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¿Por qué se rebelan?, de Sami Naïr

El politólogo Sami Naïr analiza las consecuencias de las revoluciones democráticas en los países árabes del Norte de África, la relación de la religión, el islamismo y las luchas de poder entre los diversos países de la región.

¿Por qué se rebelan?, de Sami Naïr

¿Por qué se rebelan?, de Sami Naïr

MADRID.- En el día a día es difícil ser consciente de las consecuencias que tienen los hechos que ocurren de forma inmediata. La vida cotidiana, el trabajo y otras preocupaciones no nos dejan ver más allá, aunque seamos testigos de la Historia, propiamente dicha. Es lo que está sucediendo con las revoluciones que se vienen produciendo en diversos países del mundo árabe mediterráneo, como Egipto, Libia o Túnez, entre otros. Sami Naïr, reputado catedrático de Ciencias Políticas, estudia en ¿Por qué se rebelan? Revoluciones y contrarrevoluciones en el mundo árabe, las causas, contexto y consecuencias de estos movimientos que están cambiando los países del entorno mediterráneo y que afectan de manera muy directa a Occidente.

La tesis de Naïr es que las diversas “primaveras árabes” no han llevado al poder a partidos democráticos por dos motivos fundamentales. En primer luhar, el hecho de que los Hermanos Musulmanes, con ideario islámico conservador, han estado muy organizados en la sombra, siempre cercanos a las necesidades de las clases más bajas. Por otro lado, en los regímenes autoritarios que dominaban estos países, los partidos democráticos no contaban con una organización estructurada y los movimientos sociales les cogieron por sorpresa. De ahí el éxito de las fuerzas con un ideario islamista conservador (por ejemplo, los Hermanos Musulmanes en Egipto) a la hora de celebrar elecciones. Comicios que, en cualquier caso, son poco representativos de la voluntad popular por la baja participación y la alta abstención. Una oración de Naïr puede resumir esto: “las organizaciones islamistas han ganado [las elecciones] porque son las que mejor se adaptan a la ideología espontánea del pueblo profundo”.

El autor analiza los actores del cambio que están viviendo los países árabes del Norte de África (fundamentalmente los jóvenes y las clases medias excluidas durante decenios después de las diversas independencias del poder colonial). También se analiza el uso de las redes sociales para propagar estos movimientos y el surgimiento de las fuerzas islamisas para aprovechar este descontento. Sami Naïr no cae en el error de considerar los diferentes movimientos sociales como iguales, sino que cada uno (a pesar de tener notas comunes) tiene sus peculiaridades, que analiza, en función de cada país. Por ejemplo, en Libia se ha dado una intromisión de las potencias europeas y de EEUU en el conflicto, a lo que se suma el hecho de que la sociedad libia es muy tribal.

Asimismo, Naïr explica que no todos los que votan a partidos islámicos de corte salafista pretenden que se instaure en sus respectivos países un Estado teocrático (al estilo de la República Islámica de Irán). Más bien, según el politólogo, lo que reclaman es que se trasladen a la clase política y los mandatarios los ideales morales y éticos basados en la dignidad que defienden estos partidos islámicos en sus discursos, a pesar de que una vez en el poder no duden en hacer diferencias entre la dignidad de los hombres y las mujeres, por ejemplo. El autor explica que el islamismo, como ocurrió con el fascismo en los años 30 del siglo pasado, representa un peligro para la democracia, porque propugna todo lo contrario a la misma. Sin embargo, su éxito radica en que ha sido el único movimiento que ha dado respuesta a las peticiones de mejora social para las sociedades de estos países, aunque para ello use argumentos religiosos y no racionales. Una prueba de que las sociedades no quieren estados teocráticos es el reciente golpe de Estado que se ha producido en Egipto, desalojando del poder al presidente Mohamed Mursi, del partido de los Hermanos Musulmanes, tras las diversas manifestaciones que se venían produciendo en la plaza Tahir de El Cairo por la deriva islamista que estaba adoptando su política.

Muy interesante es el capítulo que desgrana los cuatro grandes tipos de islamismos y su relación con la política. De hecho, Naïr dedica una parte de su libro ha explicar porqué estas sociedades, si pretenden avanzar, deben desligar la religión de la política, separándola de la actividad del Estado. Es decir, relegar la religión al ámbito privado de cada individuo y no permitir que la misma regule las actuaciones del conjunto de la sociedad. Por ejemplo, la mujer no ha tenido desde el inicio de las revoluciones un papel preponderante en las mismas, cuando supne una inmensa mayoría de estas poblaciones.

Igual de importante es la parte del libro dedicada a la geopolítica de la zona. En el mismo se explican las diferentes estrategias de cada uno de los países de la región árabe del Mediterráneo y su influencia en estas revoluciones. Desde Arabia Saudí y su financiación de los Hermanos Musulmanes para infundir su doctrina y hacerse con el poder en Egipto o Túnez, hasta el papel de supuestos medios de comunicación independientes como la televisión Al Jazeera, que no critica a las dinastías déspotas del Golfo Pérsico. El papel de Europa y EEUU también es desgranado y analizado, por su especial incidencia en la región.

Sin duda, el libro de Sami Naïr es muy necesario para comprender qué está sucediendo en los países del Norte de África. La obra sirve para aportar luz a estos procesos democráticos, que siguen vivos y aún no han madurado. Su importancia para Europa y el resto del mundo radica en la cercanía de los mismos a los territorios europeos, los lazos históricos y culturales que se comparten y el hecho de que sean destinos turísticos y económicos en potencia. También son grandes emisores de inmigrantes y con ellos de determinadas ideas que pueden afectar a las democracias occidentales. Por su lado, los emiratos del Golfo Pérsico son un importante actor económico que afectan a todo el mundo (véase el caso de Catar, cuyas inversiones a lo largo del Mundo son incontables, en diferentes sectores). Conocer esta realidad, y sus antecedentes, es fundamental para tomar las decisiones correctas en el futuro.

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