmente, como México?

Ferdinando Maximiliano José nació en 1832 en Austria bajo la sombra de su hermano mayor Francisco José, quien acabaría heredando el Imperio Austriaco (después el Imperio Austro-Húngaro). En 1863, Maximiliano aceptó el trono mexicano bajo la falsa creencia de que el pueblo del país iberoamericano había solicitado que un rey europeo gobernase sus designios. En realidad, Maximiliano se prestó como marioneta de los intereses europeos en México.

En el siglo XIX, México vivió parte de su historia más convulsa tras el proceso de independencia de España, que ocurrió en 1821. Tras una breve monarquía, bajo la forma política de Imperio, se instauró en México un sistema republicano. Cuando Maximiliano restauró el trono en el país hispanohablante, Benito Juárez era el presidente. Los conservadores mexicanos (fundamentalmente terratenientes y eclesiásticos) estaban molestos con el presidente Juárez, de talante liberal, quien había iniciado la Guerra de Reforma (o guerra de los 3 años). Esta fue una contienda civil que acabó con la derrota de los conservadores y la aprobación de diversas leyes que implantaron la separación entre Iglesia y Estado y eliminaron prerrogativas de la Iglesia: se nacionalizaron sus bienes, se aprobaron normas sobre matrimonio civil, registro civil y estado civil de la persona, etcétera. Es decir, Juárez fue el artífice de una república civil y laica en México, desgajando el Gobierno de la Iglesia, que hasta entonces había manejado parte de la política nacional.

A pesar de estas medidas civiles, el país mexicano se encontraba en una situación financiera muy débil, con débitos a diversos estados europeos, entre ellos Francia. En este escenario entra Maximiliano, convencido por Napoleón III, emperador de Francia, el papa Pio IX, quien quería recuperar la influencia para la Iglesia católica en México, y los conservadores mexicanos, quienes vieron la posibilidad de echar a Benito Juárez del gobierno. Maximiliano llega al país para hacerse con la corona imperial, pero para posibilitar este escenario, Francia tuvo que invadir México. Para ello, el país europeo usó como excusa la deuda que le debía México y su imposibilidad de pago. Las tropas francesas conquistaron territorio y lograron imponer a Maximiliano I como emperador del país norteamericano.

En 1864, Maximiliano I accedió al trono e intentó gobernar de una forma contraria a los intereses de los conservadores. El nuevo emperador se erigió en un defensor de los indígenas, estaba dispuesto a proclamar una legislación contraria a los grandes propietarios de la tierra, abolir la esclavitud por deudas y no devolver a la Iglesia católica su poder. Por su lado, el gobierno y las tropas de Benito Juárez habían sido expulsados por los franceses hasta la frontera norte de México con los EEUU. En abril de 1865 finaliza la Guerra de Secesión estadounidense y el gobierno de EEUU pide a Francia que sus tropas abandonen el continente, pues se estaba violando la Doctrina Monroe, por la que se había establecido que las potencias europeas no podían entrometerse en los asuntos políticos de los países del continente americano.

En 1867, las tropas francesas salieron del territorio mexicano. Entonces, el ejército de Benito Juárez empezó a ejercer una fuerte presión sobre las tropas conservadoras que apoyaban a Maximiliano. El emperador, dada su política, se había quedado sin amigos. Su mujer, Carlota, había viajado a Europa para recabar el apoyo de Napoleón III y Pio IX, los dos gobernantes que habían aupado a su marido al trono imperial de México. Ninguno respondió y en mayo de 1867 las tropas de Maximiliano capitularon y el emperador fue capturado. A pesar de las peticiones que le llegaron al presidente Juárez desde todo el mundo, decidió que se ejecutase la condena de muerte de Maximiliano I, quien fue fusilado el 19 de junio de 1867 en Querétaro. Sus restos descansan en Viena.

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