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La rápida expansión del Covid-19 pone en jaque a la industria turística

Las cuarentenas obligatorias en países como Italia o España y las restricciones de vuelos provocarán pérdidas millonarias en aerolíneas, agencias de viajes y el sector hostelero.

El sector turístico está siendo impactado directamente por las consecuencias del coronavirus de Wuhan, el denominado Covid-19. Desde enero, los vuelos a China se han reducido, pero la expansión de la epidemia al resto del mundo también está provocando cancelaciones de vacaciones, congresos (como la feria ITB de Alemania) y desplazamientos. El Covid-19 es una enfermedad altamente contagiosa y ello ha obligado a restringir viajes e imponer la cuarentena en países como Italia o España, donde se ha decretado el estado de alarma (aquí puede leer el real decreto). Y, de rebote, el turismo, que es un negocio que afecta a diferentes ámbitos económicos (transporte, bares y restaurantes, hoteles o agencias de viajes), se ve perjudicado. Desde el viernes 13 de marzo, EEUU no acepta vuelos procedentes de Europa. Donald Trump, presidente de los EEUU, ha anunciado que impedirá la entrada de viajeros europeos al país norteamericano durante 30 días para limitar las posibilidades de contagio.

En España, el Gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) ha decretado el estado de alarma en el país desde el 14 de marzo, lo que supone su cierre a vuelos extranjeros y cruceros con el objetivo de que no puedan llegar nuevos focos de infección al país europeo ni salir de él. Sánchez ha tenido que seguir el ejemplo de Italia, el estado europeo más afectado por la infección de Covid, con más de 21.000 enfermos y 1.800 muertos a fecha de este artículo. Allí, Giuseppe Conte, el primer ministro, ha decretado la restricción de movimientos en toda Italia con el objetivo de reducir las posibilidades de expansión del virus y dar un respiro al sistema sanitario, saturado sobre todo en las regiones del norte de Italia, donde se localizó el principal foco de infección. Los efectos ya se llevan notando desde hace semanas, con hoteles vacíos en Italia a causa del coronavirus.

La declaración del estado de alarma en España, uno de los tres estados de excepción que permite la Constitución para situaciones de crisis, también significa que los ciudadanos españoles y los extranjeros residentes en España no pueden salir de sus domicilios, excepto para ir al trabajo y para realizar tareas imprescindibles, como la compra o el repostaje de gasolina. Se ha prohibido la vida comunitaria en bares, retaurantes u hoteles, que han sido cerrados. La restricción de movimientos, que durará en principio 15 días con la posibilidad de prorrogarlos, también ha acabado con la festividad de Semana Santa, que se celebrará a principios de abril. Por ello, todas las empresas turísticas del país, sin excepción, se han visto obligadas a cerrar y no podrán continuar sus operaciones hasta que el Gobierno tenga la seguridad de que lo peor de la epidemia ha pasado. Exceltur, la asociación que agrupa a las grandes empresas turísticas españolas, calcula que el sector turístico perderá más de 33.600 millones de euros si el cierre del país dura cuatro meses, el peor escenario. El turismo da empleo a más de 2 millones de personas en España y a un 10% de la población mundial.

En China, el epicentro de la epidemia y que ha logrado controlar la difusión del Covid-19 tras tres meses, los viajeros que llegan a los principales aeropuertos son sometidos a un cuestionario de salud y varias pruebas que duran horas. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España indica en su web que los viajeros procedentes de los países con mayores infecciones, como España, son obligados a permanecer 14 días en cuarentena en su domicilio o en hoteles habilitados al efecto, que en muchas ocasiones tienen que pagar de su bolsillo.

Pérdidas económicas en Italia

En un tweet del pasado 9 de marzo, Caroline Bremmer, consultora de turismo en Euromonitor, explicaba que Italia recibirá 4 millones menos de visitantes en 2020 y su sector turístico sufrirá una pérdida económica de 3.000 millones de dólares a causa del coronavirus de Wuhan.

Italia es el quinto destino mundial por turismo, mientras que España es el segundo, según los datos de la Organización Mundial del Turismo.

De momento no hay estudios significativos con previsiones de impacto económico del coronavirus en el sector turístico. En la economía mundial, la OCDE prevé que, en el peor escenario, el PIB mundial disminuya un 1,5% en 2020. El organismo de cooperación y desarrollo destaca en sus últimas previsiones la importancia de China en la economía mundial, en la cadena de suministro de bienes y como consumidor de materias primas. Además, China es el principal emisor de turistas hacia otros destinos del mundo, lo que significa que aquellas regiones más dependientes de este visitante (sobre todo en Asia) sufrirán consecuencias económicas más desfavorables.

Cancelaciones en aerolíneas

En un virus que se expande a la velocidad que lo hace el Covid-19 las aerolíneas han sido las primeras empresas impactadas. Desde el punto de vista financiero, cuando se hizo evidente que se perdía el control de la epidemia en China, el precio de las acciones de las principales empresas aéreas cotizadas cayó más de un 10% a finales de febrero. Era un anticipo de lo que vendría después. A partir de marzo, las grandes compañías empezaron a cancelar vuelos. Ryanair ha anunciado que no volará a Italia hasta el 8 de abril, incluido, ni dentro de Italia ni desde o hacia el país transalpino. Finnair y las aerolíneas del grupo IAG (Iberia, British Airways y Vueling entre ellas) han tomado la misma decisión. La aerolínea británica Flybe ha quebrado el 5 de marzo por el descenso de reservas debido al miedo a los contagios. La compañía estaba en dificultades financieras desde final de 2019 y la expansión del Covid-19 ha sido definitiva para su caída.

IATA, la patronal mundial que agrupa a las grandes aerolíneas, prevé en el peor escenario pérdidas de ingresos superiores a los 129.000 millones de dólares, con caídas medias del 10% en el número de pasajeros en todas las regiones del mundo. La asociación recalca que este escenario, que sería el peor, equivale a las pérdidas que obtuvo la industria aérea en la crisis financiera que se inició en 2008.

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