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En Viena prácticamente todos los deportes tienen cabida. Desde una típica carrera por los parques de la ciudad, hasta el surf en la isla del Danubio. Todo es posible, sólo hay que saber lo que nos gusta y dónde buscarlo.
Comencemos por Himmelwiese, el “Prado del cielo”. Un trocito de los Bosques de Viena, donde se pueden encontrar los míticos árboles “que hablan”. El círculo vita de árboles está compuesto de una serie de árboles a los que las antiguas religiones paganas asignaban un valor similar al de los signos del zodiaco. El efecto de la luz hace que se activen los altavoces que van contando la historia de cada árbol.
Algo más intrépido, por ejemplo, la vela o incluso el surf también son posibles en la Isla del Danubio de Viena, gracias al que se cuela como un chorro por entre las colinas situadas a la entrada de la ciudad y que sopla con fuerza río abajo, exige un gran dominio de los deportes acuáticos.También se pueden utilizar también patines, canoas, pequeñas motoras eléctricas y, en el Nuevo Danubio, un arrastre de esquí acuático. Y para llegar desde el casco antiguo hasta el agua, no sólo se puede usar el barco o el metro, porque Viena es la ciudad de las bicicletas. De hecho cuenta con un amplio sistema de carriles de más de mil kilómetros. Un ejemplo son los circuitos guiados tras los pasos de famosos compositores y poetas en los bellos parques situados junto a la Avenida del Ring, ya sea el Stadtpark, el Volksgarten o el Burggarten.Otra posibilidad es alquilar una bicicleta y visitar la ciudad por cuenta propia.
Y como nota de color, la playa más larga que tiene una ciudad europea de interior. Sí, la playa, porque los vieneses tienen 42 km de playa en el Nuevo Danubio. En cuanto las temperaturas lo permiten, los vieneses asaltan las piscinas y los baños públicos. En cualquier caso, el deporte es prioritario para los vieneses y si sabemos sacarle el máximo partido, también para nosotros, los turistas.