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Qué ver en Alcalá de Henares

La ciudad complutense de las piedras y las letras

Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares | Foto: David Fernández

Alcalá de Henares, Patrimonio de la Humanidad desde 1998, ha sabido sacar provecho a la figura de Miguel de Cervantes. Ciudad de letras y de piedra, como atestigua su centenaria universidad, su palacio arzobispal y su muralla medieval. Y no sólo: restos romanos, árabes y judios complentan su atractivo.

Alcalá de Henares es una sinfonía de piedra añeja que lanza destellos de letras a cada paso. Son su Universidad, Miguel de Cervantes o la letra pequeña de dos mil años de historia que se concentra en sus yacimientos, palacios y plazas. En el recorrido por esta urbe al Este de Madrid, aliñado con reminiscencias épicas, también nos asaltan nombres como el del Cardenal Cisneros, Cristóbal Colón o Manuel Azaña.

A muy poca distancia hay tres plazas que suponen las tres estaciones del recorrido por la Alcalá histórica, Patrimonio de la Humanidad desde 1998, y que cierran entre sí un triángulo que la hace diferente, con sus vértices universitario, literario e histórico. La plaza de San Diego remite a la institución que más ha paseado el nombre de Alcalá por el mundo: una universidad con más de cinco siglos de enseñanza a sus espaldas. Por otro lado, la Plaza de Cervantes, consagrada a su más célebre vecino, el Príncipe de los Ingenios, don Miguel. Y, la tercera en importancia, la plaza de los Santos Niños, que nos da paso a una de las dos catedrales magistrales del mundo.

Alcalá es Cervantes

Decir Alcalá de Henares es decir de forma casi inmediata Miguel de Cervantes, que da nombre a la más céntrica de sus plazas. En la ciudad nació en 1547 el universal creador de Don Quijote, y es el kilómetro cero para 200.000 vecinos que recuerdan al escritor con una escultura de estilizada figura bañada en bronce. Don Miguel nació muy cerca de donde se sitúa hoy inmortalizado: en una casona a la vuelta de una esquina en la calle Mayor (que fue límite de la judería), donde hoy se encuentra el museo Casa Natal. En el mismo se reproduce una vivienda solariega de época y muestra varios “quijotes” de coleccionista en diversas lenguas.

A las puertas de este museo, las esculturas de don Quijote y Sancho descansan en un banco de piedra al que no hay turista que, cámara en mano, se resista. Es la foto más solicitada en la excusión a Alcalá, que ha sabido sacar partido a la carta de bautismo de Cervantes, aunque el escritor sólo vivió sus primeros tres años en la ciudad. La Casa Natal, uno de los museos más visitados de la Comunidad de Madrid, abrió el debate sobre si fue allí exactamente donde nació o no el autor del Quijote, aunque los documentos apuntan, cada vez más, a que fue así. No obstante, apenas queda en esta imitación de casa solariega un resquicio de lo que habría de ser la morada de una familia de baja nobleza, aunque da muestra de cómo podían ser las cocinas, comedores o dormitorios de una casa solariega del siglo XVI.

La ciudad se siente plenamente identificada con el autor y cuenta con otro edificio consagrado a su figura en la Capilla del Oidor, que ocupa una de las esquinas de la plaza que lleva su nombre, antigua Plaza del Mercado. Este Centro de Interpretación de los Universos Cervantinos es un coqueto museo que incluye la pila en la que fue bautizado y algunas curiosidades de los fondos municipales sobre el autor de La Galatea.

Por todo ello, poco importa que Cervantes situara a sus más célebres personajes en La Mancha y que diese rienda suelta a su imaginación en otras ciudades como Valladolid o Córdoba. Hasta tal punto existe identificación entre Cervantes y Alcalá de Henares, que el autor presta su nombre a una plaza, una calle, un teatro, una asociación vecinal, un instituto, un hostal y una residencia de ancianos; pero también “dona” apellido a no pocos emplazamientos de letras como academias, librerías o imprentas, y a una infinita lista formada por cafeterías, cervecerías, restaurantes, peluquerías, ópticas, talleres de mecánica…

Otra prueba más que evidente de esta apropiación de Cervantes es la celebración cada año de la Semana Cervantina, fiesta de interés regional que coincide con el día del bautismo del escritor en Alcalá de Henares, el 9 de octubre. Las calles de la ciudad ponen su piedra a disposición de mercaderes y artesanos o encantadores de serpientes, corren los licores y, cada vez más, las tapas tradicionales, mientras vuelven los asnos a las calles, la calzada se cubre de paja y la música de las dulzainas acompaña el recorrido por el Siglo de Oro, en un homenaje de época.

Alcalá es universidad

Si algo ha distinguido a la sociedad alcalaína ha sido su universidad, que cuenta con cinco siglos de historia y fue una de las primeras en constituise en la Península ibérica. De hecho, Alcalá es ciudad complutense porque así se llamó su universidad antes de trasladarse a Madrid. La Universidad de Alcalá de Henares (antigua Universidad Complutense) se cerró por real decreto en 1836 y volvió a dar ambiente universitario a la ciudad a finales de los años setenta del siglo XX, adoptando su actual nombre. En el recuerdo queda el honor de haber matriculado a ilustres nombres del Siglo de Oro, como Lope de Vega o Francisco de Quevedo, quien utilizó la ciudad como escenario de varios pasajes de El Buscón, y más tarde a otros como Jovellanos.


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A parte de sus discípulos más famosos, la Universidad, fundada en 1499 por el cardenal Gonzalo Ximénez de Cisneros, muestra uno de los rincones más bellos de la ciudad, en la plaza de San Diego, donde se sitúa su rectorado, escenario, cada 23 de abril, de la entrega del Premio Cervantes. Su imponente fachada renacentista, obra del arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, es una talla en piedra motivos filosóficos y teológicos y se levanta majestuosa desde 1553, veinte años después de la muerte de su fundador.

El edificio cuenta con varios patios de obligada visita en su interior. El primero es el herreriano de Santo Tomás de Villanueva (comenzó a construirse en 1618 y fue rematado en 1662), que forma un claustro de tres pisos repleto de arcos. Ya en pleno corazón del edificio y tras acceder por el anterior, se llega a otro espacio, el patio de los Filósofos (siglo XIX) y ajardinado, que invita al recogimiento. Por último, el más posterior de los patios desde la entrada es el Trilingüe. Este nombre proviene del colegio de San Jerónimo o Trilingüe, ya que en ese lugar se instalaron en el último tercio del siglo XVI las aulas para la enseñanza del latín, el griego, el hebreo y el arameo, idioma en el que se editó la Biblia Políglota Complutense, una de las joyas de los tiempos de Cisneros. Se trata tal vez del espacio interior de mayor interés artístico y desde el que se accede al Paraninfo de la Universidad.

Alcalá es universalidad

La ciudad complutense fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998. Este hecho supuso un espaldarazo para la que posiblemente sea capital cultural de la Comunidad de Madrid, siempre respaldada por el fenómeno Cervantes y por los muchos edificios centenarios que pueblan su casco histórico. Las presencias medievales son comunes en una ciudad que mantiene parte de su muralla feudal y un palacio Arzobispal escenario de importantes capítulos de la Historia de España.

Como curiosidades y con el sencillo objetivo de dar algunas pinceladas, cabe decir que Alcalá de Henares fue, antes que nada, Complutum, una villa romana en el valle del río Henares. Se pueden realizar visitas al conjunto arqueológico que da muestra de ello, con una Casa Hippolytus del siglo III donde se observan restos de un colegio dedicado a la educación de los jóvenes patricios romanos. También hay muestras de la ingeniería romana a través de restos de cañerías y desagües, así como otros centros de ocio y ejemplos del refinamiento de la vida romana en este rincón de su Hispania.

Por su lado, en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares se celebró la primera entrevista entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón para que los monarcas financiasen su viaje a través del océano, lo que dio lugar al descubrimiento del continente americano para Europa. El Palacio Arzobispal, rodeado por la muralla medieval, se levanta imponente con su sobria estructura, junto a la antigua carretera de Barcelona, la actual Vía Complutense. El mismo fue residencia de los arzobispos de Toledo y de importantes nobles de la ciudad desde el siglo XIII hasta comienzos del XIX y hoy se encuentra allí la sede del Obispado de Alcalá. En 1939 sufrió un devastador incendio que acabó con algunas de sus joyas, como el artesonado mudéjar del Salón de Concilios o el Patio de Fonseca. En pie se mantienen torreones como el de Tenorio y un amplio espacio, la Huerta del Obispo, que tan pronto acoge conciertos de Ferias o actuaciones multitudinarias, como sirve anualmente de escenario, en las noches del Día de Todos los Santos, para la representación al aire libre del Don Juan Tenorio, que reúne a miles de vecinos y visitantes.

La historia de Alcalá menciona también con letras mayúsculas a los árabes y los judíos, que han dejado su huella en numerosos rincones. Y, en el último siglo, cabe mencionar el nombre de Manuel Azaña, escritor, pensador y presidente de la II República, del que la ciudad se siente orgullosa y mantiene su casa museo. Se trata del segundo gran vecino, siempre detrás de Cervantes, aunque en este caso no cuenta con un respaldo tan consensuado por parte de todos, dadas las connotaciones ideológicas.

Por último, cabe destacar que no tiene Alcalá una gastronomía especialmente propia, aunque sí muchos bares de tapas, gran ambiente los fines de semana y su zona de bares de copas, en pleno Centro. La Semana Santa, sin ser grandiosa como en Sevilla, Granada, Zamora o Cuenca, sí echa a las calles una más que digna Pasión gracias a los crecientes esfuerzos de sus cofradías.

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