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10 castillos terribles para pasar miedo en Halloween

Castillo de Frankenstein

Hay muchos castillos encantados repartidos por el mundo y aquí hacemos una selección de aquellos con una historia más curiosa con motivo del día de Halloween o el de los muertos, dependiendo del país en el que nos encontremos.

Se acerca el terrorífico día de Halloween, con unos curiosos orígenes e historia, y cada año es más difícil encontrar el lugar perfecto para sentir una verdadera descarga de adrenalina que justifique semejante celebración. Aquí van unas cuantas ideas para pasar miedo de verdad.

Comencemos nuestro periplo en Irlanda, donde son bien conocidos los numerosos castillos embrujados que podremos encontrar en nuestro camino. Mencionemos dos de ellos, el Castillo Leap y el de Malahide. El primero está en Roscrea, practicamente en el centro del país. Construido en el siglo XIII, ha tenido numerosos dueños, sin embargo creo que son los O’Carroll los primeros en protagonizar una historia tenebrosa. Con la intención de conseguir heredarlo, un hermano mató a otro, que además era sacerdote, en lo que ahora se conoce como la “capilla sangruienta”. Por si eso fuera poco, también tenian un pozo profundo donde los prisioneros eran lanzados y donde, si no morían con la caida o atravesados por las lanzas del fondo, podían morir lentamente de hambre. Estas y otras muchas historias han dado pie a leyendas sobre fantasmas y espíritus que merodean la propiedad y aparecen de pronto, incluso gritan o susurran para aterrorizar al visitante más intépido. El otro castillo, Malahide, tiene una historia aun más apasionante, que puedes encontrar en el enlace, y con numerosos fantasmas.

Nuestra siguiente parada será Austria, en un castillo construido en el siglo XIV por los príncipes arzobispos de Salzbrugo: Moosham. Esta fortaleza de puedra fue la sede de la corte del distrito en los siglos XVII y XVIII. Entonces cuando se hizo famosa por sus juicios sumarísimos y por las numerosas ejecuciones de presuntas brujas y hechiceros, de modo que no es de extrañar que en la acutalidad se sigan apareciendo sus almas en pena en el edificio, que hoy alberga un museo de muebles antiguos y arte folklórico.

Sigamos el viaje y esta vez iremos a Rumanía para visitar el famosísimo Castillo de Hunyad, el hogar del conde Vlad Drácula. Lo cierto es que sobre este castillo se ha dicho de todo y personalmente creo que si lo visitas durante el día, a la luz del sol, me parece más propio de Disney que de terror, pero también es cierto que sus torres fueron usadas como celdas para los prisioneros de guerra. De hecho, incluso el propio Drácula estuvo allí encerrado 7 años. Se cuenta que se oyen las voces de aquellos a quienes Vlad empaló como castigo y de los prisioneros que utilizó para cavar en busca de agua durante 15 largos años, con la promesa, no cumplida, de alcanzar la libertad cuando lo consiguieran. Siniestro es y de noche se vuelve mucho más tenebroso.

La siguiente estación nos lleva a Alemania, al Castillo Eltz. Se trata de una construcción medieval a las orillas del río Mosela entre Coblenza y Tréveris. Es de los pocos lugares que siempre han pertenecido a la misma familia, de momento durante 3 generaciones, por eso está dividido en diferentes secciones, una para cada rama familiar. La leyenda cuenta que Agnes Eltz, la hija del conde Eltz, había sido prometida desde muy pequeña a un hombre que no le gustaba nada: el caballero de Braunsberg. Un día, durante los festejos previos al enlace, el caballero quiso forzarla y la muchacha respondió con una sonora bofetada. A lo que el caballero se quitó los guantes y arrojándolos a los pies de la familia rompió el compromiso. Meses después, cuando el padre estaba de viaje, Braunsberg y sus acólitos tomaron el castillo durante la noche… Agnes se vistió con la armadura de sus hermanos y salió a luchar por su hogar… pero al encontrarse con el fabuloso caballero, aun sin saber quien había bajo la armadura, la atacó por la espalda y la mató de inmediato. Sólo después supo a quien había matado. Así que la leyenda dice que ella permanece en el castillo protegiéndolo, por lo que en ocasiones se la puede oír por los pasillos.

El próximo castillo está en Inglaterra, entre Birmingham y Oxford, a la orilla del río Avon. Una edificación de piedra construida por Guillermo el Conquistador, que actualmente pertenece al Museo de Cera. El Castillo de Warwick. Cuenta la leyenda que Sir Fulke Greville, el dueño del castillo, fue agredido por un criado que después se suicidó. Finalmente el caballero también murió, pero por la infección que le generó la herida y desde entonces se cuenta que su espíritu se aparce y les grita a los visitantes.

Vamos por fin a dar un paseo por España. El Castillo del Buen Amor, en Salamanca, fue construido en el siglo XI y sobre él se edificó otro en el siglo XV. Acerca de este último dice la falsa leyenda que fue residencia del arzobispo de Santiago, don Alonso de Fonseca, un clérigo enamorado de la señora Doña María de Ullos, cuyo amor dio nombre al castillo. Aunque lo cierto es que fue el obispo de Cuenca, don Alonso de Fonseca Quijada, primo del anteior y tocayo del mismo, quien vivió allí con su amante Doña Teresa de las Cueva, con quien tuvo cuatro hijos, el primero de ellos fue incluso legitimado por los Reyes Católicos. Actualmente es un hotel del que se cuentan espeluznantes historias de apariciones y extrañas llamadas desde habitaciones vacías.

Al otro lado del mundo se encuentra el Castillo de Larnach, en Dunedin (Nueva Zelanda). Uno de los dos únicos castillos del país, pero el mejor conservado. Fue construido por el rico empresario William Larnach, un hombre cuyo cúmulo de desgracias y fatalidades le arrastraron al suicidio y nunca llegó a poder disfrutar de un castillo que heredaría su hija quien a su vez sufrió su propia racha de desgracias y murió con tan sólo 21 años. Y ya que el castillo había sido un regalo para ella, parece que su espíritu decidió quedarse y seguir rondando por su casa.

En penúltimo lugar viajaremos a Edimburgo, en Escocia. Allí encontraremos el Castillo de Edimburgo, un enorme edificio que fue levantado en el siglo XII. Lo cierto es que fue construido y reconstruido varias veces y también varias veces fue usado como calabozo para los prisioneros más variopintos, de ahí que sus almas quedaran enredadas entre sus muros y no quieran desaparecer del todo. Por ejemplo, se cuenta que allí aparece un hombre que toca el tambor, una mujer que fue quemada viva, una que fue acusada de brujería y un flautista a quien se envió a los túneles y nunca más se le volvió a ver, pero cuya melodía se sigue escuchando de vez en cuando.

Y, por último, uno de mis favoritos, el Castillo de Frankenstein, al sur de Darmstadt en Alemania. Sí, el famoso Dr. Frankenstein y su criatura que fueron fruto de la imaginación de Mary Shelley, quien se inspiró en este edificio para escribir su novela. Cuenta la historia que fue esa la razón de que Lord Konrad II cambiara su nombre: Reiz von Breuberg por el de Von Frankenstein. La leyenda: parece que en 1512 un caballero llamado Georg von Frankenstein luchó allí contra un dragón y ahí quedo el nombre, pero además se cuenta que un controvertido teólogo, alquimista y anatomista que vivió en el edificio realizó diversos experimentos en busca de la vida eterna, su nombre era Johan Konrad Dippel, quien además había nacido en el castillo.

Fue Dippel quien elaboró el famoso color azul Prusia en su laboratorio, pero también llevó a cabo otras investigaciones menos ortodoxas, historias que le contaron a la joven Mary, que tenía 19 años, cuando visitó el lugar con su esposo. Alrededor de 1968 se contruyó en su interior un restaurante, en 1976 un grupo de soldados americanos celebraron allí su fiesta de Halloween y se fundó un festival anual que actualmente es uno de los festivales de Halloween más grandes e importantes de toda Europa.

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