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La historia de San Isidro Labrador

El santo que ayudó en la batalla de las Navas de Tolosa

El 15 de mayo se celebra en Madrid el día de San Isidro. Pero ¿cuál es la historia de este santo y por qué es tan importante para la capital de España?

El perfil de Madrid visto desde el parque de San Isidro, donde se celebra la festividad | Foto: David Fernández

El perfil de Madrid visto desde el parque de San Isidro, donde se celebra la festividad | Foto: David Fernández

En la historia de San Isidro hay mucho de leyenda y una parte de realidad. El día 15 de mayo se celebra la festividad de este santo, que es el patrón de Madrid, y en el parque que lleva su nombre se instalan diversas carpas y atracciones para conmemorarlo. Es una buena idea acceder al mismo a través de Madrid Río, por ejemplo, la rivera del Manzanares, que también nos permite acudir al parque de las Vistillas, donde se realizan conciertos, y al centro de Madrid, donde continúan las celebraciones.

Isidro fue un labrador que nació entre 1080 y 1082 en Mayrit, el nombre árabe que recibía la villa en que se acabaría convirtiendo Madrid una vez que fue reconquistada por el rey leonés Alfonso VI. La fecha de su nacimiento no es un dato histórico, sino que proviene del manuscrito de Juan Gil de Zamora, diácono de Madrid, escrito en el siglo XIII, es decir, más de 200 años después de acaecidos los hechos. Los biógrafos del santo lo usan como base para contar su vida, pero es un texto que se apoya mucho en la tradición.

Según ese texto, Isidro era hijo de padres mozárabes (cristianos que vivían en territorio de Al-Andalus) y su primera ocupación fue la de pocero. Sin embargo, el santo es más conocido como San Isidro Labrador, por su último trabajo, dedicado al cultivo de las tierras. Cuando los almorávides asedian Mayrit, Isidro huye hacia Torrelaguna, una población al noreste de Madrid, cerca de Patones. Allí conoce a María Toribia, con la que se casa y marchan a la aldea de Caraquiz (hoy en la provincia de Guadalajara). Aquí Isidro se dedica a labrar, mientras que María (que se convertiría en Santa María de la Cabeza) cuida la ermita de Nuestra Señora de la Piedad. Sin embargo, en 1119 el señor Iván de Vargas llama a Isidro a Madrid para que cultive sus propiedades. Iván de Vargas era por esa fecha el propietario del mayor número de tierras cerca de la villa y sus descendientes seguirían controlando durante siglos las mismas. Isidro se encargará de los campos que Vargas posee en lo que hoy es el distrito de Carabanchel.

Milagros de San Isidro

A partir de este momento se suceden los milagros que la tradición asocia al santo. El más importante, y más representado en la pintura, es el que se produce en el campo que Isidro debe cultivar. Iván de Vargas había sido avisado por las malas lenguas de que Isidro no ejercía su trabajo, así que el señor acude a sus posesiones para vigilar al futuro santo y lo que se encuentra le deja mudo. Isidro está orando entre los surcos de la tierra arada, como buen piadoso, mientras a su lado dos yuntas de bueyes blancos desbrozan la tierra, sin intervención humana, para aprovechar el tiempo que Isidro dedicaba a rezar.

Hay otros milagros, como el del pozo, por el que hizo surgir agua de la tierra un día de verano que Iván de Vargas tenía sed. De este manantial bebió Felipe II con posterioridad y dicen que sanó al rey del Imperio español. La tradición también explica que este manantial es el que se corresponde con la fuente que existe junto a la ermita del santo, muy cerca del parque que tiene su nombre. Otros hechos sobrenaturales son la resucitación de la hija de Iván de Vargas, la abundancia de alimentos o la recuperación del hijo de Isidro y María de un pozo al que había caído. Dicen que este milagro sucedió un 15 de mayo y que por eso se eligió este día para celebrar la festividad del santo.

¿Dónde está el cuerpo de San Isidro?

Isidro murió en 1172 en Madrid, pobre y a los noventa años, una edad muy común entre los santos, por ejemplo Santo Domingo de la Calzada, y sus restos se enterraron en el cementerio anejo a la Iglesia de San Andrés, una de las más antiguas de la ciudad y que hoy cuenta con el Museo de San Isidro en el barrio de la Latina. Aquí estuvieron sus restos hasta 1769 y después se trasladaron a la Colegiata de San Isidro, en la calle Toledo de Madrid, donde se conserva el cuerpo incorrupto.

La historia del traslado de los restos también merece ser contada. El cuerpo de San Isidro, que ya era santo por aclamación popular, aunque canónicamente no lo fue hasta 1622, se sepultó en el cementerio de San Andrés Apóstol, pero cuarenta años después, el santo se apareció a un conocido para pedirle que trasladasen el cuerpo a la Iglesia de San Andrés. Como este primer aviso no resultó, el santo se apareció a una mujer, que sí dio cuenta y en 1212 se llevó el cuerpo a la iglesia. En el siglo XVIII pasaría, incorrupto, a la Colegiata de San Isidro, donde se expone en contadas ocasiones.

Intervino en la batalla de las Navas de Tolosa

La importancia del santo es tal que, según cuenta la tradición, en 1212 también se apareció al rey castellano Alfonso VIII cuando se dirigía a luchar contra los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa. Y esta no es una lucha cualquiera, sino que se trata de uno de los enfrentamientos más importantes de los estados europeos del momento y crucial para la formación de lo que después sería España, que en el siglo XIII aún no existía.

Al parecer, Alfonso viajaba de Toledo a Sierra Morena para entrar en batalla contra los almohades, pero desconocía que los enemigos se habían situado en el Paso de la Losa para atacarle por sorpresa. En el camino, un pastor apareció ante el monarca, les mostró un atajo y les dio agua. Alfonso acortó su camino y pudo llegar con sus tropas frescas a la batalla. Los reinos ibéricos ganaron a los musulmanes en las Navas de Tolosa, lo que supuso el declive del poder de la media luna en la Península, que acabaría en 1492 con la toma del reino de Granada. Al volver de la batalla Alfonso se empeñó en parar en Madrid para ver el cuerpo de San Isidro y comprobó que era el mismo que el del pastor que se le había aparecido.

Como curiosidad, en la población francesa de Vannes también se dicen depositarios del cuerpo de San Isidro. Es un poco difícil que esto sea verdad, porque es casi imposible que el santo viajase a la Bretaña francesa. Lo que sí es cierto es que esta localidad tiene como patrón a San Vicente Ferrer, el fraile dominico que nació en Valencia pero murió en Vannes.

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