Revista80dias.es
Portada » España » Viajes » Qué ver y hacer en Navaluenga (Ávila)

Qué ver y hacer en Navaluenga (Ávila)

Más que casas rurales en Navaluenga

Fotos: ALBERTO PERAL

Navaluenga es un pequeño municipio de la provincia de Ávila conocido por su oferta de turismo rural y activo, rodeado de un entorno natural con la Sierra de Gredos como protagonista.

La provincia de Ávila, sin duda una de las más interesantes de España y muy cercana a Madrid, es una caja de sorpresas, donde cada pueblecito tiene algo interesantes que ofrecer y cada rincón puede darnos una perspectiva distinta. Gastronomía, Historia, cultura, diversión, deporte o naturaleza. Una oferta que no podemos resistir. Sin embargo, hoy vamos a centrarnos en un pequeño municipio en la Vega del Valle del Alberche, a menos de 40 kilómetros de la ciudad de Ávila, en las estribaciones de la Sierra de Gredos por la cara norte: contamos qué ver y hacer en Navaluenga.

Con cerca de dos mil habitantes, Navaluenga está perfectamente integrado en la naturaleza y con una oferta de ocio y turismo activo muy por encima de lo que uno espera en un lugar tan pequeño. Viajar con niños, con amigos, con la pareja o con animales es posible, y, lo más importante, la calidad es muy buena, pero el precio está absolutamente a nuestro alcance. Los bares y restaurantes, pequeños, modestos, son de aquellos que cuentan nuestros abuelos, porque Navaluenga es un pueblecito como ya quedan pocos en España.

Uno de los mayores atractivos de este lugar son las piscinas naturales que deja el río Alberche a su paso por el término. Desde la parte oeste del puente romano y hasta más allá del puente nuevo, el río se presenta como la mejor alternativa para paliar el calor, para divertirse con los amigos y para enseñar a nadar a los más pequeños. Pero si uno no tiene suficiente o hace su viaje en temporada de frío, también está a orillas del embalse del Burguillo, donde se puede pescar, navegar, pasear… lo que uno prefiera. Y para las escapadas de otoño es un lugar magnífico para hacer senderismo y patearse la montaña entera si uno quiere.

Navaluenga es un reducto de paz y un rincón maravilloso para pasar unos días de merecido descanso, pero con una cantidad de posibilidades para no caer en el aburrimiento, como no podemos imaginarnos. Además Navaluenga es el hogar del primer hotel agro chic de España, donde la oferta de ocio se dobla y la hospitalidad es la nota general: El Hotelito.

 

En Navaluenga se pueden ver y hacer muchas cosas. Si a uno le gusta la naturaleza, el senderismo, los paseos o incluso montar a caballo, puede alquilar un paseo en el mismo Hotelito y salir a montar por la Sierra del Valle, que es una prolongación de la de Gredos. Allí nacen las gargantas del Rollar, Gargantilla, Chivetiles, Raios, Maguillo y la Cabrera. No sólo es montaña, verde y camino, también hay ríos de aguas cristalinas donde en verano apetece bañarse, el embalse de Burguillo, o pantano, según quien lo nombra. Prados, huertas, robles, fresnos, nogales y castaños. Un paraíso para los amantes de la Naturaleza. No en vano, 1.400 hectáreas de la Reserva Natural de Iruelas forman parte de Navaluenga.

También hay una buena oferta cultural que ver en Navaluenga. Empezando por la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Villares, que primitivamente fue construida en los siglos XIII y XIV, pero que ha sido ampliada en numerosas ocasiones. Lo más interesante es su pila bautismal. Por supuesto, el puente románico. Del siglo XVI, románico sí, pero con trazas renacentistas y principal paso para ir de un lado del pueblo al otro. También está la Cruz del Cerrillo de San Marcos, con escritura de estilo gótico, es la única inscripción que procede del Cerrillo. La necrópolis medieval, hoy yacimiento arqueológico de Fuenteávila y que data de los siglos IX al XII. También 15 sepulcros, excavados en lanchares graníticos distribuidos en 7 conjuntos muy cercanos unos de otros.

Otro lugar interesante es el Potro de Herrar, una construcción tradicional de las zonas ganaderas y que era donde se herraba a las vacas y caballos. Lo forman 4 sillares de piedra unidos por vigas de madera y un yugo frontal. En el suelo están los apoyos para herrar. Es muy interesante, sobre todo para los niños. Finalmente la Ermita de la Merced, en el Camino Viejo de Burghondo, y la Ermita de San Isidro, que está junto al puente románico, construida por los agricultores de la zona en los años 40, sobre la antigua ermita de la Purísima Concepción.

Esto por no mencionar la oferta de ocio. En El Hotelito se organizan diferentes talleres temáticos, se ofrecen excursiones por la zona, a pie, a caballo, en bicicleta o rutas organizadas ad hoc en vehículos o quads, desde rutas enológicas hasta rutas históricas o de leyenda por Ávila, Segovia, El Escorial o cualquier otro punto que sea de interés. El golf, el windsurf, la vela, el piragüismo o el paintball, tiro con arco y deportes de riesgo son posibles gracias a las instalaciones municipales y al propio embalse del Burguillo. Para lo único que no hay tiempo es para aburrirse. Eso sí, para aquellos que no tienen ganas de actividad, Navaluenga ofrece tranquilidad, silencio y tiempo muerto para pasar mirando las estrellas. Cada uno lo que prefiera.

Por último, pero no menos importante, mencionemos algunos aspectos de la gastronomía. Uno de los mayores alicientes de este viaje. La gastronomía castellana es famosa por ser recia y abundante. Nada de platos ligeros. Todo es contundente y sabroso, una cocina preparada para que nadie se quede con hambre. Por ejemplo, las patatas secas, que en el resto del país se conocen como revolconas. Son patatas con pimentón y torreznos fritos o tajadas de tocino. En general, los platos de carne son protagonistas: el chuletón o el cabrito. Por ejemplo, la caldereta de cabrito es un plato fabuloso y muy tradicional.

Tampoco podemos perdernos unas buenas sopitas de ajo o sopa castellana como la llaman en algunos sitios, con su huevo escalfado. Las judías, especialmente del Barco de Ávila, un pueblecito cercano. El cochinillo asado o el lechón, uno de los platos más interesantes y famosos de Ávila, el cocido castellano, la morcilla de cebolla, los torreznos, los huevos rotos, la ternera abulense, la gallina en pepitoria o las manos de cerdo. El hornazo, el conejo a la cazadora, que es asado, la bolla de chicarrones, los huevos al plato… En fin, comer en Ávila es empezar y nunca acabar.
En el terreno dulce hay muchos tipos de buñuelo, tocinillos de cielo, flan, natillas y bollitos, pero lo más famoso son las yemas de Santa Teresa. Delicatesen típica de la zona.

Por su parte, en El Hotelito se puede comer cualquier tipo de plato ecológico, con los productos de la huerta y las recetas de la abuela. Incluso si hay un poco de suerte, es posible que haya reparado algún plato francés o alguna tarta sueca que acabará de rematar las necesidades del paladar más exigente. Y después de esto… una buena siesta en absoluto silencio. Lo demás es anécdota.

Encuentra tu hotel
Booking.com

Más contenidos