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Manuel Chaves Nogales

Manuel Chaves NogalesSus libros y sus artículos son el único legado que nos queda de Manuel Chaves Nogales, uno de los mejores periodistas del siglo XX español. Fue olvidado por unos y escondido por otros sólo porque pensaba con libertad y sin adscripciones ideológicas, salvo los ideales de la democracia republicana.

“Un periodista de pata”, como definía el escritor Pío Baroja a los redactores que salían a la calle a buscar la noticia. Baroja fue amigo del periodista Manuel Chaves Nogales (1897-1944), quien le proporcionó espacio y dinero en el diario Ahora, que dirigió en la sombra bajo el cargo de subdirector. Chaves Nogales fue uno de los mejores periodistas españoles del siglo XX, a pesar de su voluntario olvido durante la dictadura del general Francisco Franco y a lo largo de buena parte del actual régimen democrático español.

Chaves Nogales viajó en avión cuando la aviación estaba en pañales; recorrió la Rusia soviética para conocer de primera mano los efectos de la revolución obrera; escribió la mejor biografía en lengua hispana; cubrió los eventos más importantes de los años 30 y 40 del siglo XX; fundó uno de los periódicos más leídos de la II República; se codeó con los principales políticos republicanos, de uno y otro signo; diseccionó la incipiente Alemania nazi en 1933 y presagió los horrores que después se infligieron a la ciudadanía alemana; vivió en directo, como exiliado, la caída de Francia en la II Guerra Mundial; y fundó una agencia de noticias en Londres, exiliado por segunda vez. Hacer una lista de las actividades de Chaves Nogales no es justo reflejo de la intensidad de su vida y de su intelecto, que conocemos gracias a la minuciosa labor investigadora de María Isabel Cintas en El oficio de contar (Fundación José Manuel Lara, 2011), pero sirve para comprender algunas de las claves vitales y profesionales de este periodista español.

Este relato también ayuda a entender las motivaciones de su olvido, que se fundamentan en un rasgo capital que define la vida de Chaves Nogales: su honestidad espiritual y moral. La dictadura franquista le condenó a la damnatio memoriae porque fue un firme defensor de la República. Sin embargo, la mediocridad de las dictaduras, en particular la mediocridad de las personas que las apoyan y sustentan, tiene como corolario la simplificación de las ideas. Chaves Nogales defendía los valores democráticos que encarnaba la República, los ideales y los principios que se elevaban por encima del juego partidista de los años treinta del siglo pasado: la libertad del individuo, el respeto por la persona, los derechos fundamentales de los ciudadanos, el libre ejercicio de la expresión intelectual, la igualdad, etcétera. Chaves se definió en muchas ocasiones, tras haber viajado por el mundo, como un “pequeño burgués liberal”, un profesional que se ganaba la vida ejerciendo el periodismo, observando y relatando, analizando y pensando. Es decir, Chaves Nogales fue una persona que ejercitaba la inteligencia y que era capaz de discernir lo bueno y lo malo de todos los bandos, incluso del suyo. Así que, con esta capacidad intelectiva, los primeros meritorios de la naciente dictadura le señalaron muy pronto: “ambicioso, vacío, extravagante, la hora de Chaves Nogales pasó. Ni fue, ni ha sido, ni volverá a ser nada”, dijo de él Francisco Casares en su panfleto Azaña y ellos, editado en 1938 para señalar a los personajes que se relacionaron con el primer ministro y presidente de la II República. Los textos de Chaves y la Historia se han ocupado de responder al exabrupto de Casares, quien hoy ocupa el justo y merecido lugar del anonimato en la Literatura española, a pesar de haber sido secretario general de la Asociación de la Prensa durante 34 años y seis meses.

La democracia institucionalizada por la Constitución de 1978 tampoco reconoció a Chaves Nogales, como a muchos otros. No es de extrañar si se tiene en cuenta que el nuevo régimen democrático fue parido por los últimos prebostes del franquismo, eso sí, con ideales democráticos a pesar de desempeñar sus cargos en la dictadura. Tampoco la izquierda ideológica ha hecho nada por reconocer al genial periodista. Chaves Nogales repartió estopa a unos y a otros, a los fascismos, al comunismo, al socialismo… Así que, en una España ideologizada y sectaria, no es de extrañar que una persona que apreciaba los matices no tuviese cabida en los relatos oficiales, siempre simplistas sean del color que sean y provengan de donde provengan.


La vuelta a Europa en avión

La agonía de Francia

A sangre y fuego

Juan Belmonte, matador de toros

Los secretos de la defensa de Madrid

El maestro Juan Martínez


Primeros años de Chaves Nogales en Sevilla

Manuel Jacinto José Domingo Chaves Nogales nació el 7 de agosto 1897 en Sevilla, hijo de un periodista y de una concertista de piano. La profesión no sólo le vino a Chaves por parte de su padre, que le llevaba a la redacción del periódico El Liberal de Sevilla, sino que en su familia había algunos plumillas que también influyeron en él. En 1914 Chaves se matricula en la carrerea de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, aunque en enseñanza no oficial. No debió de gustarle la enseñanza y tras su paso intermitente acabó dejándola. Bien es cierto que Chaves ya había empezado a colaborar con algunos periódicos para conseguir un sueldo y llevar dinero a casa, puesto que su padre había muerto muy joven. Además, hay que tener en cuenta que en los principios del siglo XX el periodismo se aprendía en las redacciones, porque no había una enseñanza para este oficio.

Uno de los aspectos más relevantes, y que influiría en el incipiente periodista, fue que el momento en que Chaves se hace periodista coincide con el cambio en la filosofía de los periódicos de la época. De un periodismo literario se pasaba a otro pegado a la actualidad y a la noticia. De un periodista de silla y despacho se transitaba al “periodista de pata”, que describió Pío Baroja, y que salía tras la noticia, que estaba en el lugar donde ocurría lo noticiable. En este grupo se incluyó Chaves Nogales. También se empezaba a hablar de la formación del periodista y de las condiciones laborales de los informadores.

Chaves y su familia se trasladan de residencia en Sevilla y en 1929 conoce a la mujer con la que se casará, Ana Pérez, una sombrerera que no fue bien recibida en el entorno de Chaves, porque tenía un nivel intelectual inferior al del periodista. Nivel intelectual inferior no es lo mismo que poca inteligencia. Pilar Chaves, la hija de ambos, comenta a María Isabel Cintas, la biógrafa del periodista, que su madre era “muy viva y muy observadora, con una gran inteligencia natural”. El papel social y familiar de la mujer en el primer tercio del siglo XX era el de compañera del marido y madre, siempre a la sombra. Como pasa con muchas mujeres de figuras masculinas relevantes, la información sobre Ana Pérez es escasa. Murió el 20 de mayo de 1992 en Madrid.

De Sevilla pasamos a Córdoba, donde Chaves Nogales dirigió el diario La Voz y tuvo, junto con Ana Pérez, a su primera hija: Pilar, todavía hoy memoria viva del genial periodista. Pero 1924 es el año del cambio. Chaves era consciente de que para desarrollar su carrera periodística no podía continuar en diarios de provincias y decide mudarse a Madrid con su familia. Entonces, la villa no era la ciudad que es hoy. Casi se puede decir que el Madrid de los años veinte del siglo pasado era un pueblo grande, que empezaba a dibujarse como ciudad, pero que se quedaba a medio camino. La familia fue cambiando de residencia y desde 1924 ya se pueden detectar las primeras colaboraciones de Chaves en diarios de la capital: Heraldo de Madrid, Estampa (desde 1928) y en Ahora (desde 1930), los dos últimos propiedad del empresario Luis Montiel.

Chaves Nogales brilla en Madrid

A comienzos de 1926 ocurre un hecho que cambiará el devenir periodístico de Chaves Nogales: llega a Huelva el Plus Ultra, el avión con el que los aviadores Franco, Ruiz de Alda, Rada y Durán habían atravesado el Atlántico. El periodista se da cuenta de la importancia que tendrá este medio de transporte en el futuro y sus crónicas sobre la gesta aparecen durante varios días seguidos en el periódico. Así es como Chaves da inicio a su peculiar estilo descriptivo-informativo. El periodista no se quedaba sólo en la descripción de los hechos, sino que los relacionaba, analizaba y realizaba una crítica certera y a la vez constructiva. Así construyó su voz lúcida.

De estos años finales de la segunda década también es el ingreso de Chaves en la masonería (1927), en la logia Dantón de Madrid. Su padre, antes que él, también había pertenecido a la asociación masónica. Los círculos masones aglutinaban a las mejores cabezas de diferentes sectores intelectuales y artísticos y sus valores casaban muy bien con los que defendió Chaves Nogales durante toda su vida: libertad, igualdad y fraternidad. Chaves Nogales eligió como pseudónimo el de “Larra”, lo que daba idea de sus filias en el mundo periodístico. En 1944, ya muerto Chaves, el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo inhabilitaría de por vida al periodista por ser masón.

Ese mismo año entra en la dirección de Heraldo Manuel Fontdevila, procedente de Barcelona y que dio nuevos aires al periódico. Lo llevó a la modernidad, renovó la plantilla con periodistas jóvenes y la consigna fue perseguir en la calle la noticia. Convirtió a Heraldo en un periódico de amplias miras ­–dentro del secular analfabetismo español, que perduraba en esos años­­­­­­­­­. Y Chaves Nogales, como pez en el agua, ya que empezaba a percibir la necesaria reforma en los periódicos y el periodismo español. Fontdevila nombró a Chaves Nogales redactor jefe del diario.

La serie de reportajes sobre la aviadora Ruth Elder que Chaves empezó a publicar en el Heraldo en 1928 le llevó a conseguir el premio Mariano de Cavia el 10 de mayo de 1928, tras el fallo del jurado compuesto por los directores de El Liberal, Heraldo de Madrid, El Sol e Informaciones. Como siempre, algunas voces relacionaron la concesión con la pertenencia de Chaves Nogales a la masonería.

La concesión del premio da más trabajo a Chaves Nogales e inicia su serie de entrevistas con personajes de la actualidad nacional e internacional, lo que, en palabras de Cintas, le permitió “extraer las lúcidas conclusiones y realizar los análisis que tanto pueden sorprender por su precisión y visión de futuro”. En 1928 Chaves Nogales inicia un periplo por Europa en avión, que quedaría reflejado en 26 crónicas que aparecieron en Heraldo. César González Ruano recuerda que Fontdevila dio a Chaves 500 pesetas y que el periodista, “rascándose la cabeza a través de aquellas ondas y remolinos de su pelo castaño”, protestó por la asignación tan baja. Fontdevila le interpeló diciendo que usase su carné del Heraldo para pedir dinero en las embajadas y consulados. Con 500 pesetas inició Chaves su viaje por toda Europa… y parte de Asia.

La estancia en Rusia es la más interesante por la posibilidad de contar los efectos de la revolución en el país. Pero, como era de esperar, en el viaje se produjeron accidentes de aviación (viajaba en un Junkers). El primero, tras una tormenta en los Pirineos, un aterrizaje forzoso en Beziers. Y, tras atravesar gran parte de Europa, el avión se perdió en el Cáucaso, en una aldea cercana al monte Elbrús. Tras 22 días desaparecido, llegó a la redacción una postal de Chaves: “después de caminar por estos campos utilizando todos los medios de comunicación prehistórica, he llegado a Mineralivodsk”. La aldea de Svorovska, frente al Elbrús, fue su lugar de residencia durante estos días. Los artículos también se publicaron en el diario argentino La Nación y en 1929 se editó su famoso libro, en el que añadió párrafos censurados y capítulos no publicados en prensa.

Chaves fue depurando su estilo. No mandaba meras crónicas costumbristas, narrando acontecimientos o exponiendo hechos, sino que analizaba la realidad. Para ello se entrevistaba con los protagonistas de la historia, se documentaba, acopiaba datos e investigaba sobre el terreno. Periodismo puro.

La consagración con Ahora

Tras un breve paso como corresponsal para Heraldo en París, a finales de 1930, Chaves Nogales acepta el mayor de sus retos: la subdirección del diario Ahora. Un nuevo periódico, propiedad de Luis Montiel Balazat (editor también de Estampa, La Pantalla o el deportivo As, entre otros) y Juan de la Cierva, además de Luis Miquel como gerente y accionista. El nuevo diario apareció el 16 de diciembre y le permitió desarrollar el periodismo tal y como él lo entendía. Montiel fue a buscar a Chaves a Paris para reclutarle. Le ofreció un sueldo inmejorable comparado con lo que se cobraba en la profesión. Ahora, que nació como periódico liberal, se acabó convirtiendo en un medio de centro que aglutinó a las voces menos extremistas del panorama político y social. Antes, y aprovechando su estancia en París, Chaves publicó en la revista Estampa sus crónicas del viaje en avión por Europa, también la historia del maestro de flamenco Juan Martínez y su mujer Sole. Y, ya en los años 1934 y 1935, sus crónicas sobre el torero Juan Belmonte, que recopiladas en forma de libro darían lugar a una de las mejores biografías escritas en lengua castellana. De esta manera, Estampa fue testigo y beneficiaria de los mejores años de periodismo de Chaves Nogales.

Pero estamos en el diario Ahora, con Chaves Nogales como subdirector. El periodista imprimió al periódico un estilo muy pegado a la actualidad y noticioso. Ello hizo que la cabecera vendiese 300.000 copias diarias e inauguró el moderno periodismo de masas. Como recuerda Pilar, la hija de Chaves Nogales, Ahora consiguió que lo leyesen las clases populares antes de entrar en el trabajo. Hasta entonces, la prensa era consumida por las clases altas. Sin duda, el formato informativo del periódico ayudó en su éxito, pero hay que recordar que entre la segunda y la tercera década del siglo veinte se inició la alfabetización de buena parte de la población española, sobre todo en las zonas urbanas.

Chaves Nogales siguió dando a Ahora lo mejor de su creatividad. Entrevistas con los principales personajes políticos españoles, como Manuel Azaña, reportajes sobre la Alemania nazi (que le valieron la persecución de la Gestapo durante la II Guerra Mundial), artículos sobre la actuación de España en Ifni o reportajes sobre la revolución de octubre de 1934 en Asturias, que cubrió personalmente sobre el terreno.

El estallido de la guerra civil pilla a Chaves Nogales en Londres. Vuelve precipitadamente, pero se encuentra Ahora incautado. Será su director, sufriendo los rigores de la guerra, de los que dará cuenta en una nueva serie de reportajes, hasta noviembre de 1936. En esa fecha huye con su familia a Barcelona y de allí pasan a París.

El exilio tras la guerra civil

En París vivó la familia Chaves Nogales, un poco a salto de mata. El periodista hizo buenos contactos en las embajadas latinoamericanas en París y allí conoció a Emery Revesz, doctor en economía política y presidente de la agencia Cooperation Publishing Company. Revesz, con influencia en las esferas políticas, dio trabajo a Chaves Nogales en la agencia, que distribuía sus contenidos a los principales periódicos de Iberoamérica.

En esta época se empiezan a publicar sus grandes libros: la biografía de Juan Belmonte, que proporcionó cuantiosas ganancias a Chaves, o A sangre y fuego, el conjunto de relatos sobre la guerra civil, con su famoso, y actual, prólogo. Por segunda vez, Chaves tiene que exiliarse. Alemania invade Polonia en 1939, se inicia la II Guerra Mundial y en 1940 las tropas de Hitler penetran en Francia, llegando hasta París. La Gestapo perseguía al periodista por sus reportajes críticos sobre el régimen nazi en 1933. Chaves acaba en Londres y se separa de su familia, que vuelve a España y se refugia, tras muchas vicisitudes, en un pueblo de la provincia de Sevilla.

En Londres, Chaves Nogales seguirá colaborando con medios franceses e hispanoamericanos. Pero también dirigirá la agencia Atlantic Pacific Press (APPA), propiedad de Deric E. W. Pearson. Y, tras desavenencias con el propietario, Chaves abrirá su propia agencia. Tanto en una como en otra, el periodista dio trabajo a exiliados españoles y logró publicar en los más relevantes medios de Latinoamérica. Fiel a su estilo, el despacho de Chaves era un continuo hervidero de embajadores, políticos y personajes de poder con los que hacía relaciones públicas y le permitían mantener el negocio. Insobornable en sus informaciones, impasible con los extremismos, el periodista murió de una peritonitis el 8 de mayo de 1944, con sólo 47 años de edad y sin haber conocido a su última hija, Juncal, que nació en la España franquista.

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