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Balance del turismo extranjero en España durante 2015

Otro año perdido para llevar el turismo hacia la excelencia

El ingreso medio por turista extranjero sigue bajando en España, a pesar de que en 2015 llegaron casi 68 millones de visitantes. Las condiciones laborales del sector tampoco han mejorado en los últimos cinco años, ni los destinos han aprovechado para remodelar su oferta.

Calle de Cádiz | Foto: David Fernández

Calle de Cádiz | Foto: David Fernández

La falta de un Gobierno definitivo en España está retrasando los golpes de pecho por las cifras turísticas de 2015. En el último ejercicio, el país mediterráneo ha conseguido atraer a casi 68 millones de turistas, una cifra histórica, aunque parte de este éxito se debe a que la península se ha convertido en un destino refugio frente a la inestabilidad de competidores como Túnez, Egipto o Turquía. Desde 2010, Egipto y Túnez han perdido cerca de 7,4 millones de turistas, muchos de los cuales han recalado en España.

Sin embargo, las autoridades políticas y buena parte del sector privado no han aprovechado para hacer algunos deberes que ayuden a fidelizar estos turistas accidentales que se han desplazado al país europeo. El ingreso por turista extranjero sigue cayendo en términos reales, es decir, descontando la inflación, que es el incremento que registran los precios año tras año. Un reciente informe de Exceltur, el lobby que agrupa a parte de las grandes empresas del sector, calcula que el dinero que se deja un turista en España ha alcanzado los 741 euros de media en 2015, un 1,98% menos que el año anterior. En 15 años, el ingreso medio se ha reducido un 33,1%, ya que en el año 2000 cada turista que visitaba España se dejaba 1.108 euros.

Estas cifras, que no hay que confundir con las de gasto turístico, un indicador inflado por gastos que los turistas no realizan en España, son producto de la llegada de visitantes con un perfil de bajo coste. También son consecuencia de una oferta dirigida a este tipo de turista, en la que se propone un “todo incluido”, es decir, alojamiento y servicios por un precio fijo, o bien servicios de bajo valor añadido. Y ocurre fundamentalmente en los lugares de la costa mediterránea. Se han puesto en marcha proyectos, como la reconversión de Magalluf, en Palma de Mallorca, que han permitido elevar la categoría de una zona con hoteles de tres estrellas y atraer a otro tipo de visitante extranjero, de mayor calidad. Pero, en general, las infraestructuras turísticas de muchos destinos siguen siendo las de hace veinte o treinta años.

Así que España tiene ante sí el reto de mejorar su oferta para atraer a un turista que gaste más dinero porque desee, además de disfrutar de la playa o el interior, realizar actividades más caras, como comprar, consumir cultura o disfrutar de una gastronomía más elevada. Un mayor número de turistas también ha significado un aumento en la contratación de trabajadores en el sector, hasta 73.343, un 5,5% más, según los datos de Exceltur. Sin embargo, las estadísticas señalan que las condiciones salariales de estos empleos no son las mejores y, en subsectores determinados, como la hostelería se ha perdido poder adquisitivo. Hace pocas semanas, Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, señalaba que los trabajos en alojamientos son los peor remunerados.

Por otro lado, aunque los hoteles de casi todas las regiones de España han conseguido elevar su ingreso por habitación disponible (RevPAR), la realidad es que en el interior del país se pagan cantidades muy bajas. Las cifras varían entre el RevPAR de comunidades como Baleares, con 67,3 euros de media, o Canarias, con 69,5 euros, y Extremadura, con 18,7 euros, o Castilla y León, con 21,2 euros. Entre otras causas, la falta de un plan turístico para el interior de España, que le dé visibilidad en los mercados internacionales, provoca esta dualidad en los precios.

Cuando el Partido Popular llegó al poder en diciembre de 2011, se publicitó en Plan Integral Nacional de Turismo. A falta de una evaluación del mismo, los desafíos de fondo del turismo español no se han modificado en casi cinco años. No sólo es una cuestión política, sino también empresarial, de cambio de un modelo productivo en el turismo que apueste por el capital humano, la captación de un turista con mayor poder adquisitivo y el mejor uso de las tecnologías frente a los grandes números y los volúmenes de visitantes elevados.

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