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Estella-Lizarra: la judería rica

Plaza de San Martín en Estella | Foto: Beatriz de Lucas Luengo
Fotos: Beatriz de Lucas Luengo

La localidad navarra de Estella-Lizarra albergó la tercera judería más importante del antiguo reino medieval. Sus habitantes aportaban el 10% de los impuestos de la corona.

En sentido contrario a su corriente, el río Ega nos conduce hacia Estella, ciudad navarra nacida al calor del Camino de Santiago, dibujado por Sancho el Grande en el reino de Pamplona-Nájera. El arqueólogo Mikel Ramos espera frente a la Iglesia de San Pedro de la Rúa para llevarnos de la mano por los lugares en que se asentaban los sefardíes de Estella. Como ocurre en Calahorra, los vestigios de la aljama hebrea no están a la vista, sino enterrados.

Ya hay noticias de los judíos estelleses en 1135, cuando Sancho el Batallador cedió a los nobles de este concejo la antigua judería, denominada El Gacena. No se sabe muy bien dónde se situaba este barrios, pero Ramos, que ha dirigido excavaciones en algunos puntos de la ciudad, la sitúa justo encima de la Iglesia del Santo Sepulcro, que podemos admirar en la calle Curtidores. Una leyenda indica que se obligó a los judíos a levantar este templo, pero Mikel Ramos la desmiente.

Detalle de la Iglesia del Santo Sepulcro en Estella | Foto: Beatriz de Lucas Luengo

Detalle de la Iglesia del Santo Sepulcro en Estella | Foto: Beatriz de Lucas Luengo


Primera parte del viaje por las juderías del destierro: Calahorra, la judería en la memoria


Aunque no se conoce la extensión de la aljama vieja de Estella, algunas investigaciones han descubierto detalles concretos de hasta dónde podían llegar sus límites. Por ejemplo, bajo la actual Iglesia de Santa María Jus del Castillo se encuentra la sinagoga. Y al sur de este templo se han hallado varias casas de la judería. Parte de sus muros se encuentran al aire libre, pero no se pueden apreciar muchos detalles. Los estudios arqueológicos confirman que las casas de la aljama se construyeron con el mismo adobe que el resto de la Estella cristiana, por lo que no hay elementos característicos definitorios: pese a las diferencias religiosas, las necesidades mundanas de las personas eran, y son, las mismas.


Viaje por la Red de Juderías, Caminos de Sefarad


De esta judería, sus moradores se mudaron a la nueva, que se construyó a los pies del castillo de Belmecher (junto al de Lizarra, uno de los dos castillos de Estella). La aljama nueva se situó como la tercera en importancia de toda Navarra, detrás de las de Pamplona y Tudela. Aquí se asentaron unas 450 personas que debían tener una cierta capacidad económica, ya que la judería de Estella aportaba el 10% de los impuestos de la corona navarra en el siglo XIII. Su potencia económica como comunidad y su relación con el poder eran otras características de los judíos hispanos, alcanzadas en parte por fuerza y en parte por necesidad. A la fuerza porque, a partir del siglo XIII, la Iglesia católica se preocupó mucho de que se prohibiese a los hebreos el trabajo de la tierra (para que no poseyesen heredades) lo que les empujó a la artesanía, el comercio o las finanzas. La necesidad de conservar su cultura e instituciones potenció su relación con el poder, en cuyos círculos buscaban la protección necesaria.

Muro de la judería nueva en Estella | Foto: Beatriz de Lucas Luengo

Muro de la judería nueva en Estella | Foto: Beatriz de Lucas Luengo

A pesar de ello, los judíos de Estella no se libraron de las persecuciones, habituales en el siglo XIV y que dan muestra de las tensiones de convivencia entre las diferentes confesiones. En 1328, el vacío de poder en el trono navarro provocó que nobles y clérigos arruinados asaltaran la judería para destruir las cartas de crédito por los préstamos que debían. Muchas familias judías se trasladaron a otras poblaciones cercanas. Las persecuciones y las prohibiciones sustentan la teoría de la mayoría de los historiadores: más que convivencia, cristianos y judíos coexistían con relativa calma en espacios comunes. En la Península del primer medievo, los reyes cristianos repoblaron las fronteras con judíos porque sus muertes a manos de invasores musulmanes se consideraban menos escandalosas.

Además, Mikel Ramos nos recuerda que en el Reino de Navarra no hubo decreto de expulsión de los judíos, pero que los Reyes Católicos presionaron lo suficiente como para que en 1498 los sefardíes se viesen obligados a coger sus bártulos y exiliarse. De la nueva judería sólo queda en Estella la muralla que le servía de protección, visible a lo largo de 300 metros, en la colina que está encima de la calle Curtidores.

Nos despedimos de Mikel, pues en Calahorra nos espera una cena sefardí en el Hotel Ciudad de Calahorra. En este alojamiento familiar y con solera, regentado por Mercedes Virto, el guisado sefaradí, como se le denomina en ladino, que se cocinaba siguiendo las reglas del Kashrut (de lo correcto). Este plato es el origen de muchas recetas españolas tradicionales, como los distintos cocidos españoles actuales, proveniente de la adafina hebrea. Disfrutamos de estas delicias y nos dejamos llevar por la animada conversación.

Viaje por las otras juderías del destierro:

Corrección 24/11/2017: En el último párrafo del texto hemos introducido varias aclaraciones sobre el guisado sefaradí y la forma de cocinarlo con respecto a la versión original.

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