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Aena sale a bolsa el 11 de febrero

Las acciones de la última joya pública de España llevan detrás el lastre de la deuda

Aena, la empresa pública de España que gestiona los aeropuertos del país, empieza a cotizar con retraso respecto a la fecha prevista. ¿Qué significa esta salida a bolsa y qué riesgos principales se esconden tras la misma?

Ana Pastor, ministra de Fomento, en la presentación sobre la salida a bolsa de Aena | Fuente: La Moncloa

Ana Pastor, ministra de Fomento, en la presentación sobre la salida a bolsa de Aena | Fuente: La Moncloa

Aena ya tiene fecha de salida a bolsa: el 11 de febrero la empresa pública de aeropuertos españoles cotizará en el mercado bursátil y será semiprivatizada. El salto al parqué se produce con retraso, ya que estaba previsto para el mes de noviembe pasado, pero un defecto en la forma en que se adjudicó la auditoría de las cuentas para la cotización paralizó el proceso, lo que obligó a Ana Pastor, ministra de Fomento, a convocar un concurso público que ha retrasado la cotización.

Aena seguirá siendo semipública, ya que el Estado se reserva el 51% de las acciones de la compañía, mientras que el 49% restante son los títulos que se colocarán entre inversores privados, en total, 42 millones de acciones. Aunque el Gobierno de Mariano Rajoy (Partido Popular) ha vendido el discurso de que cualquier ciudadano tiene la posibilidad de acceder al capital de Aena, la realidad es que los inversores particulares sólo podrán hacerse con un 9% de todas esas acciones. Del resto, un 21% de las acciones han acabado en manos de tres inversores de referencia (la familia March, el grupo Ferrovial y el fondo de inversión TCI) y el 19% restante podrá ser comprando por inversores cualificados, es decir, fondos de inversión o entidades financieras. La compra de las acciones se podrá realizar por los canales habituales de inversión, por ejemplo, las entidades financieras españolas.

La empresa pública de aeropuertos ha mejorado sus resultados en el último año gracias a las políticas orientadas a conseguir nuevos ingresos y al calor de la masiva llegada de turistas a España, pero tiene tres desafíos por delante. El primero de ellos es su abultada deuda, de más de 11.000 millones de euros, producto del derroche en aeropuertos innecesarios en los años del boom constructivo español. En segundo lugar, de los más de 40 aeródromos que controla Aena, algo menos de la mitad obtienen beneficios, mientras que el resto son deficitarios y un lastre para toda la red aeroportuaria. Un reciente informe del Tribunal de Cuentas Europeo criticaba la falta de escrúpulos de los gobiernos socialistas y populares a la hora de asignar subvenciones europeas para la construcción o ampliación de aeropuertos inútiles. En tercer lugar, la plantilla de la empresa semipública puede originar conflictos laborales si percibe que los nuevos gestores no son sensibles a sus reclamaciones.

En cualquier caso, Aena es una de las pocas joyas públicas que le quedan a España. La valoración en bolsa de la empresa se situará entre los 6.225 millones y los 8.025 millones de euros, si el precio de las acciones se mueve entre los 41,5 euros y 53,5 euros, como prevén los principales actores del mercado bursátil. Esta valoración es el resultado de multiplicar los 150 millones de acciones de la compañía por el precio unitario de cada título. En total, el estado español ingresará entre 1.743 millones de euros y 2.247 millones de euros por la venta de los 42 millones de acciones.

Riesgos de invertir en Aena

La realidad es que Aena ha pasado a ser una empresa muy apetitosa. En el plazo de dos años se ha movido de las pérdidas de 214 millones de euros en 2011 a los beneficios de 596 millones en 2013. La compañía ingresa cada año 2.931 millones de euros, el 76% procedente de su actividad aeronáutica: cobro de tasas y servicios a aerolíneas y viajeros. Es una empresa que tiene su negocio casi asegurado, porque es difícil que las aerolíneas dejen de volar a España y su flujo de clientes se sitúa en los 196 millones de anuales de pasajeros. Sin embargo, en el folleto de la salida a bolsa, documento donde se explican las interioridades de la empresa, se detallan algunos riesgos.

En primer lugar, las tarifas que cobra Aena a aerolíneas y pasajeros están reguladas por el Gobierno español. Esto hace que la dependencia entre ingresos y tráfico en los aeropuertos sea enorme. Los gestores no podrán elevar las tarifas si el tráfico cae para compensar las pérdidas, por ejemplo. Aquí la incidencia de otros grandes centros aeroportuarios, como Francia, Reino Unido y Alemania también es importante. Los aeropuertos de Madrid-Barajas y Barcelona-El Prat son los que aportan la mayor parte de ingresos, pero compiten directamente por vuelos con Paris-Charles de Gaulle o Londres-Heathrow. El tren de alta velocidad también es una competencia externa para rutas como la de Madrid-Barcelona o Madrid-Valencia, donde casi es la primera opción de viaje.

Los accidentes de aviación, los ataques terroristas y el ciberterrorismo también están contemplados como posibles riesgos. Sin embargo, el más prosaico es el de la deuda: 10.914 millones de euros a 30 de septiembre de 2014. Mientras Aena genera beneficios e ingresos suficientes, no habrá problema en repagar esta deuda.

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