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Morir en primavera, de Ralf Rothmann

Silencio entre generaciones

‘Morir en primavera’ es una reflexión de Ralf Rothmann sobre cómo los padres y los amigos nos marcan de forma indeleble, en un sentido positivo o negativo.

Campo de batalla | Foto: Pixabay

La sociedad que nuestros padres nos dejan, las incomprensiones que se producen en toda relación paterno filial, la amistad y la culpabilidad son los grandes temas que Ralf Rothmann aborda en Morir en primavera (Libros del Asteroide, 2016). El escritor alemán usa el final de la Segunda Guerra Mundial como trasfondo para que sus personajes transiten, de forma traumática, desde la juventud despreocupada hasta la madurez impuesta por una guerra suicida llevada a cabo por psicópatas.

Walter Urban es un granjero, ordeñador profesional, que vive cerca de Schleswig, en el norte de Alemania. Está enamorado de Elisabeth y hasta ese momento, primavera de 1945, no ha sido llamado a filas en la desesperada defensa de Hitler ante el avance imparable de los rusos por el Este y británicos y estadounidenses por el Oeste. Pero en su demencial destrucción de un pueblo y de un país, Hitler recurre al reclutamiento forzoso de todos los hombres sanos de entre 16 y 65 años. Ha llegado el momento de Walter y de su amigo Fiete.

La sociedad audiovisual en la que vivimos nos ha mostrado la Segunda Guerra Mundial de todas las maneras posibles. Esto hace difícil escribir un libro con el acontecimiento histórico de trasfondo sin caer en los habituales lugares comunes. Pero Rothmann lo consigue con un lenguaje preciso, sin florituras innecesarias, con descripciones que ayudan a que la narración avance y, sobre todo, con mucha sobriedad. Además, el autor alemán, un referente en su generación, se centra en un momento histórico poco tratado: los últimos meses de la guerra en Alemania, cuando todo estaba perdido y se avecinaba la destrucción total del Reich.

Walter y Fiete, separados una vez que acaban la instrucción, irán pasando por diversas vicisitudes que sirven a Rothmann para mostrar, de forma nada artificial, el nihilismo que imperaba en los últimos meses de guerra, con situaciones tan estrambóticas como orgias entre oficiales de las SS, la policía paramilitar del Reich. Pero lo verdaderamente importante de la historia de Rothmann es la evolución del personaje de Walter. Su padre alcohólico le maltrataba y esto generó un abismo de silencio entre los dos que no impide que Walter busque la tumba de su progenitor, caído en el frente. Es la historia de los padres y los hijos, de la eterna mudez entre generaciones, de la poca preparación para gestionar las emociones, para educar y para ser el referente de otra persona. También es el relato de cómo las políticas destruyen a las personas. El padre de Walter y el propio protagonista son productos de la época histórica que viven: una sociedad entre dos guerras mundiales, machacada por los vencedores de la primera y sin oportunidades para su desarrollo personal y profesional.

Aun siendo consciente de los errores de su padre, Walter vivirá una serie de experiencias que le conducirán a la misma incomunicación con su hijo, que es quien investiga y cuenta la historia de su padre en el libro. La imposibilidad para Walter de salvar a su amigo Fiete de una ejecución irracional, la consciencia de que colaboraba en la destrucción de su propia vida y de la ruina de toda una generación por las ideas de unos psicópatas y el sentimiento de culpa son los elementos que configurarán al Walter adulto. Tras la guerra, tras la destrucción de uno mismo, toca pensar en el futuro. Elisabeth ayudará a Walter en esta travesía vital, que es la que da inicio al libro de Ralf Rothmann. Se trata de una obra sensible, dura y necesaria por los temas universales que plantea, que sirven para reflexionar en una sociedad cada vez más individualista.

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