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Unos ‘frescos’ de 496 años
6-11-2008
El 31 de octubre de 1512 se inauguró la obra de Miguel Ángel: los frescos de la Capilla Sixtina en la Ciudad del Vaticano. Reinaba por aquél entonces el papa Sixto IV y de ahí procede su nombre, Sixtina, aunque originalmente se llamó Capilla Palatina como restauración de una capilla anterior, conocida como Magna.
Esta obra de arte, acogida en un conjunto arquitectónico, es famosa no sólo por ser la obra cumbre de Michelangelo Buonarroti, sino también porque es donde se celebra el cónclave y las ceremonias oficiales de la ciudad vaticana, como la coronación papal. Sin embargo, Miguel Ángel no fue el único que participó en su elaboración, también contribuyeron artistas de la talla de Botticelli, Signorelli, Perugino, Pinturicchio y Ghirlandaio.
Los frescos se encuentran a la derecha de la Basílica de San Pedro, después de la escalera real. Fueron restaurados y reinaugurados el 8 de abril de 1994 bajo el reinado del papa Juan Pablo II, quien lo definió como “un bien cultural de valor incalculable, un bien que reviste carácter universal”.
Actualmente, la famosa capilla Sixtina acoge a cientos de visitantes todos los días, para admirar frescos tan renombrados como el Juicio Final. Ya que, según palabras del propio Juan Pablo II, los frescos nos introducen en el mundo del contenido de la Revelación. Sin duda, también son un aliciente para visitar uno de los estados más diminutos del mundo.
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