MADRID.- El bajo coste (conocido como low cost en su traducción anglosajona) inunda muchos aspectos de nuestra vida, pero fundamentalmente aquellos relativos a la organización de los viajes. De hecho, este término apareció con la liberalización del mercado aéreo a finales de los años noventa del siglo pasado y después se fue extendiendo a otros segmentos como los hoteles o las agencias de viajes. Josep Francesc Valls, catedrático de marketing de Esade, ha explicado que esta estrategia comercial es “casi un movimiento” que ha ganado protagonismo en los últimos años de ralentización económica. Valls, que intervino en una conferencia organizada por Meeting Professionals International en Barcelona, aseguró que “nos enfrentamos a un escenario radicalmente distinto” en lo que a tendencias de consumo se refiere.
Este catedrático explicó que hoy el consumidor presta mucha más atención al precio que está dispuesto a pagar por un producto: “nos toma la delantera y nos obliga a un replanteamiento del concepto precio que teníamos hasta ahora”. Valls, que ha escrito el libro Fenómeno low cost. Impacto en el precio, también señaló que el bajo coste no es una guerra de precios, sino una estrategia que basa su éxito en satisfacer al cliente obviando aquellos elementos que no valora. “Lo primero es saber cuánto está dispuesto a pagar el cliente. No se trata de reducir por reducir, sino de reducir aquellos aspectos que el cliente no valore”, agregó Valls. Para ello es necesario no perder el contacto con el cliente y poner el énfasis en la calidad de los servicios y productos prestados.
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