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Korčula, Marco Polo y Croacia

La isla dálmata de los pioneros

Vista aérea de la isla de Korcula | Foto: Oficina de Turismo de Korcula

Korčula es una pequeña isla croata que se congeló en la Edad Media, cuando la República de Venecia y la de Génova luchaban en los mares. Cuna de Marco Polo, pionero descubridor de Oriente, es uno de los destinos más atractivos del Mar Adriático.

Korčula, la ciudad dálmata con el mismo nombre que la isla de la región croata de Dubrovnik, es el origen de la familia de Marco Polo. Y fue desde allí donde este famoso explorador comenzó su viaje hacia el Lejano Oriente. Korčula fue una colonia clave de la República de Venecia (421-1797) durante varios siglos y mantuvo una importante población de navegantes mercaderes. Y, por esos milagros de la Historia, la principal población de la isla ha permanecido en una extraña cápsula del tiempo, manteniendo casi intacta su arquitectura amurallada y típicamente medieval, con sus torres y unas casas de tejadillos rojos muy típicas y llamativas desde el siglo XVI. Quizá una terrible plaga de peste, que dejó diezmada a la población en ese siglo y que pasase a segundo plano por su interés estratégico, hicieron que la ciudad haya conservado su esencia.

Uno de los primeros elementos que llama la atención es que la localidad fue construida con la forma de una hoja de parra, permitiendo que la ventilación de sus calles no entorpeciera la propia defensa del emplazamiento. Es recomendable entrar en el recinto por la llamada Puerta de Tierra, flanqueada por espléndidas torres defensivas. Más allá van surgiendo pequeñas plazas perfectamente ordenadas, casi siempre presididas por edificaciones religiosas que se correspondían con las diferentes parroquias. La catedral está dedicada a San Marcos, como era natural en una colonia de la Serenísima, el sobrenombre de la república veneciana. En el interior del templo descubrimos desde un Tintoretto en el Altar Mayor a otras muchas obras de artistas venecianos de primera línea. Muy cerca de la catedral se encuentra la llamada Casa de Marco Polo, que vale la pena visitar, aunque sólo sea por conocer el interior de una casa noble del siglo XIV en esta región mediterránea.

Mente y mar abiertos

Korčula es una de las ciudades medievales mejor conservadas del Mediterráneo. De hecho, algunos de los planos que existen sobre el municipio se remontan al siglo XIII. Su espíritu se caracterizaba porque sus habitantes eran muy abiertos, quizá por la fuerte actividad marítima que se desarrollaba en la isla. Además del ser la ciudad de origen de la familia de Marco Polo, también es famosa por haber sido el escenario de una de las más cruentas batallas navales de la Edad Media entre las dos grandes repúblicas de la época: Génova y Venecia, en 1298. De hecho, fue el propio Marco Polo quien, con 44 años, comandó la galera “Polovih”, que formaba parte de la flota veneciana. En esa ocasión fue apresado y, ya en la cárcel de Génova, comenzó a escribir el libro en el que resumió las experiencias vividas durante un período de veinte años en lugares del mundo que, por ese entonces, eran completamente desconocidos.

Quizá porque no era muy dado a la escritura, fue Rustichiello, un escritor de novelas caballerescas, quien copió al dictado las memorias de Marco Polo. Así se escribió lo que tiempo después sería la Descripción del mundo y que hoy conocemos como Un millón de Maravillas. La aparición de los textos sobre los viajes de Marco Polo, de su padre y de su tío, significó el desplazamiento de las fronteras orientales del mundo conocido en esa época. Gracias a Marco Polo, los europeos tuvieron por primera vez noticias sobre el Tibet, Madagascar, Japón y otras lejanas tierras; también sobre el dinero en papel, el carbón, el petróleo y la porcelana. Y algunos descubrimientos chinos, como los bloques (o tipos) en la técnica de la impresión y la pólvora, fueron una gran novedad en el mundo occidental. Al final, los europeos, y después de ellos todo el mundo, se convirtieron en grandes amantes de uno de los productos culinarios chinos: los spaghetti…

La isla natural

Además, la isla de Korčula es uno de los puntos más verdes del Mar Adriático, muy fértil y en ella abundan los árboles frutales en sus numerosos huertos, casi siempre bordeados de altivos cipreses. La isla en sí misma es rica en arte y cultura, así como por su hermosa naturaleza, pues cuenta con numerosas playas y pequeñas bahías aisladas, islas pequeñas y deshabitadas y unas vistas impresionantes.

La enorme tradición cultural y artística de Korčula se manifiesta en sus numerosos museos, galerías y festivales. Por ejemplo, la danza Moreska de la espada es uno de los bailes populares más famosos del mundo. Se bailaba por todo el Mediterráneo, pero ahora sólo se interpreta en la isla.

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CÓMO IR

Korčula se encuentra al sur de la costa dálmata, por lo tanto, la mejor manera de visitarla en un día es saliendo desde Dubrovnik en una excursión organizada por las agencias locales o bien en coche atravesando la península de Peljesac y tomando el ferry en el pequeño pueblo de Orebic. Se tarda tan solo 15 minutos en barco y tiene una alta frecuencia, sobre todo en temporada alta. También hay conexión con el pueblo de Vela Luka en la isla de Korčula desde Split y la isla de Hvar, pero en catamarán.

QUÉ COMER

En la costa adriática, la comida típica es el pescado y el marisco. Además la isla es muy rica en viñedos, por lo que recomendamos probar alguna de las variedades de vino de esta región dálmata.

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