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Las que limpian los hoteles, de Ernest Cañada

Las ‘kellys’ toman la palabra

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Este libro de Ernest Cañada es un dedo acusador para un sector turístico autocomplaciente y que es incapaz de trasladar su riqueza a los empleados del mismo.

Limpieza de una habitación de hotel | Foto: Shutterstock

Limpieza de una habitación de hotel | Foto: Shutterstock

Ernest Cañada ha puesto voz a la parte más débil del negocio hotelero en Las que limpian los hoteles (Icaria editorial, 2015), un libro que se compone con entrevistas a las mujeres que trabajan en la limpieza de habitaciones de hotel. Todas y cada una de ellas son historias de miedo y relatan los mismos hechos: bajos salarios; disminución en el número de limpiadoras, lo que hace que tengan que asumir más habitaciones; presiones empresariales para evitar quejas sobre la precariedad del trabajo; división sindical; medicación para poder trabajar; y un largo etcétera de agravios.

Hay dos culpables de esta situación para las kellys, acrónimo de las “ke limpian”. Por un lado, la reforma laboral que impulsó el anterior gobierno de Mariano Rajoy (Partido Popular), que permitió a las empresas descolgarse de los convenios sectoriales y estatales, donde se fijan salarios mínimos. Además, esta modificación de la ley laboral facilitó aún más la externalización de los servicios en los hoteles, por lo que muchas limpiadoras que estaban contratadas por el establecimiento pasaron a estarlo por una empresa externa de servicios, que tenía su propio convenio en el que los salarios eran más bajos. En regiones españolas como Baleares se han puesto las bases para mejorar estas condiciones con la aprobación de un nuevo convenio colectivo.

El segundo culpable es el sector empresarial hotelero. No se puede generalizar y en el libro de Cañada no se dan nombres de compañías hoteleras concretas. Pero diversas informaciones han sacado a la luz cómo en las grandes empresas del sector es una constante la externalización del servicio de limpieza de habitaciones y la disminución de calidad en el mismo. Al calor de los grandes números, de los cientos de millones de noches reservadas cada año en los hoteles, los empresarios han hecho caja e incrementado su beneficio, pero a costa de reducir al límite los costes, entre ellos los salarios que pagan a las limpiadoras de hotel. En un reportaje de la revista Viajes de Primera, Antonio Ruda, coordinador de Hostelería del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), sostiene que “el 99% de toda la contratación [en el sector hotelero] es temporal” y, además, “el 75% es de jornada a tiempo parcial pero el 90% reconoce realizar más jornada de la contratada”. Los descansos en la jornada de trabajo tampoco se respetan. Y en cuestión del salario, las limpiadoras de hotel aseguran que cobran entre 1,5 y 2 euros por habitación, por lo que tienen que limpiar 400 habitaciones al mes para cobrar el miserable sueldo de 800 euros.

Este libro de Cañada también afea el funcionamiento de la Inspección de Trabajo, que como muchos organismos del sector público, ha mirado para otro lado a la hora de defender los derechos de estas trabajadoras. Y también se pone en cuestión el sistema de calidad turística español, que sigue certificando establecimientos a pesar de la merma en calidades que se ha producido en los últimos años.

Así que Ernest Cañada ha compuesto el libro de la vergüenza para el turismo español, que tiene casi en situación de esclavitud a personas que son clave en el negocio hotelero. Si un hotel fundamenta su negocio en las habitaciones que vende, las trabajadoras que limpian las mismas para que quien las ocupa se sienta cómodo son una parte esencial de ese negocio.

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