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Nuevos puestos de trabajo en el “turismo colaborativo”

Ya no sirve la especialización: ahora hay que ser un trabajador multitarea

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El trabajo en el sector del turismo está cambiando, como en otros sectores. Las plataformas de economía colaborativa abren nuevas oportunidades profesionales, pero los trabajadores, que se convierten en autónomos, deben contar con capacidades para las que muchos no están preparados.

Página web de Trip4real

Página web de Trip4real

¿Está preparado el trabajador español para la nueva economía o economía colaborativa? ¿El modelo económico que ya está aquí es una senda para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, tanto en tiempo como en salario? Son preguntas constantes en un entorno cambiante tras la crisis económica, financiera y de valores que ha hecho que el mundo no sea el mismo que en 2007. Y el turismo no se libra de estas cuestiones.

Un estudio realizado por dos profesores universitarios en la revista Investigaciones Turísticas pone de relieve que el trabajador que use la economía colaborativa “debe ser capaz de afrontar diversas situaciones y desempeñar tareas variadas (por ejemplo, comunicación de sus servicios, trato al cliente, adaptación a variaciones en las características del servicio que se demanda, estudio de los servicios de otros proveedores, comprensión de las demandas de los clientes, diseño gráfico, resolución de problemas) a un alto nivel” si no quiere recibir una calificación negativa del cliente, que será publica y perjudicará sus opciones de negocio con otros futuros clientes.

Esta última no es una cuestión sin importancia, ya que un estudio de la consultora PwC prevé que las industrias de la economía colaborativa pueden generar 335.000 millones de dólares en 2025 en todo el mundo. Parte de esos ingresos acabarán en las cuentas corrientes de los trabajadores que opten por esta modalidad y una mala recomendación u opinión de diferentes clientes puede llevarles a la invisibilidad, y a la falta de ingresos, en un mercado con mucha oferta y menor demanda.

Nuevos puestos, nuevas habilidades

Santiago Melián y Jacques Bulchand, ambos profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, han estudiado los trabajos que se crean al calor de las empresas de la “nueva economía”, como Airbnb, Uber o Trip4real, entre otras. Está claro que la mayor parte del empleo actual se crea por compañías tradicionales, es decir, corporaciones de pequeño a gran tamaño con unas estructuras fijas. Sin embargo, los portales mencionados han facilitado que los particulares se conviertan en sus propios jefes poniendo a disposición de otros clientes sus alojamientos, coches o habilidades.

Los docentes explican “que el individuo que desee encontrar sustento en esta nueva economía no puede limitarse a tener unas competencias muy buenas en un ámbito determinado, o a tener un alto nivel de especialización en cuanto a conocimientos”, facetas valoradas en las empresas tradicionales. Ahora debe ser un autónomo-trabajador multitarea y que maneje diferentes ámbitos.

¿Cómo afecta esto a los ingresos de los trabajadores? Que este tipo de plataformas puedan llegar a suponer un sustento estable es algo que está por demostrar. Los profesores llaman la atención sobre un elemento que incide en la periodicidad de los ingresos: la oferta de servicios en plataformas como AirBnb supera a la demanda, lo que hace difícil la fidelización del cliente y que repita en su gasto. Por otro lado, los docentes también indican que, de momento, la mayoría de personas que ofrecen sus bienes o servicios por esta plataforma lo hacen como una forma de obtener ingresos adicionales, pero que cuentan con otra fuente salarial.

Cambio normativo y educativo

Por otro lado, la capacidad para interrelacionarse con el cliente es otra de las cualidades de los trabajadores de la “nueva economía”. Los autores del estudio llaman la atención sobre la dinámica de estos portales, en los que no existen intermediarios y se pone en contacto al cliente con el trabajador-autónomo, que debe saber cómo tratarlo y responder a sus expectativas.

En definitiva, los autores acaban su estudio llamando la atención sobre dos realidades muy importantes. La primera es la adecuación de la normativa sobre trabajo autónomo a esta modalidad de empleados. La actual legislación, que en España es del año 1973 y que no ha sido tocada por ningún gobierno constitucional, es tan rígida que no contempla estas nuevas modalidades de trabajo. Por otro lado, las instituciones educativas, universidades y centros de formación, deben adecuar su oferta a esta nueva realidad, educando en nuevas competencias a los profesionales del sector turístico que hasta ahora no se daban. Con un sistema educativo cuyas leyes cambian a la misma velocidad que los gobiernos, esta última parte parece muy difícil en España.

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