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500 años de la reforma protestante

Quién fue Martín Lutero y por qué protestaba contra la Iglesia Católica

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Las 95 tesis de Martín Lutero marcan el inicio del protestantismo, pero también de un periodo de guerras europeas.

Martín Lutero, por Cranach el Viejo

Martín Lutero, por Cranach el Viejo

Un monje taciturno pero resuelto se hizo una pregunta en Wittenberg: ¿cómo se llega a la misericordia de Dios? Y la mente de este fraile agustino, llamado Martín Lutero (1483-1546), dio la respuesta en varias reflexiones que se sostienen en dos pilares: “sólo con la fe” y “sólo mediante las Sagradas Escrituras”. De un plumazo, el 31 de octubre de 1517, las 95 tesis de Lutero acabaron con las prerrogativas materiales y espirituales de la Iglesia Católica. Y se inició la reforma protestante.

Biografía de Martín Lutero

Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483. Con 22 años se matriculó en la Facultad de Derecho de Erfurt. Un rayo que casi acaba con su vida le hizo dejar los estudios legales por el monasterio agustino de la misma localidad.

En su retiro monacal, Lutero se entregó al estudio de las Sagradas Escrituras y de la Iglesia primitiva. Como a todas las personas inteligentes, este trabajo le hizo darse cuenta de dos cuestiones. Primero, que la Iglesia católica había perdido las referencias sobre varias verdades que el cristianismo enseñaba en las Escrituras. Para Lutero, la más importante era que la salvación sólo se alcanzaba con la fe. Esto echaba por tierra el negocio que la Iglesia tenía montado con las indulgencias, es decir, papeles en los que el obispo de turno decía que el alma de una persona se había salvado a cambio de un precio.

Segundo, Lutero llegó a la conclusión de que la Ley Mosaica, la que había dejado escrita Moisés, no se había interpretado correctamente a la hora de descifrar el Nuevo Testamento. Estos mimbres ya eran suficiente para construir sus 95 tesis e iniciar el mayor cisma dentro de la Iglesia católica. La difusión de este escrito corrió casi a la velocidad de un tuit de hoy, ya que la imprenta acababa de inventarse por Johannes Gutenberg, lo que permitía una reproducción masiva y de calidad de casi cualquier panfleto.

Con posterioridad, Lutero se encargó de traducir la Biblia al alemán. Hay que pensar que en el siglo XVI la mayoría de la población (nobles incluidos) eran analfabetos. La Iglesia y los religiosos detentaban el monopolio de la cultura y todo lo que tenía que ver con lo eclesiástico se redactaba en latín. La traducción al alemán permitió acercar la Biblia a la lengua que hablaba el pueblo y desmitificar el texto sagrado.

Durante el último viaje que realizó a Mansfeld, Lutero atisbó la muerte, que le llegó finalmente el 18 de febrero de 1546 en Eisleben, ciudad en la que nació. Fue enterrado en la iglesia del Palacio de Wittenberg, donde sus tesis dieron comienzo a la reforma protestante.

Por qué protestaba Lutero

En el siglo XVI no era raro ver a monjes, autorizados por la Iglesia, vendiendo indulgencias. Se trataba de documentos que garantizaban la salvación del alma a cambio de dinero que servía para financiar el clero y los desmanes de quienes lo gestionaban, del Papa hacia abajo (Breve historia de Alemania, de Hagen Schulze).

En sus 95 tesis, Lutero defendió la vuelta a la esencia del cristianismo. Tras el detallado estudio de las Escrituras, Lutero llega a la conclusión de que sólo se alcanza la misericordia de Dios por dos caminos: la fe y las Sagradas Escrituras. Estas afirmaciones, base de la doctrina protestante, impactaron de lleno en el corazón de la Iglesia católica del momento, ya que suponía negar la necesidad de las indulgencias para conseguir la salvación, lo que implicaba dejar sin financiación a la Iglesia católica, y terminaba con el monopolio de la iglesia y los sacerdotes católicos como intermediarios entre el pueblo y Dios.

De esta acción de protesta frente al comportamiento y la maneras de la Iglesia católica nació el calificativo de protestantes para los seguidores de la doctrina luterana (también se les conoció como luteranos, reformistas y evangélicos). El término era contrapuesto al de “católico”, que significa universal.

Los políticos de su tiempo, los príncipes de los estados que conformaban el Sacro Imperio Romano Germánico, anduvieron rápidos para aprovechar la rebelión espiritual que se iniciaba con las tesis de Lutero. Desde hacía varios años, los gobernantes de los principados tenían la intención de atar en corto a la Iglesia católica y al Papa, eliminando algunas de las prerrogativas de las que hacía uso. Y estos mismos príncipes que aceptaron el luteranismo lo hicieron a costa de contrariar al emperador, que era católico. No les vino mal, porque a la vez que ponían coto a la Iglesia también lo hacían con la intromisión del emperador en los asuntos estatales.

Así, la Iglesia quedaba, en pleno siglo XVI y en algunos estados alemanes, supeditada al poder civil, como avance de la tendencia que se produciría siglos después en los países católicos. Aunque la Historia nos ha traído a nuestros días en una convivencia confesional más o menos feliz, en el siglo XVI la Reforma dio origen a la Contrarreforma y a las guerras político-religiosas que asolaron Europa durante más de 30 años.

Las tesis de la reforma protestante de Lutero

Volvemos al principio: la doctrina luterana se fundamenta en los orígenes del cristianismo y en la eliminación de los intermediarios para llegar a Dios. Así, las pautas de la tradición católica que no concuerdan con las Escrituras no son aceptables para los protestantes. Partiendo de esta raíz, los luteranos niegan los atributos sobrenaturales de María, reduciéndola a lo que de ella se cuenta en los Evangelios (Breve historia de las religiones, de F. Díez de Velasco). Lo mismo ocurre con los santos, figuras intercesoras en el catolicismo, pero que no tienen relevancia ninguna en las Escrituras ni en la religión protestante. Otro tanto con las imágenes, ya sean de Dios o de Jesús, que se redujeron al máximo. En contrapartida, la Contrarreforma provoca un éxtasis pictórico y escultórico para representar a santos, Dios o Jesucristo que dará lo mejor de estas artes en el Renacimiento, por ejemplo los cuadros de El Greco.

En lo que a la política de la Iglesia se refiere, el papel del Papa también se pone en duda por los luteranos, ya que de las Escrituras no se trasluce claramente la importancia y la necesidad de un gobernante en la Iglesia. Esto suponía despojar de poder a la curia en aquellos territorios en los que tenía una mayor implantación, reduciendo su influencia.

Un aspecto que incide en cómo son las sociedades protestantes es el de que los sacerdotes no son necesarios para hablar con Dios. Así es como el individuo toma importancia en la corriente luterana, porque su relación con Dios es directa y el arrepentimiento no requiere de una absolución tras la confesión por el sacerdote. Este hecho también desmitifica a los curas, les convierte en personas normales, que pueden casarse, por ejemplo, y cuyo liderazgo no nace por el cargo y el ejercicio reservado de los sacramentos, sino por su relación con los feligreses de la iglesia.

Esta libertad interpretativa e individual ha ocasionado que surjan diferentes ramas dentro del protestantismo, cada una con peculiaridades concretas que se salen de la pauta general, como por ejemplo los adventistas. Luces y sombras de una escisión religiosa que influyó en la política europea, en las artes y en el Derecho de los siglos venideros.

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