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Dublín en tres días

Centro de Dublin. Foto de: ALBERTO PERAL
Fotos: Alberto Peral

La bella Irlanda es la perfecta escapada para un fin de semana un poco largo. Su capital, Dublín, al este del país, es un crisol de culturas que sorprende.


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Dublín, la capital de la bella Irlanda, es la perfecta escapada para un fin de semana un poco largo, por ejemplo, de 3 días. Dublín es un crisol de culturas que sorprende. Desde que la fundaran los vikingos en el siglo IX a.C. hasta la actualidad, no es sólo una ciudad, es la magia y el encanto irlandés. Vamos a conocerla.

Primer día

Comenzaremos la jornada en el Trinity College, en la calle College, justo frente al Banco de Irlanda. El Trinity, la Universidad, nos llevará al menos una hora visitarlo, pero es imprescindible. Fue fundado en 1592 sobre un antiguo monasterio agustino, en su interior podemos destacar su capilla, en la que conviven todas las confesiones juntas, el campanario, el aula magna, pero sobre todo el museo y la antigua biblioteca, donde se guarda la primera arpa de Irlanda.

Después, siguiendo la calle hacia el sur un par de manzanas, está la calle Grafton, la calle comercial más importante de la ciudad y es un paseo muy divertido, con músicos, artistas, floristas e incluso la famosa estatua de Molly Malone. En la calle paralela de la derecha, está la Iglesia de Santa Teresa. Al final de la calle Grafton  el centro comercial St. Stephen´s Green y el propio parque Stephen´s Green, donde está la estatua de James Joyce y donde, aunque cueste créelo, aún quedan algunos exclusivos clubes para caballeros…

En esta zona podemos hacer un alto para comer algo. Es un barrio lleno de restaurantes. Son buenos, pero no hay que olvidar que el precio de la comida en este país es bastante elevado, por lo que recomiendo tenerlo en cuenta y echar un vistazo previo a la carta.

Subiendo por la calle paralela, la Dawson, está la iglesia  de Santa Anna, con una impresionante fachada románica.  Allí tendremos que doblar la esquina y continuar hasta la calle Kildare, donde está el Museo Nacional, entre cuyas maravillas se cuenta el cáliz de Ardagh, el broche de Tara, el barco de oro de Broighter y la cruz de Cong, aunque debo advertir que su visita nos llevaría toda la mañana, por lo que hay que elegirlo como opción si vamos a pasar en Dublín, más de 3 días. También está a un paso la Biblioteca Nacional, Leinster House, una adorable mansión de 1745, que alberga el Dáil y el Seanad, es decir, las dos cámaras del Parlamento Irlandés y se pueden visitar sus salas principales.

Siguiendo esta calle hasta arriba llegamos al Museo heráldico y la oficina genealógica, que forma parte  de la Biblioteca Nacional y que ofrece servicios gratuitos a todos aquellos que deseen conocer su ascendencia irlandesa.  Dolemos esa esquina y sigamos hasta la calle paralela, la calle Merrion St. Upper, en la que encontraremos, a la derecha, la Galería Nacional, especializada en arte irlandés, al lado está el Museo de Historia Natural y el Edificio del Gobierno.

Al otro lado de la calle está el Parque Marrion Square, una de las plazas georgianas más bonitas. En su interior, además de unos jardines preciosos, está la famosa estatua de Oscar Wilde. En la calle sur, es decir, la perpendicular por donde veníamos andando, hay una callecita llena de puertecitas de colores, donde está el mítico Número 29. Es una casa de 1794, su mobiliario viene del Museo Nacional y muestra cómo era la vida cotidiana en la época georgiana.

Volvamos a la calle Merrion St. Uper y sigamos bajando hasta el final, donde la calle pasa a llamarse Ely Place. Allí está la Royal Hibernian Academy Gallagher Gallery, a un lado de la calle, pero justo enfrente continúa la exhibición de arte irlandés del siglo XIX.  Y el callejón de nuevo en el St. Stepehen Green. Aquí termina nuestra primera jornada.

Segundo día

Comencemos tempranito por el Parque Kings Inn, donde encontraremos el King´s Inn, el lugar que antes servía de estudio y residencia para abogados. Hay que bajar por la calle que queda enfrente hasta la calle Bolton y subid esa hasta el Museo de Cera, el Wax Museum, en el que se expone, entre otras cosas, una muestra de la cultura y la historia irlandesa  y que resulta encantador para los peques. Doblemos la esquina en la calle Parnell Sq. Para ver Parnell Square que, aunque está abandonado conserva el histórico Gate Theatre y el precioso Jardín de los Recuerdos. También está el Rotunda Hospital, que fue la primera maternidad  de Europa (justo enfrente está el Pub Conway´s, donde iban los futuros padres a esperar), muy cerca está el Museo de los Escritores de Dublin y la Galería Municipal de Arte Moderno Hugh Lane.

En este punto vamos a parar a comer. Busquemos un buen restaurante, si es posible de comida orgánica, es decir, biológica de los que están tan de moda en Dublín. Vuelvo a sugerir que echéis un vistazo previo a la carta para comprobar los precios.

Continuemos bajando por la calle O´Connell, la principal arteria de la ciudad y una de las calles más amplias de Europa, ostenta la estatura de O´Connell y muchas otras estatuas de irlandeses ilustres, el puente O´Connel y muchas de las tiendas más importantes de la ciudad.

A un costado de la calle, está la proto-catedral de Santa María, es la catedral católica de Dublín. Prácticamente frente al Ministerio de Educación, la mansión Tyrone House.

Bajemos por la calle Marlborough un par de manzanas hasta el Teatro Abbey, fundado al amparo del movimiento nacionalista en 1891. Aún ofrece representaciones de todo tipo. Ahora caminemos por la orilla del río, primero el puente O´Connell, después el Ha´penny, que es el puente de arco, de metal, que une el Liffey con Temple Bar, la zona de la juerga. Un par de calles más allá está la calle Capel, en esa calle, a la derecha la Iglesia de Santa María y a la izquierda la muestra de la Abadía de Santa María. La iglesia data de 1627 y fue la primera de la ciudad en contar con una galería.

Después volvamos a la calle paralela al río, Ormond Quay, y continuemos el paseo. A nuestra derecha queda el edificio de Four Courts, la obra maestra de James Gandon en 1796. Cruzando Ghurch Street, está la Iglesia de San Michael, de 1686. Su interior es de los más macabros de la ciudad… criptas, ataúdes, momias… e incluso el órgano en el que tocó Haendel en 1724. Aquí terminamos la visita por hoy.

Pero podemos seguir la misma calle, una manzana más hasta la vieja destilería Jameson. Que aunque actualmente es un museo, forma parte de la destilería y la visita incluye una cata de whisky en el bar. O bien, también podemos volver sobre nuestros pasos hasta el puente Ha´penny, para ir a Temple Bar a cenar en una taberna típica y a tomar unas copas o unas pintas en una taberna irlandesa con música en vivo… incluso entre semana.

Tercer día

Comencemos el día en la calle del castillo (Castle Street), donde podremos ver el Castillo de Dublín. Actualmente una parte de él, la más moderna guarda el museo, aunque también se utiliza en las recepciones oficiales y si es el caso… no podréis ni arrimaros. La parte más antigua es la torre, la Record Tower, último vestigio del primer edificio que hubo en ese emplazamiento y que perteneció al primer señor de Irlanda, el rey Juan, supuestamente en el siglo XIII.  La otra parte, es la capilla de San Patricio símbolo de las relaciones entre británicos e irlandeses. Su interior es muy interesante.

Calle abajo, está la Iglesia de St. Werburgh, construida sobre los cimientos de otra iglesia del s. XII; en su interior destacan el púlpito gótico y los cenotafios de la familia Guinness. Un poco más lejos, por la misma calle, está el conjunto que forma el tour de Dublinia: es una exposición situada en un edificio neogótico conocido como Synod Hall y recrea a la perfección el Dublín medieval, con pocos documentos y muchas maquetas, es una muestra fundamentalmente interactiva y resulta una visita entretenida, educativa y muy divertida, tanto para los peques como para los no tan peques. La visita puede terminar, atravesando el puente que hace de pasarela, (y recomiendo comprar el ticket conjunto para que sea más barato) en la catedral de Christ Church. Bajo ella se fundó la primera iglesia, de madera, en 1038 y actualmente, tras la reforma, también forma parte del culto anglicano.

Esa misma calle que continua, para a llamarse High Street. Allí está el famoso Taylor´s Hall, la última sede gremial que se conserva en la ciudad, y la Iglesia de St. Audoen, la iglesia medieval más antigua de Dublín. En su parte trasera, junto al parque está St. Audoen´s Arch, la última puerta de la ciudad que  aún está en pie.

Entre estas calles podremos encontrar algún buen restaurante para detenernos un rato y  comer algo, desde comida rápida, un simple sándwich, hasta un buen plato de estofado irlandés.

Después, regresemos por  la calle que veníamos hasta Dublinia y tomemos la perpendicular, la calle Nicholas, hacia abajo. Aproximadamente 5 manzanas más allá está el Parque y la catedral de San Patricio. Icono del país. Se levanta en el lugar en que la leyenda cuenta que san Patricio bautizó a muchos cristianos en torno al año 450 d.C.  La iglesia es una preciosidad, sobre todo porque choca en cuanto a que difiere mucho de lo que solemos esperar que haya dentro de una iglesia o catedral católica. Es anglicana, por supuesto. Destaquemos el coro, con montones de espadas, banderas y cascos de cada batalla, las vidrieras de la sala capitular y la singular puerta de “el perdón”, con leyenda propia. En la calle trasera, podemos encontrar la Biblioteca Marsh. La biblioteca pública más antigua de Irlanda y una verdadera joya.

Aquí termina la visita. Sin embargo, subiendo la calle Bride hasta que se cruce con Lord Edward street y después siguiendo por ésta última un par de manzanas más, llegamos al Temple Bar para terminar la noche en un ambiente animado.

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