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Edimburgo en tres días

Vista de Edimburgo y Calton Hill desde el castillo | Foto: David Fernández

Visitar Edimburgo en tres días nos llevará a una de la capitales europeas más turísticas. Aquí te contamos qué hacer y ver durante tu estancia, aunque avisamos que tres días no son suficientes para exprimir todo lo que la ciudad tiene que ofrecer.

Edimburgo cuenta con varios lugares de interés que ver. Una escapada a Edimburgo en tres días es una buena oportunidad para empaparse de la ciudad, pero es recomendable realizar una visita de cuatro o cinco días para aprovechar alguna excursión a otras zonas de Escocia.

Primer día en Edimburgo

Si llegamos a Edimburgo en avión, lo más recomendable es tomar un autobús que nos lleve al centro. Existe una especie de lanzadera que nos deja a muy pocos metros de la Royal Mile, calle principal de la zona antigua sobre la que girará nuestro recorrido en esta visita de tres días. Otra posibilidad es montarnos en un taxi para que nos lleve a una dirección concreta. En este caso el precio del servicio asciende a unas 25 libras esterlinas de media, aunque siempre dependerá de nuestro destino final.

Vista de Edimburgo y Calton Hill desde el castillo | Foto: David Fernández

Vista de Edimburgo y Calton Hill desde el castillo | Foto: David Fernández

Una vez en la capital debemos tener en cuenta varias cosas para movernos por ella y acceder a los lugares de interés. Edimburgo no tiene metro, a diferencia de otras ciudades de gran tamaño europeas. Con lo que sí cuenta es con un buen sistema de autobuses, muy cómodos, aunque a veces, sobre todo en horario nocturno, su puntualidad deja mucho que desear. Es conveniente saber que en una misma parada pueden pasar autobuses con idéntico número de línea pero con diferente recorrido, por lo que es aconsejable conocer bien a qué hora concreta debemos tomar un determinado autobús. En las paradas existen planos con los trayectos que realiza cada servicio.

¿Qué ver en el centro de Edimburgo en 3 días? Nuestro recorrido puede comenzar en el Ayuntamiento, que data de 1714 y se sitúa en la parte superior de la Royal Mile, calle conocida como la “espina de pescado” por los innumerables callejones que se abren a sus lados. Consta de doce plantas, algunas de ellas subterráneas, e incluso con leyendas de apariciones fantasmagóricas en las mismas. De hecho, la capital escocesa es un destino del turismo de misterio por excelencia. Del Ayuntamiento podemos pasar a Merkat Gross, justo enfrente, la antigua plaza del mercadillo, donde se realizaban los anuncios de importancia y también se ajusticiaba a la gente. Esta plaza coincide con la del antiguo Parlamento escocés, que hoy es el Tribunal Supremo de Escocia.

Ya te habrás dado cuenta de que la plaza está presidida por la Catedral de Saint Gilles. Dentro de la misma se encuentra la capilla de la Orden del Cardo (símbolo de Escocia), fundada por Robert Bruce, el famoso señor medieval que, junto con William Wallace, luchó por la independencia de Escocia frente a la dominación inglesa. La religión ha sido un tema de enfrentamiento constante en algunas regiones del Reino Unido. En el caso escocés, el dominio de Inglaterra supuso la imposición del credo anglicano, lo que originó una rebelión en 1637 que se inició en esta catedral (hasta entonces la confesión dominante del cristianismo era la presbiteriana).

Y seguimos sin abandonar Parlament Square, porque en ella también se encuentra el corazón de piedra o de Midlothian. En esta plaza se erigía hace siglos una cárcel y los condenados a muerte, que eran ajusticiados en este mismo lugar, escupían en la zona como forma de mostrar su desprecio a la vida. Hoy es una tradición muy turística escupir en el corazón y, al pasar por el mismo, veremos los salibazos de los más atrevidos. Eso sí, cada día, al limpiar las calles, este corazón no se libra de quedar inmaculado y listo para los siguientes esputos.

Si continuamos subiendo la Royal Mile llegaremos hasta otro lugar de interés: el castillo de Edimburgo. Aunque la visita al mismo la dejaremos para el segundo día. Antes podemos bajar por la calle del puente de Jorge IV, donde se encuentra la Biblioteca Nacional de Escocia y bajando aún más se llega al Cementerio Greyfriars. La historia de los cementerios escoceses es curiosa y da para un reportaje completo, ya que no se tiene una visión de los mismos como en España. En la iglesia que existe en el interior del recinto, que se puede visitar, se firmó el pacto para proteger la religión que se profesaba en Escocia, motivo inmediato de la rebelión que hemos contado antes. No son pocos los mendigos que han asegurado que en este cementerio han sido atacados por fantasmas (de hecho, la universidad de Edimburgo es la primera en contar con una cátedra de parapsicología). Además, en el mismo recinto se encuentra enterrado George (Bloody) Mackenzie, un abogado escocés que recibió el encargo del rey de Inglaterra de capturar a todos los firmantes del pacto que originó la rebelión de Saint Giles.

El castillo de Edimburgo desde los jardines de Princes Street | Foto: David Fernández

El castillo de Edimburgo desde los jardines de Princes Street | Foto: David Fernández

A la entrada del cementerio también se encuentra la tumba de Bobby. La tradición cuenta que este perro fiel acompañó a su amo incluso una vez muerto. Debido a esta fidelidad del Skye Terrier, el animal se convirtió en un héroe en Edimburgo. Hay varias versiones de su historia e incluso algunos autores consideran que el perro fue un reclamo de los comercios de la zona. El caso es que está documentado que este animal fue propiedad del policía John Gray, que murió y fue enterrado en el cementerio de Greyfriars, y su fiel compañero acudió a su tumba durante 14 años. Justo enfrente de la salida del cementerio existe una estatua del perro, erigida allí en el siglo XIX.

Una vez fuera del camposanto nos queda enfrente el Museo Nacional de Escocia, donde se recrea la historia del país. Abre en horario de 9 a 17 horas y merece la pena visitarlo para empaparse un poco de los orígenes escoceses.

Para comer no tendréis problema en cualquier pub de la Royal Mile, de hecho algunos están servidos por españoles, por lo que el idioma tampoco será un impedimento en este viaje a Edimburgo en tres días. Eso sí, comparar antes los precios para que no os apliquen la tarifa de “turista”. Es decir, para que no paguéis demasiado caro. Cuanto más os distanciéis de la Royal Mile, mejores precios encontraréis, aunque también es cierto que todo lo que es la Old Town de Edimburgo es zona turística.

Si tenéis que realizar compras, la tarde es un buen momento e igualmente podéis aprovechar los comercios de la Royal Mile, aunque es cierto que se trata de tiendas de souvenirs en la mayoría de los casos. Lo mejor es perderse por las calles que rodean la espina de pescado para encontrar mejores precios. Además, el centro de la ciudad es uno de los mejores sitios para tomarnos nuestras primeras pintas y probar las diferentes cervezas que nos ofrecen en Escocia.

Segundo día en Edimburgo

Esta es la jornada más fuerte y la podemos empezar con el Castillo de Edimburgo, el monumento más visitado de todo el Reino Unido, con alrededor de 1,5 millones de interesados cada año. Si dispones de un día más, merece la pena pasarse una jornada completa en el castillo, porque tiene recursos para rato. Si sólo cuentas con una mañana, entonces tendrás que hacer una visita rápida. Para empezar, intenta comprar tu entrada por Internet, te ahorrarás esperas innecesarias. El precio varía entre las 19 libras, si quieres usar la audioguía en la que se explica el origen del castillo y cada una de sus partes (muy recomendable), o las 16 libras sin audioguía.

Cañonazo de la una en el castillo de Edimburgo | Foto: David Fernández

Cañonazo de la una en el castillo de Edimburgo | Foto: David Fernández

El castillo de Edimburgo se sitúa en una de las partes más altas de la ciudad, por lo que las vistas que ofrece son magníficas. Dentro del recinto hay varios espacios que ver: se encuentra el Museo de la Guerra de Escocia y el Museo del Regimiento de Dragones, así como de uno de los regimientos de artillería más antiguos del Reino Unido. Por eso es altamente interesante dedicar un día entero a su visita. Por otro lado, si viajáis en agosto a Edimburgo, en la explanada del castillo os encontraréis con Tatoo, un festival que reúne a las principales unidades de gaiteros de diferentes ejércitos, que interpretan piezas musicales.

Además, si acudís al castillo por la mañana, podréis disfrutar del cañonazo de la una. Un poco más adelante de la entrada del castillo se encuentra un cañón dirigido hacia el puerto. A la una en punto, un oficial del ejército, tras una corta ceremonia, activa una salva. En realidad, hoy en día no se lanza ningún proyectil, pero la costumbre se mantiene como una nota pintoresca y por su utilidad para fijar la hora exacta de todos los relojes de la capital escocesa.

Después de la visita al castillo es tiempo de comer. Nos encontramos en la Royal Mile, donde no faltan los pubs y restaurantes, así que no será difícil escoger un lugar para recuperar fuerzas. También abundan las cadenas de comida rápida y los negocios particulares de inmigrantes con comidas típicas de sus países. Es decir, que hay variedad y lo importante es elegir un lugar en el que no nos cobren un precio excesivo. Sobre este particular es difícil dar una orientación. Se puede comer en la Royal Mile o en alguno de los callejones que salen de la misma por menos de 10 libras, pero también se puede comer por más. Como la competencia es elevada lo bueno es que los precios no serán muy estrambóticos.

En nuestro primer día también habremos interiorizado una palabra: beer (cerveza). Es clave en la cultura escocesa (y en la del Reino Unido en general). En Edimburgo podemos encontrar cerveza de casi todos los tipos, desde la rubia (o lager) hasta la Guiness. Desde las más fuertes a las más suaves. Si bajamos desde el castillo hasta la calle de Grassmarket tendremos a nuestra disposición varios pubs, como el famoso The Last Drop, en una de las zonas más movidas y de ambiente joven.

Guía de pubs de Edimburgo | Foto: David Fernández

Guía de pubs de Edimburgo | Foto: David Fernández

Una vez recuperadas nuestras fuerzas podemos atravesar la parte antigua de la ciudad para llegar hasta Calton Hill y seguir nuestro periplo de 3 días en Edimburgo. Lo mejor es atravesar el puente que une la Royal Mile con Princes Street. El lugar al que llegamos se denomina la colina de los monumentos inacabados. Es un mirador privilegiado de la ciudad, tanto de la parte más moderna que se extiende al puerto y el mar, como de la zona antigua. Tras subir a la colina (un buen ejercicio para quemar la comida que hayamos ingerido), nos encontraremos con un conjunto de edificaciones inservibles, pero que por lo menos adornan la cima del lugar. Allí se encuentra la Torre de Nelson, que tenía la intención de ser un observatorio astronómico, aunque Edimburgo no se caracteriza por tener unos cielos demasiado despejados, y una imitación del Partenón ateniense, que no se acabó porque las arcas del ayuntamiento tenían telarañas en el momento en que se construyó.

Calton Hill es conocida en la ciudad por ser un lugar de deporte, retiro y descanso. De hecho, a sus pies se encuentran los jardines de Regent Gardens. Pero la elevación más interesante de la ciudad es Arthur’s Seat, dentro del parque Holyrood Park, una extensión verde de 259 hectáreas con una flora muy diversa. El asiento de Arturo (la traducción de Arthur’s Seat) es una elevación de 251 metros sobre el nivel del mar que ofrece una panorámica de Edimburgo inmejorable. Eso sí, para subir, a no ser que tengas muy buena condición física, tómatelo con calma. Pero el premio una vez se llega al final merece todos los esfuerzos.

Monumentos inacabados en Calton Hill | Foto: David Fernández

Monumentos inacabados en Calton Hill | Foto: David Fernández

Para ir desde Calton Hill a Arthur’s Seat bajamos hasta el Palacio de Holyroodhouse, lugar de residencia de la reina de Inglaterra cuando visita a sus súbditos escoceses. Justo enfrente de este palacio se encuentra el nuevo parlamento escocés (recuerda que el antiguo es hoy sede del Tribunal Supremo de Escocia).

Tras bajar del asiento de Arthur a buen seguro que querremos otra pinta, una cena que nos devuelva las energías y, quizá, un poco de fiesta. Lo mejor es volver al centro de la ciudad antigua, en la Royal Mile y en las calles adyacentes, donde podremos disfrutar y descansar.

Tercer día en Edimburgo

Suponiendo que el tercer día lo tengamos completo, podemos aprovechar para recorrer Princes Street, la calle que está al norte de la Royal Mile y que discurre paralela a la misma. En ella encontraremos todo tipo de tiendas, desde moda a alimentación, por lo que es el momento de aprovechar y realizar nuestras compras. Junto a esta calle se encuentran los jardines de Princes Street, una zona verde ideal para relajarse, tomar el sol (los días que lo haga), hacer un picnic urbano (con cuidado de que las numerosas ardillas y gaviotas no se coman nuestra comida) y contemplar una vista un tanto diferente del castillo, que domina desde las alturas. En mitad de estos jardines se encuentra la Galería Nacional de Arte. Si tenemos tiempo el visitar Edimburgo en tres días y nos interesa esta disciplina, podemos disfrutar de obras de arte escocés, pero también de otros lugares del mundo.

El castillo de Edimburgo desde los jardines de Princes Street | Foto: David Fernández

El castillo de Edimburgo desde los jardines de Princes Street | Foto: David Fernández

Como ya indicamos más arriba, la muerte y los cementerios en el mundo anglosajón se tratan de forma bastante diferente a la Europa continental. A algunos les puede parecer un poco morboso visitar cementerios, pero es cierto que muchos de ellos son verdaderas obras de arte, con panteones bien interesantes. Otros, como el de Monmartre de París en 3 días tienen entre sus difuntos a personajes famosos. En el caso de Edimburgo, al final de Princes Street se encuentra el cementerio de la iglesia de San Cuthbert. No obstante, los cementerios más llamativos en Edimburgo son los de Old Calton, frente a la colina del mismo nombre, donde se encuentra enterrado el filósofo Hume y donde hay varios elementos esotéricos, y el de Greyfriars que vimos el primer día.

Antes de proponer una pequeña salida de Edimburgo, queremos mencionar la catedral de St. Mary, en la calle Palmerston. Hay que callejear un poco desde Princes Street, pero merece la pena, se sea o no creyente. Se trata de la única catedral escocesa que mantiene la tradición de trabajar diariamente con un coro. Si vais a una hora determinada y tenéis suerte podréis ver (y oír) a los niños (y no tan niños) practicar las melodías que entonan durante las diferentes ceremonias religiosas. La catedral es de estilo gótico victoriano (se construyó en el siglo XIX) y en su interior alberga diferentes pinturas, la más conocida es la denominada The Presence, pintada en 1910 por A. E. Borthwick y que representa una escena dentro de la catedral en la que la presencia de Jesús reconforta a un feligrés.

Y podemos terminar el día reservando una pequeña excursión fuera de la ciudad, al pueblo de Roslin, al sur de Edimburgo y a unos 20 minutos en autobús. Este lugar es famoso por albergar una pequeña capilla en la que se rodaron algunas escenas de la película El Código DaVinci, basada en el libro de mismo nombre escrito por Dan Brown. La forma más cómoda de llegar es en autobús desde la calle Princes Street, a través de los servicios prestados por la compañía Lothian.

Detalle de la capilla de Roslin | Foto: David Fernández

Detalle de la capilla de Roslin | Foto: David Fernández

La capilla es de muy reducidas dimensiones, pero está llena de pequeños detalles esotéricos para entender su construcción y los motivos e ideas que se querían representar con ellos. Es un pequeño tesoro artístico que se ha convertido en negocio para el pueblo (y los propios gestores de la capilla) tras el éxito de la película sobre el Código DaVinci.

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La tradición de los pubs

Se suele decir que, entre los países europeos, España es el que mayor número de bares tiene y donde mayor uso se hace de los mismos. Con permiso de Escocia, claro. Es probable que el estado integrante del Reino Unido no posea el mayor número de pubs por metro cuadrado, pero sí se vanagloria de contar con uno de los más antiguos: Sheep Heid, abierto en el siglo XIV y un poco retirado del centro de la ciudad antigua, en la calle The Causeway, bajo la colina de Arthur’s Seat.

Por otro lado, la música en directo es un atractivo en muchos de estos pubs. En plena Royal Mile, en la calle Cockburn se encuentra The Scotsman’s Lounge, un bar muy acogedor en el que sus camareros nos tratarán de forma familiar y cariñosa. Durante la semana, este pub ofrece música en directo durante las tardes y noches. Los sábados, domingos y lunes, el músico acústico Doogi Rush nos ofrecerá desde canciones tradicionales escocesas hasta otras compuestas por él mismo. Y todo mientras disfrutamos de una pinta… o de algo más fuerte. Además, Scotsman’s Lounge nos sirve de ejemplo para comentar otra particularidad de los pubs escoceses: su decoración. En este caso, las paredes del local cuentan con fotos de diferentes regimientos de gaiteros del ejército, así como documentos históricos. En otros locales de la ciudad existen planos o dibujos variopintos y en cada caso tienen un significado concreto muy unido al propio establecimiento.

Seguimos cerca de la Royal Mile, ya que en el callejón de Fleshmarket podemos acceder a Halfway House, el pub más pequeño de Edimburgo. Tranquilos, se puede entrar sin problema en su espacio de reducidas dimensiones y, si hace buen tiempo, cuenta con terraza. Y subiendo por la Royal Mile hacia el castillo, antes de llegar a The Hub, un centro de convenciones con forma de iglesia, se encuentra The Jolly Judge, otro pub histórico, recogidito y lleno de parroquianos tradicionales escoceses. También de algún turista despistado. Ojo, para llegar hasta el pub hay que introducirse por James Court, una especie de pasadizo.

Cosas curiosas

Qué comer. En Edimburgo se come bien y fuerte. Los desayunos típicos están compuestos de alubias, huevos, tostadas y salchichas. Aunque también puedes encontrar otros más ligeros. Estamos en una ciudad turística y hay que adaptarse a la demanda. Las comidas y cenas suelen ser más ligeras y no hay tradición de realizar almuerzos.
El haggis. Se trata de uno de los platos típicos escoceses y es muy parecido a las morcillas españolas. Se compone de vísceras de cordero u oveja mezcladas con cebolla y muy especiado. Se suele servir con puré de patatas. En contra de lo que se puede pensar es un plato muy sabroso y, si se presenta de forma adecuada, invita a ser degustado.
El kilt. Hoy en día no llama la atención ver a un hombre, escocés, con falda, pero sin duda debía ser una tradición chocante hace siglos. No obstante, no hay que confundir el kilt con esta falda, ya que en sus orígenes se componía de una túnica de varios metros que cubría el cuerpo y acababa recogida en la zona de la cintura. Con posterioridad, el kilt se redujo a la alda actual. En función de los colores y del dibujo de la tela se puede identificar el clan al que pertenece su portador.
Los callejones. A lo largo de la Royal Mile encontrarás decenas de callejones que te llevarán de forma rápida a otras calles. Su denominación en inglés es “Close” y en ellos se esconden tiendas, librerías, alojamientos… así que una buena idea es investigar algunos, porque nos podemos llevar gratas sorpresas.
Conducción. Si tienes pensado alquilar un coche para realizar algún desplazamiento, recuerda que en Reino Unido se conduce por la izquierda. A efectos prácticos esto significa que si vas a realizar un giro a la derecha, deberás posicionarte en el carril izquierdo y viceversa. Esto también es importante para el peatón a la hora de cruzar las calles: hay que acostumbrarse a mirar a la derecha antes de cruzar o nos podemos llevar una sorpresa.
Moneda. Ya sabemos que la libra esterlina es la moneda del Reino Unido. Pero en Escocia tienen su propia moneda, denominada libra escocesa, y que tiene el mismo valor que la esterlina, además de ser intercambiable. Es decir, cuando cambiéis dinero no os preocupéis por si la moneda es una u otra, ambas sirven.

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