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Los primeros textos escritos en castellano, en La Rioja

Glosas y manuscritos del Monasterio de Yuso que nos hablan en romance

Encontramos los primeros textos escritos en castellano en el Monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla.

Vista del Monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla | Foto: Turismo de la Rioja

SAN MILLÁN DE LA COGOLLA (LA RIOJA).- El padre José Luis Untoria, al que se puede escuchar más abajo, nos conduce a través de las diferentes estancias del Monasterio de Yuso, Patrimonio de la Humanidad desde 1997, mientras nos pone en la pista sobre el origen de una lengua que aglutina a más de 500 millones de hablantes: “en este valle aparecen las primeras palabras escritas en castellano”.

En una vitrina descansa una reproducción del Códice 60, que hoy se encuentra en la Real Academia de la Historia de Madrid, un manuscrito en el que un monje benedictino escribió por primera vez en romance, un término más apropiado que el de castellano para Javier García, profesor de Historia Medieval de la Universidad de La Rioja. El docente ha respondido a este medio y a Viajesdeprimera.com en una entrevista conjunta.

El códice es un texto en latín, pero el monje fue realizando anotaciones, o glosas, en los márgenes del mismo en una lengua diferente. Pero hay más, en el mismo texto existen anotaciones en un euskera primitivo. Que dos lenguas romances convivan en una zona como La Rioja no es raro, puesto que esta región perteneció a los diversos señores agrupados bajo la corona de Castilla, cuyos reyes eran propietarios también de las tierras vascas. La cercanía con el reino de Pamplona también fomentaba el intercambio y, muchas veces, las guerras de conquista y el cambio de posesión de un reino a otro.

Facsímil del manuscrito 60 y las glosas emilianentes | Foto: David Fernández
Facsímil del manuscrito 60 y las glosas emilianentes | Foto: David Fernández

Pero, la declaración del Monasterio de Yuso como la “cuna del castellano” no deja de ser una etiqueta de propaganda política. Y es que la realidad del surgimiento del idioma es más apasionante y, también, más compleja, porque involucró a diferentes zonas de la geografía ibérica. García Turza recuerda que “hasta 1076, el territorio actual de La Rioja estaba bajo el dominio del reino de Pamplona”, así que “sería una enorme imprecisión denominar a estas formas escriturarias [las glosas] como castellanas”. Además, García recuerda que “estas tendencias a escribir en lo que se llamará romances arraigan fuertemente en La Rioja y Castilla, esto es, en los alrededores de San Millán, Cardeña, Silos y quizá Oña, Burgos e incluso más al oeste”.

Lo que sí es cierto es que el manuscrito del monasterio de San Millán de la Cogolla es la prueba más antigua del surgimiento de una lengua diferente al latín. Javier García, que ha dedicado años de estudio e investigación a esta materia, refiere que del escritorio del monasterio “surgieron, y no por casualidad, los primeros, los más abundantes y los mejores textos escritos de una lengua que ya no es latín, que denominamos romance, y que nos hablan del enorme caudal de conocimientos y de medios con que contaban los monjes emilianenses en la Alta Edad Media”.

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El manuscrito 46

Sin embargo, aún siendo importante el manuscrito 60, que es el que contiene los primeros retazos de un castellano muy primitivo, Javier García piensa que es capital reivindicar la importancia del manuscrito 46. Este último códice se redactó en San Millán de la Cogolla en el año 964, muy anterior a las glosas del manuscrito 60. ¿Cuál es su relevancia? Se trata de un diccionario en latín, pero que está “impregnado de palabras y frases romances o romanceadas, por lo que se convierte en un imprescindible instrumento para el conocimiento de los orígenes de la lengua española”, revela García.

Pero todavía es más relevante al saber que “muchos de sus artículos sirvieron de modelo para la copia y transmisión de las glosas hispánicas, tanto de las Emilianenses y Silenses como de otras recogidas en distintos códices”. Es decir, que el manuscrito 46 se usaba como referencia para escribir en romance y saber qué significaba cada término. Y, por si todo esto fuera poco, García explica que este códice “recoge numerosas glosas escritas en alemán”. Es decir, que si hay que situar el surgimiento de la lengua romance escrita (que no oral) en un documento, este manuscrito sería el primero, hasta el momento, que reflejaría esta realidad.

Hoy son muchos los lugares del mundo donde se habla español, la segunda lengua más usada del planeta, por número de parlantes.

La conformación del castellano

“Al menos desde el siglo VI, el latín ya no era la lengua materna de ningún pueblo peninsular, pero seguía siendo la más extendida de las lenguas vivas”, explica el profesor Javier García Turza. Y es que los hombres de la Iglesia, el clero secular y los monjes seguían manejando el latín. Los documentos jurídicos y administrativos también se redactaban en esta lengua. Entonces, ¿cómo surge el castellano? García sostiene que “en algunos de los grandes monasterios españoles, entre ellos en el de San Millán [de la Cogolla], aparecen los primeros textos escritos en la lengua materna, es decir, en una lengua que ya no es la latina, y que por eso se diga que asistimos al nacimiento de la lengua romance”. Hay que tener una cosa en cuenta, el romance (que no el castellano) no se inventa en los monasterios, sino que es en estos lugares culturales donde se plasma por escrito lo que el pueblo normal ya hablaba fuera de sus muros. García es más contundente y señala que “ni aquí ni en otro lugar nace nada; solo que de las plumas de los escribanos de estos monasterios surgen los primeros escritos en romance, pero nunca en castellano (al menos para el caso de La Rioja)”.

Lápida en honor al primer comentarista en lengua romance, con el texto de una de las glosas | Foto: David Fernández
Lápida en honor al primer comentarista en lengua romance, con el texto de una de las glosas | Foto: David Fernández

El profesor de la Universidad de La Rioja sigue desgranando este recorrido por la lengua y manifiesta que “a partir de los siglos IX-X, la lengua materna de los distintos territorios es el romance, que se viene definiendo por su pertenencia a los ámbitos políticos que los albergaban”. El profesor explica que “el dialecto castellano evoluciona con más rapidez que los otros y se muestra distinto a todos, con poderosa individualidad”. En función del reino ibérico en el que nos situemos se hablaba una variedad de romance, por ejemplo el dialecto navarro-aragonés se asemejaría al de León, y en este dialecto también influyó el Mediodía francés.

Aunque pueda parecer que la Península ibérica medieval era una inmensa Torre de Babel en la que nadie se entendía con nadie, esta apreciación no es correcta. García refiere que los investigadores están seguros de que “en estos registros idiomáticos eran muchos más los elementos semejantes que los diferentes, de tal manera que los hablantes romances de las diferentes zonas ibéricas se entenderían sin aparentes problemas entre ellos”.

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