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Alcalá de Henares es una sinfonía de piedra añeja que lanza destellos de letras a cada paso. Son las letras de su Universidad, pero también las de Cervantes o la letra pequeña de siglos de historia que concentran dos milenios de historia en sus yacimientos, palacios y plazas. En el recorrido turístico, aliñado con reminiscencias épicas, a cada paso nos asaltan nombres como el cardenal Cisneros, Cristóbal Colón o Manuel Azaña. Como reza uno de los eslóganes turísticos, Alcalá tiene firma de autor. Pero se trata de una sinfonía de piedra de autoría coral.
A sólo unos pasos unas de otras, hay tres plazas que suponen las tres estaciones del recorrido por la Alcalá histórica, Patrimonio de la Humanidad desde 1998, que cierran entre sí un triángulo que la hace única, con sus vértices universitario, literario e histórico. La plaza de San Diego remite a la institución que más ha paseado el nombre de Alcalá por el mundo, una Universidad con más de cinco siglos; la Plaza de Cervantes, consagrada a su más célebre vecino, el Príncipe de los Ingenios, Miguel de Cervantes; y la plaza de los Santos Niños, que brinda un repaso a dos milenios de historia.
AlcalÁ es Cervantes
Decir Alcalá es decir de forma casi inmediata Miguel de Cervantes. En la ciudad nació en 1547 el universal creador de Don Quijote, que da nombre a la más céntrica de sus plazas, el kilómetro cero para 200.000 vecinos que recuerdan al escritor con una escultura de estilizada figura bañada en bronce. Don Miguel nació muy cerca de donde se sitúa hoy inmortalizado, en una casona a la vuelta de una esquina en la calle Mayor (entonces judería), donde hoy su museo Casa Natal reproduce una vivienda solariega de época y muestra varios ‘quijotes’ de coleccionista en diversas lenguas. A las puertas de este museo, las esculturas de don Quijote y Sancho descansan en un banco de piedra al que no hay turista que, cámara en mano, se resista. Es la foto más solicitada en la excusión a Alcalá, que ha querido sacar partido a la carta de bautismo de Cervantes, aunque sólo viviese sus primeros tres años en Alcalá. La Casa Natal, uno de los museos más visitados de la Comunidad de Madrid, emula una vivienda del Siglo de Oro en pleno centro de Alcalá. El debate abierto sobre si fue allí exactamente donde nació o no el autor del Quijote sigue abierto –aunque los documentos apuntan, cada vez más, a que así fue–. No obstante, apenas queda allí un resquicio de lo que habría de ser la casa de una familia de baja nobleza, aunque da muestra de cómo eran cocinas, comedores o dormitorios.
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La ciudad se siente plenamente identificada con el autor y acaba de abrir otro museo consagrado a su figura en la Capilla del Oidor, que ocupa una de las esquinas de la plaza que lleva su nombre, antigua Plaza del Mercado. Este Centro de Interpretación de los Universos Cervantinos es un coqueto museo que incluye la pila en la que fue bautizado y algunas curiosidades de los fondos municipales sobre el escritor.
Por todo ello, poco importa que Cervantes situara a sus más célebres personajes en La Mancha y que diese rienda suelta a su imaginación en otras ciudades como Valladolid o Córdoba. Para los alcalaínos, la ciudad y su más ilustre vecino son de Alcalá. Hasta tal punto existe identificación que Cervantes presta su nombre a una plaza, una calle, un teatro, una asociación vecinal, un instituto, un hostal y una residencia de ancianos; pero también presta apellido a no pocos emplazamientos de letras como academias, librerías o imprentas; y a una infinita lista formada por cafeterías, cervecerías, restaurantes, peluquerías, ópticas, talleres de mecánica, tiendas de moda y complementos y hasta centros de promociones y construcciones.
Una prueba más que evidente es la celebración que hace Alcalá cada año de la Semana Cervantina, fiesta de interés regional que coincide con el día del bautismo del escritor en Alcalá, el 9 de octubre. Las calles de la ciudad ponen su piedra a disposición de mercaderes y artesanos o encantadores de serpientes, corren los licores y, cada vez más, las tapas tradicionales, mientras vuelven los asnos a las calles, la calzada se cubre de paja y la música de las dulzainas acompaña el recorrido por el Siglo de Oro, en un homenaje de época en el que, de hecho, acaba pasando a segundo plano la figura del homenajeado.
AlcalÁ es universidad
Si algo ha venido distinguiendo a la sociedad alcalaína ha sido la presencia de su Universidad desde hace cinco siglos. De hecho, si Alcalá es complutense lo es porque así se llamó su universidad antes de trasladarse a la capital española y obligarla a resurgir a orillas del Henares, ya en tiempos muy modernos. Se cerró por real decreto en 1836 y volvió a dar ambiente universitario a orillas del Henares a finales de los años setenta, paseando esta vez el actual nombre de la ciudad, como Universidad de Alcalá de Henares (UAH). En el recuerdo queda el honor de haber matriculado a tan ilustres nombres del Siglo de Oro español como Lope de Vega o Francisco de Quevedo, quien utilizó la ciudad como escenario de varios pasajes de ‘El Buscón’, y más tarde a otros como Jovellanos.
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La Universidad, fundada en 1499 por el cardenal Gonzalo Ximénez de Cisneros, también ofrece uno de los rincones más bellos de la ciudad, en la plaza de San Diego, donde se sitúa el rectorado de la UAH, conocido como la Cisneriana, y escenario, cada 23 de abril, de la entrega del Premio Cervantes. Su imponente fachada renacentista, obra del arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, expone motivos filosóficos y teológicos y se levanta majestuosa desde 1553, veinte años después de muerto su fundador. El edificio ofrece varios patios de obligada visita en su interior. El primer patio que encuentra el visitante es el herreriano de Santo Tomás de Villanueva (comenzó a construirse en 1618 y fue rematado en 1662), que forma un claustro de tres pisos repleto de arcos. Ya en pleno corazón del edificio y tras acceder por el anterior, se llega a otro espacio, el patio de los Filósofos, más moderno (siglo XIX) y ajardinado, que invita al recogimiento. El más posterior de los patios desde la entrada es el Trilingüe. El nombre proviene del colegio de San Jerónimo o Trilingüe, ya que en este lugar se instaló en el último tercio del siglo XVI las aulas para la enseñanza del latín, el griego, el hebreo y el arameo, idioma en el que se editó la Biblia Políglota Complutense, una de las joyas de los tiempos de Cisneros. Se trata tal vez del espacio interior de mayor interés artístico y desde el que se accede al Paraninfo de la Universidad.
AlcalÁ es universalidad
La ciudad complutense fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998. Fue un espaldarazo para la que posiblemente sea capital cultural de la Comunidad de Madrid, siempre respaldada por el fenómeno Cervantes –protagonista del Año Quijote en 2005, con motivo del IV aniversario de la primera edición del Quijote– y por los muchos edificios centenarios que pueblan su casco histórico. Las presencias medievales son comunes en una ciudad que mantiene parte de su muralla feudal, un palacio Arzobispal escenario de importantes capítulos de la Historia de España, que conformarían un libro demasiado extenso para resumir aquí.
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Como curiosidades y con el sencillo objetivo de dar algunas pinceladas, cabe decir que Alcalá fue, antes que nada, Complutum, una villa romana en el valle del Henares. Hay visitas al Conjunto Arqueológico que da muestra de ello, con una Casa Hippolytus del siglo III donde se observan restos de un colegio dedicado a la 3ducación de los jóvenes patricios romanos. También hay muestras de la ingeniería romana a través de restos de cañerías y desagües, así como otros centros de ocio y ejemplos del refinamiento de la vida romana en este rincón de su Hispania.
En el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares se celebró la entrevista entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón en el que el almirante convenció de los beneficios para la Corona de España si financiaba sus propósitos. El Palacio Arzobispal, rodeado de la muralla medieval, se levanta imponente con su sobria estructura, junto a la antigua carretera de Barcelona, la actual arteria Vía Complutense. Fue residencia de arzobispos de Toledo y de importantes nobles de la ciudad desde el siglo XIII hasta comienzos del XIX y hoy se encuentra allí la sede del Obispado de Alcalá. En 1939 sufrió un devastador incendio que acabó con algunas de sus joyas, como el artesonado mudéjar del Salón de Concilios o el Patio de Fonseca. En pie se mantienen torreones como el de Tenorio y un amplio espacio, la Huerta del Obispo, que tan pronto acoge conciertos de Ferias o actuaciones multitudinarias como la actuación de Bob Dylan en su última gira, como sirve anualmente de escenario, en las noches del Día de Todos los Santos, para la representación al aire libre del ‘Don Juan Tenorio’, que reúne a miles de vecinos y visitantes (en la última, 30.000 en sólo dos funciones).
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La historia de Alcalá menciona también con letras mayúsculas a los árabes y los judíos, que han dejado su huella en numerosos rincones. En el último siglo, cabe mencionar a un nombre, Manuel Azaña, escritor, pensador y presidente de la II República, del que la ciudad se siente orgullosa y mantiene su casa museo y una estatua en una rotonda. Se trata del segundo gran vecino, siempre detrás de Cervantes, aunque en este caso no cuenta con un respaldo tan consensuado por parte de todos, dadas las connotaciones ideológicas.
Cabe destacar, ya por último, que no tiene Alcalá una gastronomía especialmente propia, aunque sí muchos bares de tapas, gran ambiente los fines de semana y su ‘Zona’ de bares de copas, en pleno Centro. La Semana Santa, sin ser grandiosa como en Sevilla, Granada, Zamora o Cuenca, sí echa a las calles una más que digna Pasión, gracias a los crecientes esfuerzos de sus cofradías. Sus fiestas, en agosto, no tienen ningún hecho diferencial, como tampoco su Navidad o sus Carnavales.
En todo caso, cualquier momento sirve para una aproximación a una ciudad que mira al futuro abriéndose a un río Henares al que hasta hace poco daba la espalda, que centra sus esfuerzos en nuevas modalidades de turismo (el de congresos, el de los campos de golf) y que, sin embargo, siempre será un perfecto destino para un día de excursión. De plaza en plaza, cerrando un triángulo en el que no faltarán las aproximaciones a Cervantes, la Universidad y, por supuesto, su historia desde los romanos hasta hoy.
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