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Alcalá, Priego y Baena: camino del territorio bisagra entre cristianos y musulmanes

Vista aérea de la Fortaleza de la Mota, en Alcalá la Real | Foto: Caminos de Pasión

Caminos de Pasión es una ruta por ocho municipios andaluces con el reclamo de la Semana Santa, pero en la que se puede encontrar arte, gastronomía, historia y mucho más. Aquí hacemos un repaso por el rico pasado histórico de Alcalá la Real, Priego de Córdoba y Baena.

Este es Egipto; pero ¿donde está la patria mía?
Lágrimas su recuerdo me arranca sin cesar:
locura fue dejarte, ¡oh bella Andalucía!
tu bien, perdido ahora, acierto a ponderar.

“Este es Egipto” de Ibn Said Al Magribi, poeta alcalaíno.

Al caer la noche, los duendes recorren las calles de Alcalá la Real, prendiendo las candelas de los caminos que avanzan en la oscuridad y que nacen de su corazón: la Fortaleza de la Mota. Esta villa jienense ha sido bisagra entre la cultura árabe y la cristinana, pariendo poetas como Al Magribi, que encabeza este artículo, y el castillo que corona los sueños de los alcalaínos es una muestra constatable de los posos que aún quedan en la Península ibérica tras 800 años de dominio árabe.

Como en muchas ciudades medievales, la fortaleza fue el emplazamiento original de la ciudad, que quedaba dentro de la misma, mucho antes de que se extendiese por los arrabales de la colina en que se erige desafiante el castillo. En el año 713, los árabes fundaron al-Calat, nombre de la villa que significa ciudad fortificada, y desde ella extendieron su cultura en unas tierras oscurecidas por la descomposición de los reinos visigóticos. Me viene a la mente un pasaje de la película Lawrence de Arabia en el que el rey Faisal le recuerda al protagonista del filme que cuando Londres era un villorrío infecto y embarrado, en las principales capitales de Al-Andalus ya existía la canalización de agua antes del siglo IX. La civilización frente a la barbarie, que hoy se ha dado la vuelta en algunas regiones árabes y musulmanas.

En cualquier caso, Calat, o Alcalá la Real, fue un punto estratégico en la Reconquista de las tierras musulmanas (hay que recordar que España no existe como entidad política hasta el siglo XV, por lo que es más adecuado hablar de Península ibérica). En 1340, la ciudad es tomada por los cristianos y renombrada. Desde la misma se apoyarían todos los esfuerzos para que las tropas de los Reyes Católicos cercasen Granada, poniendo fin a la dominación árabe sobre la incipiente España. Contamos todo esto porque, cuando se visita la Fortaleza de la Mota, los restos de esta historia milenaria todavía palpitan en cada una de la piedras que dieron cobijo a sus habitantes. Y es que la Historia y la Arqueología son algunos de los principales atractivos de Caminos de Pasión, una ruta que engloba a ocho municipios andaluces con el común denominador de la Semana Santa, pero que no agotan sus recursos sólo en la religiosidad. Alcalá la Real, Baena, Cabra, Carmona, Lucena, Osuna, Priego de Córdoba y Puente Genil son las ciudades que componen esta ruta que aúna cultura, arte, gastronomía, historia, buen vivir y romanticismo.

Además de la propia fortaleza y los restos arqueológicos que se extienden por la misma, dentro del recinto se encuentra la Iglesia de Santa María la Mayor. El templo ocupa lo que fue la antigua medina musulmana en un ejemplo claro de lo que se hacía al conquistar una villa: construir sobre las construcciones del derrotado. Santa María la Mayor no es una iglesia cualquiera, ya que al entrar en ella nos muestra la desnudez de su historia: su suelo está excavado y permite apreciar la distribución de los edificios de la medina en los tiempos pretéritos. El rey Alfonso XI ordena levantar la primitiva iglesia, aunque la planta actual es del siglo XVI, de estilo gótico. Por otro lado, no se conserva la iglesia completa, ya que en el siglo XIX los fraceses, en otro alarde cultural, le prendieron fuego tras su ocupación en 1810.

Una reina mora en el Adarve

Una de las ventajas de los municipios que forman parte de Caminos de Pasión es su relativa cercanía. Desde Alcalá la Real se puede llegar a Priego de Córdoba en pocos minutos y continuar con este viaje por el pasado árabe de la comarca. Entramos en su barrio antiguo (o de la villa), el núcleo primigenio del que nació Priego (conocida como Baguh para los fieles de Mahoma) y nos perdemos en el mismo, recorriendo sus deliciosas callejuelas estrechas, encaladas de blanco y decoradas con geranios. El mejor momento para pasear por esta zona de la ciudad es en primavera, ya que el espectáculo de colores y olores es hechizante. El barrio acaba en el balcón del Adarve, un corte natural de 55 metros de altura, donde no es difícil imaginar a una princesa infiel asomada en tiempos lejanos, contemplando las sierras subbéticas que rodean el municipio cordobés y sintiendo la caricia del aire en una tarde de otoño.

Más allá de los orígenes arábigos, Priego fue un centro importante de la industria textil en la comarca desde el siglo XVI, lo que hizo que en la localidad se asentase una burguesía bien acomodada y el dinero fluyese. Una de las consecuencias de esta riqueza fue la construcción de diferentes iglesias, ocho de ellas de estilo barroco y que han sido reformadas en el siglo XVIII. La profesión de la fe cristiana se encuentra muy extendida en Andalucía, famosa por los diferentes pasos de Semana Santa. Priego no es una excepción y sus numerosas hermandades y cofradías salen en procesión los días clave que definen la semana de pasión y resurrección. Algunas de estas hermandades datan del siglo XVII y las figuras que procesionan fueron talladas, en determinados casos, a finales del siglo XVI.

De los templos religiosos con los que cuenta la ciudad, uno de los que más orgullo levanta entre los prieguenses es la iglesia de la Asunción, de estilo gótico-mudéjar y que fue construida en el siglo XVI. La decoración interior es hija de la remodelación que se llevó a cabo a mediados del siglo XVIII, usando yesería. Pero lo más destacable de este templo es el sagrario, situado en la capilla izquierda según se entra en la iglesia. Se trata de una obra barroca de Francisco Javier Pedrajas, diseñada entre 1772 y 1784, con forma octogonal y una iluminación estudiada que le da un aire espectacular al conjunto.

Otro punto interesante de Priego es la Fuente del Rey, monumento nacional y lugar de reunión para los habitantes del municipio. La misma, que nace de un manantial descubierto en 1572, adquiere su configuración actual en 1802 y está formada por 139 caños. El conjunto no siempre ha tenido el aire artístico que hoy presenta, con las figuras de Neptuno y Anfítrite y con la Virgen de la Cabeza en el nacimiento del agua, parte conocida como Fuente de la Salud. ¿Por qué este nombre? Existen varias leyendas sobre el origen nominal de la fuente, una de ellas refiere que en el lugar donde se ubica el rey Alfonso XI estableció su campamento cuando conquistó Priego a los musulmanes. De cualquier manera, el parque donde se sitúa la fuente nos permite tomar un descanso antes de acudir al siguiente destino en nuestro camino.

Baena, depósito de la Historia

Y de Priego tomamos la ruta a Baena siguiendo las huellas de los pueblos que han habitado esta zona de la Península Ibérica. Antes que musulmanes y cristianos, en Andalucía también batallaron romanos y pueblos íberos. Si algo han tenido en común todos ellos ha sido el uso del aceite, producto estrella del sur de España durante siglos. En Baena se encuentra un museo dedicado a explicar la importancia de la oliva, el fruto del que se obtiene el aceite, y del que existen más de 300 variedades en el país mediterráneo. Además, el centro detalla temas como la evolución de la fabricación de este condimento alimenticio o su uso como combustible. El espacio se divide en dos plantas y en la inferior se conservan los elementos de la antigua almazara (nombre árabe que significa prensa) que se usaba en el edificio que ocupa el museo.

Como decíamos más arriba, reyes y súbditos de clanes íberos ya campaban por Baena hace miles de años, concretamente en la zona denominada Torreparedones, de donde procede la mayor parte de restos que alberga el Museo Histórico y Arqueológico de Baena. Tan interesante como el del aceite, este centro recoge los vestigios que las distintas culturas han ido depositando a modo de pistas detectivescas en la comarca, desde elementos religiosos íberos hasta esculturas romanas. El museo se asienta en un edificio de 1795 conocido como Casa de la Tercia y que se usaba para reunir el diezmo eclesiástico y el resto de impuestos que cobraba la Corona en la región. Una construcción con su propia personalidad que también ha sido cárcel o biblioteca, y que hoy da techo a los restos de más de 200 yacimientos arqueológicos que han permitido conocer detalles de los pueblos íberos, como la incineración de cadáveres, el uso de los metales o la talla de figuras de animales salvajes muy elaborados.

No podemos dejar de mencionar la Semana Santa de Baena, fiesta de interés turístico nacional, y cuyo aspecto más destacable es la vestimenta de los judíos que aparecen en la representación. Los mismos se distinguen entre judíos coliblancos y judíos colinegros en función del color de las crines de caballo que caen de sus cascos. Hay ocho cuadrillas de cada uno y su indumentaria también es característica por usar chaquetas rojas bordadas.

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